Comer insectos o entomofagia, habitual desde el mundo clásico

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Comer insectos era una práctica habitual entre los griegos y los romanos del mundo clásico. Hoy en día, la entomofagia se practica con normalidad en muchos países asiáticos y americanos.

Bajos en calorías, crujientes, sabrosos, ricos en proteínas y, en Europa, bastante de moda en los últimos años.



La entomofagia es la práctica de comer insectos. Sus partidarios dicen que tienen un elevado poder nutricional y que aportan muchas proteínas sin necesidad de poner en marcha, y costear, una industria ganadera realmente costosa, sobre todo en países donde no existe una cultura cárnica como la que conocemos en Europa, Estados Unidos o Canadá, entre otros lugares. En ese sentido, la FAO señala que un saltamontes contiene un 20% de proteínas frente al 27% de un filete de ternera, una respuesta nutricional más que interesante en lugares donde abundan más los insectos que las vacas o los cerdos. Además, a la hora de comer insectos hay que tener en cuenta que su recolección también se convierte en una importante fuente de ingresos y una práctica de sostenibilidad de cara a los cultivos en los entornos rurales.

Producir insectos, sostenible y barato 

La ONU recomienda comer insectos por su aporte proteínico, su bajo coste de producción y su reducido impacto medioambiental

Fotografías de Pixabay.

Un informe de 2013 de la ONU señala que comer insectos es una práctica recomendable para combatir el hambre y la desnutrición en el mundo y que su producción es más económica que la cárnica, no sólo por los animales si no por los campos de cultivo necesarios para el forraje con el que se alimentan. Las sequías recurrentes, consecuencia del cambio climático, son un escollo importante en ese proceso de producción alimentaria que además contribuye enormemente a la producción de gases de efecto invernadero.

Los insectos necesitan menos alimento y menos agua que cualquier mamífero que se críe con fines domésticos. Y en muchas ocasiones se encuentran en la Naturaleza. Además, aunque todavía hay que investigar más, inicialmente plantean menos problemas de transmisión de enfermedades al ser humano, aunque algunos expertos señalan que sí podrían provocar, en determinados casos, reacciones alérgicas similares a las que genera el marisco.

Comer insectos es una propuesta de la tendencia culinaria internacional que lleva siendo habitual desde hace cientos de años en países como Tailandia.

¿Qué insectos son comestibles?

Distintos organismos internacionales calculan que comer insectos forma parte de la dieta habitual de al menos 2.000 millones de personas en el mundo, sobre todo en África y en Asia, y que más de 1.900 especies de insectos son comestibles. De entre ellas, las más habituales son los escarabajos (31%), las orugas (18%), las y abejas y las hormigas (14%), seguidas de saltamontes, langostas y grillos (13%), cigarras,, chicharritas, cochinillas y chinches (10%), libélulas (3%) y moscas (2%).

Comer insectos en España

En el Norte de Tailandia, por ejemplo, la práctica de comer insectos es algo habitual. Desde allí se ha ido introduciendo en la cocina de ciudades como Bangkok por la llegada de numerosas familias del campo, por lo que es habitual encontrar aperitivos o acompañamientos elaborados a base de arroz con insectos o como aderezo en determinados platos principales. Aunque es difícil poder comer insectos en los restaurantes tailandeses de España, Margarita Rujirat Prasrestasut, tailandesa de nacimiento y propietaria del restaurante tailandés Thaidy, donde, de hecho, no aparecen en la carta, recomienda la fritura de grillos, escorpiones o salvamentos y, para los más atrevidos, ensaladas de gusanos de seda o gusanos de bambú, su preferida.

Entre los restaurantes mexicanos de Madrid se podían encontrar en La Taquería del Alamillo -que ya ha cambiado de manos-, porque comer insectos también es habitual en varios estados de México. Los chapulines en tortilla, con algo de chile chipotle, son, por su textura crujiente y su ligero sabor especiado, una experiencia gastronómica tan interesante como divertida, fundamental para superar los prejuicios culturales que son los que, en realidad, nos limitan a la hora de acercanos a la entomofagia.

Pero, ¿desde cuándo y cómo se regula comer insectos en España?  En noviembre de 2015 el Parlamento Europeo aprobó un reglamento sobre ‘Nuevos alimentos’ para facilitar la comercialización de alimentos nuevos e innovadores en la Unión Europeo garantizando a sus consumidores la seguridad necesaria. Por ‘nuevo alimento’ se entendió aquel que no se consumía en cantidades significativas en la UE antes de mayo de 1997, lo que incluía a los insectos, como ingredientes obtenidos a partir de animales, y a sus partes (alas, patas, cabezas). En ese marco, el Gobierno español aprobó el reglamento nacional, que entró en vigor en 2016.

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