Cosas curiosas de Cádiz capital

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El atardecer de la playa de La Caleta es el más romántico de Cádiz capital.

En los alrededores de Cádiz está uno de los lugares más lluviosos de España.

Cádiz es una de las mejores ciudades para visitar en España porque, igual que la provincia, está llenas de sorpresas. De su conjunto de islas y sus templos sagrados; de sus atunes, del flamenco, los tabancos y el vino de Jerez habla este reportaje con recomendaciones sobre dónde dormir, comer, qué ver y con quién organizar un viaje a Cádiz.

Tabancos, la pasión de Cádiz en estado puro

Envuelta en su papel de agua, Cádiz espera, como el regalo que fue de y para Fernando Quiñones, a que alguien la abra y oree su risa flamenca y su cuerpo ondulado, de ola y callejón encalado, cada uno con su secreto, una cerveza de Maier o un anillo artesanal de Antonio Collantes. Cádiz es una ciudad y una provincia, compuestas por tres islas y tierra firme que miran a los ojos y sueltan su requiebro que es, a la vez, su mayor gloria y su mayor condena.

Las guitarras y las palmas suben y bajan, como los vasos de fino y oloroso, sobre las mesas y el mostrador de madera. Los asistentes olvidan el silencio que se les pide cuando el Válgame Dios de la Niña Pastori se agita en otra voz morena de ojos grandes. Los de la estadounidense hierática se humedecen un poco y a su hermana se le adivina una melancolía como de amor roto. Las cazuelitas de callos y embutido traquetean entre las venidas que llegan a El Pasaje por la calle de Santa María y las idas que salen por la de Mesones. Un tabanco –y éste es el más antiguo- es eso: sentimiento, pasión, tapas y vinos, sobre todo vinos, de Jerez, que para eso se inventaron estos espacios de arte y compadreo, en esta tierra, Jerez de la Frontera, donde ahora se alternan los de siempre, despachos de vino a granel y cita de peñas, mencionados, incluso, por Miguel de Cervantes, con otros más modernos, como Las Cuadras, donde Cheli borda los chicharrones, o Las Banderillas, a rebosar el viernes desde el mediodía.

Constitución, gas y tertulia

La tradición gaditana se desenrolla de manera más o menos evidente dependiendo de con quién se descubran la provincia y la ciudad, repartida hoy en dos islas, que antaño fueron tres, todas mágicas. De la intensidad callejera se puede pasar, casi sin previo aviso, a la pausa clara de las casas del centro histórico, conservadas muchas como las vivieron los bisabuelos de sus propietarios, que ya son también parte del patrimonio, con sus arañas de cristal y sus muebles de madera, asomadas las habitaciones al patio de luces, pequeño y discreto túnel del tiempo. En una de la calle San José estuvo la sede de la Cooperativa Gaditana de fábricas de gas y, por su proximidad al Oratorio de San Felipe Neri, cuna de la Constitución de 1812, cabe suponer que “aquí estuvo alojado algún diputado de ultramar”, explica Mercedes Laínez, empeñada en poner en valor el patrimonio gaditano y recuperar, entre otros asuntos, la tertulia, “que nace aquí”.

Especulación de altura y tripas de agua

Aquí también estuvo la primera universidad de Medicina de España. Ésta y otras cosas curiosas de Cádiz capital las desmenuza Javier Benítez en sus visitas guiadas por Cádiz, puño cerrado al final de un brazo de tierra, antigua isla de Erytheia que, junto a Kotinoussa –desaparecida como tal- y Antipolis –actual Isla de León- formaban el archipiélago de las Gadeiras, la tierra de Gadiro, de la estirpe de los Atlantes. Desde entonces, cananeos, romanos, caballeros medievales y buscavidas renacentistas se han turnado entre la piedra ostionera de los edificios más veteranos y las alturas de sus torres, utilizadas para controlar el flujo de mercancías y hacer oscilar sus precios, ralentizando o apresurando la llegada de los barcos. Mientras la Bella Escondida juega al despiste, la Torre Tavira, epicentro del poder judicial de España, se yergue orgullosa, pionera de la ciencia local gracias a su cámara oscura, la primera de España, que reta a la realidad virtual del siglo XXI con un juego de lentes inventado en el X.

