Naturaleza de Venezuela: lugares extremos de Sudamérica

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La Naturaleza de Venezuela garantiza experiencias inolvidables para quienes busquen algunos de los lugares más extremos de Sudamérica.  

Los tepuyes, el Orinoco, la Laguna de Canaima o el archipiélago de Los Roques son lugares que hay que ver en unas vacaciones en Venezuela.

Fotografía de portada: Pixabay.




Bucear en el río Orinoco es una de las experiencias más inolvidables de cuantas se pueden vivir en la selva de VenezuelaBucear en el Orinoco es un ejercicio auditivo. No se ve nada. El agua es tan densa que parece barro y la corriente te arrastra lenta, suave, irremediablemente. Y confías en que los de la superficie, embarcados en curiaras, te estén vigilando de cerca. Porque sólo puedes pensar en la sinfonía de crujidos, chirridos y golpecitos que llena la oscuridad en la que te meces. Y recuerdas que estás en Venezuela y no te lo puedes creer.

Pero la realidad es que unas vacaciones en Venezuela dan para mucho. El país ofrece un sinfín de escenarios naturales más allá de Santiago León de Caracas, la capital. Fuera de ella hay vida, mucha vida. Y tan variada y extrema que parece mentira que pueda caber dentro de una misma frontera. De hecho, Caracas, cuya superficie es dos veces la de España, podría resumirse en un “aterriza-y-sal-corriendo de ciencia ficción”. Ni siquiera un vistazo rápido, desde la ventanilla, a sus calles, siempre en transformación, rodeadas de parques y zonas verdes, repletas de personas atareadas, o que hacen como que lo están, y de leyendas urbanas imposibles de confirmar.

Caracas es una de esas ciudades-escala que o no interesan lo suficiente al que llega o quien recibe prefiere esquivar como si se tratara de una sala de espera aséptica. Lo interesante viene después. “Espérate a ver la costa”, te dicen constantemente. “Ya verás cuando estés en la selva”. “¿No conoces Los Llanos?” Imposible rebatir ese secuestro amable que te aleja del centro, mucho más decidido e intransigente que en otros países.

La Naturaleza de Venezuela es curvilínea, de amplias caderas y generosos pechos, exagerada a cualquier hora, refrescante a la par que apabullante

Naturaleza neumática

Así que la ciudad de Diego de Losada se va perdiendo en el espejo retrovisor a la misma velocidad con la que el cristal delantero estalla en verdes, azules y blancos: colores brillantes sobre los que la luz tropical va golpeando hasta dar forma al lago más grande de Sudamérica, el Maracaibo; al salto de agua más alto del mundo, el Salto Ángel, o a la confluencia de dos gigantes acuáticos, el Orinoco y el Amazonas, que son en sí mismos un país al margen de las leyes y ansiedades de los Hombres.

La naturaleza venezolana es curvilínea, de amplias caderas y generosos pechos, exagerada a cualquier hora, refrescante a la par que apabullante, sobre todo para un europeo, educado en la dominación racional de las cumbres, las simas y la vegetación al que el regalo inesperado de una tarántula del tamaño de sus manos puede provocar un salto de sorpresa totalmente incomprensible para el indígena pemón que la ofrece con reverencia.

No hay dos bosques iguales

Porque ver a Sean Connery trotando por la selva en Los últimos días del Edén poco o nada tiene que ver con hacerlo uno mismo. Vida, vida, vida. Vida por todas partes. Todo se mueve, todo cruje, todo se esconde y reaparece en la selva de Venezuela, una de las selvas más vírgenes de Sudamérica. No hay cielo, cubierto por un techo vegetal que tiñe de rojo y negro las aguas de la Laguna de Canaima en su lentísimo y fructífero proceso de descomposición. Y el suelo es un vergel microscópico al que hay que prestar atención constante para no dar un traspié húmedo y untuoso. ¿Dónde estamos? Dependiendo del kilómetro cuadrado en el que se realice la pregunta, la respuesta varía de apellido: un bosque, sí, pero que puede ser nublado, submontano, siempreverde… La Naturaleza de Venezuela tiene un sinfín de matices.

Las tradiciones indígenas dicen que en lo alto del Auyán Tepui, la Montaña del Infierno, viven un dios y su corte de espíritus malignos.




