Baobabs de Madagascar

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No es casualidad que la Avenida de los baobabs esté en Madagascar porque seis de las ocho especies de baobabs del mundo son endémicos de esta isla de África.

También conocido como el árbol de botella, el baobab es famoso por las leyendas africanas y por su papel en El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.

Hace 250 millones de años (año arriba, año abajo) el supercontinente Pangea terminó dividiéndose en dos trozos. El que quedó al sur del planeta, Gondwana, se fue partiendo en otros cachitos. Uno de ellos formó la isla de Madagascar, que durante 80 millones de años flotó por su cuenta, aislada, con su carga natural a cuestas, ajena por completo al desarrollo del resto del planeta.

Ese aislamiento ha sido fundamental para que Madagascar haya desarrollado una fauna y una flora únicas en el mundo, con muchas especies endémicas, altamente protegidas a día de hoy por el riesgo que corren de extinguirse.

Entre la flora autóctona de Madagascar destaca el baobab, un árbol especialmente vinculado a África, rodeado siempre de leyendas y con muchas propiedades beneficiosas para la salud. Seis de las ocho especies de baobabs que hay en el mundo son de Madagascar.



Algunas leyendas africanas dicen que los baobabs pueden llegar a tener 4000 años de edad

En Madagascar el ecologismo no se entiende sin las comunidades locales; a ellas se destina la mitad del precio de las entradas en los parques; de ellas salen los guías y los responsables de conservación de muchos de ellos.

El baobab, una farmacia natural

Todo es aprovechable en los baobabs, hojas, corteza y, sobre todo, frutos, gracias a sus propiedades medicinales.

La pulpa del fruto del baobab es rica en fibra, vitamina C, vitaminas del grupo B, aminoácidos y minerales. De hecho, en África se utiliza habitualmente para preparar salsas y aliños, golosinas y bebidas, aunque los beneficios del baobab también tienen usos cosméticos para piel, cabello y uñas.De la pulpa de la semilla del baobab se obtiene un aceite tradicionalmente usado en quemaduras, descamaciones de la piel y hematomas.

Por todas estas propiedades, el baobab es popularmente conocido como ‘árbol farmacia’.

El apodo de ‘árbol de botella’ del baobab le viene por su apariencia, que las leyendas africanas explican diciendo que los dioses decidieron castigar la soberbia de los baobabs -los árboles más hermosos de la tierra en tiempos remotos- plantándolos del revés, con las raíces abrazando el cielo. Esta leyenda también ‘explicaría’ el hecho de que el baobab es un árbol de pocas flores, una características que se asocia a otra leyenda, según la cual quien arranque una flor de un baobab, morirá devorado por los leones.

Pese a todas las propiedades y efectos beneficiosos de los baobabs, en El Principito representan los malos pensamientos y los problemas.

Baobabs, gigantes longevos

Los baobabs pueden llegar a tener hasta 30 metros de altura. Su tronco puede alcanzas los 11 metros diámetros y no se consideran maduros hasta que han cumplido, ¡los 200 años! Se calcula que pueden vivir hasta 1.000 años, aunque algunas leyendas hablan de ejemplares que han alcanzado los 4.000.

Ver baobabs, rodearlos, tocarlos, es una de las grandes experiencias naturales, comparable, incluso, con la de escuchar el rugido de un león o perseguir, prismático sen ristre, la carrera desgarbada de un elefante.

La pulpa de las semillas del baobab es rica en fibra, vitaminas C, y B, aminoácidos y mineralesReniala, hogar de baobabs en Madagasar

Madagascar es la isla roja a golpe de deforestación. Se calcula que en 2003 sólo un 10% de su superficie conservaba la vegetación natural. Aunque el gobierno y varias asociaciones ecologistas llevan trabajando desde mediados del os años 80 para conservar los variados y delicados ecosistemas malgaches. Los baobabs también están protegidos.

En esas acciones de conservación destaca la labor del Parque Natural de Reniala, a 27 kilómetros de Toliara, la Ciudad Blanca, capital del Sur de Madagascar, dos de los lugares que más merece la pena visitar en un viaje a Madagascar. En sus 45 hectáreas de superficie se concentran un millar de especies, casi todas vegetales. Además de alores (hay más de 70 especies en la isla), árboles- pulpo y cactus, los baobabs son las auténticas estrellas, desplegando todas sus posibilidades en cuanto a altura, tamaño y formas.

Pasear al atardecer por Reniala es una auténtica borrachera de texturas, colores y formas. Y de olores, porque su proximidad al mar marca un delicado contraste entre el aroma de la sal y el de la corteza de los árboles, crepitantes tras horas de calor solar. La brisa del océano agita sus ramas como si fueran sonajeros gigantes y la arena anaranjada en la que clavan sus raíces milenarias se va deshaciendo paso a paso, hinchadas de agua las panzas de estos gigantes africanos.

Pero Reniala no tiene sólo un valor turístico. Porque la deforestación no se combate sólo evitando que avance si no tratando de repoblar las zonas más afectadas. Aquí tienen guarderías de baobabs en las que siembran distintas especies de baobabs que luego se reintroducen en los ecosistemas adecuados.

En la Reserva de Reniala de Madagascar tienen una guardería de baobabs con los que repoblar las zonas deforestadas

A la izqda. la guardería de baobabs de Reniala. A la derecha, el baobab más antiguo de la Reserva, un auténtico botijo milenario alrededor del cual se puede dar un buen paseo.

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