Unos cuantos metros más abajo, el Atlántico cincela en Cádiz otro laberinto de sorpresas. Eugenio Belgrano rasca en la barriga de su ciudad para encontrar catacumbas, beaterios o pozos como el de la Jara, que la abasteció de agua hasta mediados del siglo XVII. Su documentación, como tanta otra, ha ido desapareciendo a golpe de piratas o ejércitos regulares; que Cádiz, tan parecida a Tiro que hizo que los fenicios se sintieran aquí como en casa, ha sido de siempre la niña de todos los ojos. De ahí los baluartes que salpican su, hoy, pacífico malecón, perfecto para un paseo vespertino o el running matutino contra un cielo colorado y salitroso. Sus cañones defensivos apuntalan ahora algunas esquinas pero sólo las mentes inquietas pueden diseccionarlos, o buscar el umami, la sabrosura nipona, entre los atunes de almadraba de Conil de la Frontera en un show cooking de alegres colores. O acercarse al turismo taurino de España de la mano de un recortador que quiere explicar las complejidades de una realidad todavía anclada en la autarquía de unas fincas que son también santuarios naturales y paisajísticos.

Amanecer en el Paseo Marítimo de Cádiz

Toros bravos en la finca La Jandilla en Jerez de la Frontera, Cádiz

Un tráiler milenario y toda la curiosidad

El ingenio gaditano ronronea como la lancha que enlaza las orillas de San Fernando –antigua Antipolis- y del islote de Sancti Petri, tráiler de esos 3.000 años de Historia, nunca más pese al correr del tiempo, y del llover sobre mojado de las civilizaciones. Aquí estuvo el santuario más importante del mundo clásico occidental, donde Baal se convirtió en Melkart, que se transformó en Hércules, que luego fue San Pedro, en función, explica Fran Toledo, de quién dominara tierras, aguas y cañadillas. Las leyendas hablan también de oro y juramentos; de Aníbal y de Julio César.

Didýme, Gades, Gadir, Cádiz, partío ya en tres trozos su corazón de tómbolo, parece una matrioska con tantas pasiones como palos, mezcla de sones de distintos continentes, y más vivencias que vinos de Jerez, que ya es decir. Al final, los fogones de Mauro Barreiro –donde probar algunas de las mejores recetas que comer en Cádiz  tendrán razón y todo será cuestión de curiosidad. La suya para seguir sumando. La nuestra para seguir enamorados.

Con quién saber más cosas curiosas de Cádiz capital:

Si quieres seguir descubriendo cosas curiosas de Cádiz capital, te recomiendo una serie de aplicaciones y agencias que hacen visitas especializadas y de gran calidad. Se trata de GuideoApp, aplicación gratuita y offline, que te permitirá acceder a muchas cosas que no sabías de Cádiz.

Si te apetece descubrir más cosas curiosas de Cádiz capital a través de visitas teatralizadas a algunos de sus principales lugares de interés, te recomiendo que conozcas la oferta de Animarte, empresa especializada en visitas temáticas a Cádiz capital, muchas de ellas ambientadas en los principales episodios históricos de la ciudad, aprovechando los escenarios originales. Además de conocer al dedillo todos los datos y curiosidades, la puesta en escena es estupenda.

No te olvides de que las curiosidades del Carnaval de Cádiz también forman parte de la idiosincrasia de la ciudad y del patrimonio de toda España.

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Y si estás interesado en qué ver en Cádiz y alrededores, nada mejor que consultar con destinocadiz.com, el primer portal, en tres idiomas, especializado en turismo en la provincia de Cádiz.

Esculturas de Cádiz y maqueta del teatro romano de Cádiz en el Museo de la ciudad

Maqueta del teatro romano de Cádiz en el Museo de la ciudad y escultura frente a la Catedral.

Azoteas de la ciudad de Cádiz, Andalucía, España

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