Siria, contrastes en un tiempo detenido
Recuperamos un viaje inolvidable por uno de los países más complejos del mundo. Hijo del mestizaje de ideas y religiones, de las rutas comerciales y los grandes avances culturales; a caballo entre la realidad y la leyenda, al regresar, muy poco antes de que comenzara la guerra, decíamos que nada podía sorprenderle… Quizá no tuvimos en cuenta la ambición de los poderosos, los intereses creados en un Oriente Medio siempre caliente, en un país ambicionado por su posición geográfica. Nos estremecemos por sus ciudadanos, entre los que están aquellos a quienes conocimos, con quienes compartimos tiempo, cafés y risas. Y también por su patrimonio cultural, perdido o casi. Este es nuestro pequeño homenaje, nuestra miguita de pan en el camino del tiempo para que, ocurra lo que ocurra, esa memoria no se pierda… #entretodos
Los Pueblos del mar, los judíos, los cristianos, los musulmanes, los mamelucos, todos han dejado huella en la República Árabe de Siria, una batidora cultural y religiosa a la que ya parece que nada puede sorprender. Pero Siria sigue reescribiendo su historia, llena de contrastes, paradojas, mitos y creencias….
El invierno en Oriente Próximo puede resultar estremecedor. Soleado, sí, pero también realmente frío. Y en lo alto de la Torre del Homenaje del Crac de los Caballeros, el viento puede convertirse en el verdadero enemigo a batir. Un viento cortante, gris, con cuerpo. Un viento que se lleva enganchados los pendones y los gritos de los caballeros Hospitalarios que ocuparon este bastión kurdo desde el que se puede llegar a divisar el Mediterráneo. O eso dicen las leyendas; son tantas, tan antiguas, tan variadas y tan interrelacionadas que es imposible tirar de un solo hilo para desenredar la madeja de la Historia sin que todos los ovillos caigan por su propio peso. Si uno pregunta por Santa Tecla, terminará hablando de San Juan el Bautista; si quiere saber más sobre los filisteos, acabará profundizando en la cultura sumeria y visitando Ugarit, donde encontraron el primer alfabeto del mundo. Un ciclo de preguntas y respuestas que puede eternizarse tanto como la vida de Damasco, la ciudad habitada de manera ininterrumpida más antigua del mundo.
Un té en el un museo
El casco viejo de la capital siria y sus zocos siguen llenos de pequeñas tiendas polvorientas pero brillantes. Todo parece mejor, más mágico, más antiguo, más interesante cuando uno piensa en las ruinas romanas que siguen en pie, en los adoquines en los que San Pablo encontró la luz, en los coquetos hoteles en los que se hospedaron viajeras decimonónicas como Gertrude Bell o Lady Hester Stanhope.
Hoy, igual que entonces, el influjo del incienso, la menta, la plata y las alfombras sigue siendo el mismo. Pocas cosas han cambiado en Damasco, ni siquiera en su Museo Nacional, una auténtica reliquia histórica que haría las delicias de Agatha Christie: salas desnudas, piezas de valor incalculable y el aroma del desierto suspendido en el aire pero nada de imágenes tridimensionales o paneles electrónicos: ni siquiera hay audioguías. Lo más moderno es el café del jardín en el que, entre capiteles y naranjos, unos cuantos hombres hilvanan las horas del día con vasos de té hirviendo y cigarrillos.
El desierto en femenino
Tampoco han cambiado mucho las cosas en Palmira, el bastión de la Reina Zenobia, dueña y señora de uno de los puntos caravaneros más importantes de su época (240- 270 d.C. aprox.). Rica, poderosa, dicen que bella, Palmira desafió abiertamente al Imperio romano y dejó tras de sí un aroma a leyenda y seducción todavía irresistible. Como irresistible también es el mito de Marga D`Andurain, otra dama intrépida, dispuesta a romper y rasgar los estereotipos de los años 20 y 30. Ella fue la que relanzó el nombre del Hotel Palmira al estrellato internacional.