La Naturaleza de Venezuela incluye un 77% de endemismos en el entorno de sus míticas montañas, los tepuyes

Aunque a veces, menos es más. Lo sabe bien la Naturaleza marina de de Venezuela. Allí, en la costa, en el Parque Nacional Archipiélago de Los Roques, el único atolón coralino del Caribe Sur, apenas llueve en todo el año. Pero incluye algunos de los ecosistemas más delicados del planeta: manglares de 3 tipos (rojo, negro y blanco) o praderas submarinas cuajadas de flores, hierbas como espaguetis y especies protegidas como el botuto, un caracol grandote y rosado, históricamente relacionado con la gastronomía, las ceremonias religiosas y las artes amatorias.

Las rocas más antiguas del planeta

Donde la cantidad tampoco importa es en lo alto de los tepuyes, esas formaciones rocosas que se crecen, más si cabe, al mirar por encima del hombro la sabana crujiente que las rodea, ensalzando sus leyendas, potenciando las dimensiones de sus paredes de arenisca y cuarcita. Mesetas de tope plano. Residencias de dioses y espíritus. Ecosistemas únicos con un 77% de endemismos vegetales. Y pistas de aterrizaje improvisadas para pilotos aventureros como Jimmy Ángel o abuelitos soñadores como Carl Fredricksen, protagonista de UP que, a fuerza de globo, rememoró la aventura pionera de aquel, cuyo nombre gravita sobre el salto de agua más alto del planeta: 980 metros de caída libre, dos veces la altura de la Torre Eiffel, por uno de los costados del Auyán- Tepui, la Montaña del Infierno, por eso uno de los tepuyes más famosos.

En picado o contrapicado, esta catarata es uno de esos gestos planetarios que ponen al ser humano, con su soberbia tecnológica y egocentrismo, en su sitio. Casi con la misma fuerza que los horizontes interminables de Los Llanos, donde las sequías y las inundaciones marcan el ritmo de los llaneros y sus rebaños, o que las serranías andinas, territorio de los antiguos Timotocuicas, donde los únicos glaciares del país colorean los picos de La Concha, El Toro, Bonpland o Humboldt, escoltas impertérritos del más alto de todos, el Pico Bolívar, (como no podía ser de otro modo en la república).

Cuaderno de Bitácora de la Naturaleza de Venezuela

El Orinoco es la gran arteria fluvial de la Naturaleza de Venezuela La Naturaleza más extrema de Venezuela incluye:

La caída de agua más alta del mundo

El lago más grande Sudamérica, el Maracaibo

El tercer río más largo del subcontinente, el Orinoco

El teleférico más largo y alto del mundo en el estado de Mérida

Las rocas más antiguas del planeta

43 Parques Nacionales y 21 Monumentos Naturales

El Parque Nacional de Canaima es, con sus 3 millones de hectáreas, uno de los más grandes del mundo.

Qué ver en Caracas:

Imposible hacer un viaje a Venezuela que no pase por Caracas, aunque sea un par de días.

Caracas fue fundada en 1.567 por Diego de Losada. Sus principales edificios históricos son: la Casa Amarilla; el Capitolio Nacional, donde se guarda el original del Acta de Independencia; la Basílica de Santa Teresa y la Catedral; el casco histórico de Petare.




El Salto Ángel se llama así por el aviador Jimmy Ángel, el primero que aterrizó en su superficieQué ver en Canaima: 

La Laguna de Canaima es en realidad un remanso del río Carrao en su carrera hacia el Caroní. El color negro-rojizo-amarillento de sus aguas (que a veces recuerda a la Coca-Cola) se debe a la extraordinaria concentración de ácidos fúlvico y húmico producidos por la descomposición vegetal. La espuma también tiene un peculiar color vainilla por la saponina, producida por el mismo proceso natural.

Además de la Laguna de Canaima, tienes que ver el Salto El Sapo, Isla La Orquídea y el Salto de Yuri. En Canaima también deberías dormir en un campamento junto al Orinoco.

El 77% de las 800 especies de plantas del Auyán- Tepui son endémicas.

Otros saltos muy bellos de la Naturaleza de Venezuela son el Churún- Meru y el Salto Cortina.

Qué ver en Mérida:

En Mérida está el teleférico más largo y alto del mundo. Asciende desde los 1.600 metros sobre el nivel del mar hasta los 4.765 del Pico Espejo. 12,5 km divididos en 4 tramos que atraviesan páramos, bosques nublados…

 

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