Hoy, en medio del desierto, a pocos, muy pocos, metros del Templo de Zeus y del Tetrapilon, el Hotel Palmira sigue funcionando, con todos sus cuentos, todos sus años y todos sus atardeceres. Los beduinos Tatmor, en camello o motocicleta, el Valle de las Tumbas, el Senado, el Teatro, el Templo de Belshamin, dios de las tormentas, todo sigue igual, como si Marga D`Andurain o la mismísima reina Zenobia fueran a reaparecer en escena sin avisar. Aunque nada puede sorprender más que el paseo nocturno, en la soledad más absoluta, por el Cardo Máximo de Palmira, el más torcido de la Historia.
Enterramientos curiosos del mundo: las tumbas-torre de Palmira
Tierra de reinas, tierra de anacoretas
Pero no todo es lujo y esplendor en Siria. También hay lugares para el recogimiento, la reflexión y el ascetismo. Asceta fue Santa Tecla, la protomártir que terminó encontrando refugio de la persecución romana en las montañas de Maaloula, el último rincón del mundo donde todavía se habla siriaco, más antiguo incluso que el arameo. Asceta fue también Simeón el Estilita, que pasó más de 30 años en lo alto de una columna, alrededor de la cual se construyó el templo de Qal’at Sim’ân, cerca de Alepo: un lugar mágico, rodeado por un desierto de piedra, algunas aldeas de campesinos y el horizonte de la cercana Turquía.
Asceta, aunque en otro sentido, fue también Sala Hadin Al Zubi, Saladino para el mundo cristiano: estratega, militar, diplomático, su figura todavía hoy es venerada en Siria. Sus restos se conservan, con todos los honores, en un panteón muy cercano a la Mezquita de los Omeyas, en Damasco, y uno de sus castillos, Qal `at Salah El Din, es la única y mejor excusa posible para perderse por la geografía siria.
Las claves de los castillos
Y es que las fortalezas medievales sirias son un regalo del tiempo. Todas las claves de una época y los razonamientos de quienes la vivieron siguen en pie en el Crak, en Qal`at Salh El Din y también en la Ciudadela de Alepo, fortín incondicional del Islam tradicional, en claro contraste con la neutral, ecléctica y abierta Damasco. Las rampas de entrada en zigzag, las puertas de acceso en los laterales y nunca al frente, los fosos, los muros construidos sobre riscos inalcanzables… Los secretos arquitectónicos de estos lugares obligan a decir adiós al castillo infantil y transforman para siempre nuestra visión sobre las Cruzadas.
Fortalezas y zocos, cafés estrechos y en penumbra, mezquitas, iglesias… Siria es la llave y la paradoja del Mediterráneo, cordón umbilical que nos obliga a compartir con Oriente Próximo algo más que el perejil y el aceite de oliva.
CUADERNO DE BITÁCORA
* Cuándo: era muy recomendable visitar el país durante todo el año (teniendo en cuenta las temperaturas estivales) aunque la Navidad, teniendo en cuenta la gran cantidad de comunidades cristianas residentes en el país, era un periodo especialmente bonito.
* Básicos:
- La Mezquita de los Omeyas, en Damasco, en cuyo interior se venera a San Juan Bautista.
- Mausoleo de Saladino, junto a la Mezquita de los Omeyas.
- Capilla de San Ananías, donde San Pab lo recuperó la vista y donde se convirtió al Cristianismo.
- Ugarit: ciudad estado de una de las grandes culturas mediterráneas integradas dentro de los Pueblos del mar. Aquí se ha encontrado el alfabeto cuneiforme, considerado el primero del mundo en su género. Las tablillas se conservan en el Museo Nacional de Damasco.
Maaloula: Capilla de Santa Tecla y Capilla de Sergio y Bakus.
Palmira: merece la pena pasar una noche en el Hotel Zenobia, recorrer el Valle de las Tumbas y subir a lo alto del castillo otomano que domina todo el paisaje. De vuelta a Damasco, la parada inevitable es en el Bagdad Café. Curioso también el tránsito de camiones de transporte que tienen como destino la frontera con Irak.
* Combinaciones (cuando fue posible realizarlas): Beirut, Líbano. Desde Siria se puede cruzar la frontera y visitarla Suiza del Mediterráneo.
* En clave de libro: Viaje a la luz del Cham, Rosa Regás; Cautiva en Arabia, Cristina Morató; Hizbulah, el brazo armado de Dios, Javier Martín.





















