Nicaragua vuelve a vestirse de azul

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“Como decía un colega muy querido de allá, Daniel Ortega y Rosario Murillo seguramente van a caer por medio de un movimiento cívico y pacífico; eso ya es un cambio, un gran adelanto”, nos explica la periodista Alma Guillermoprieto, premio 2018 de Comunicación y Humanidades de la Fundación Princesa de Asturias.

Nicaragua alcanzó su independencia en 1.821, cuando las fichas del dominó colonial americana fueron cayendo a media que los problemas domésticos se multiplicaban en las metrópolis. Fue entonces cuando Juan VI de Portugal regresó a Lisboa –dejando en manos de su hijo Pedro la bomba brasileña; y cuando, al rebufo mexicano, Honduras, Guatemala y Nicaragua firmaron –el 15 de septiembre- sus respectivas Actas de Independencia.

Para la cuna del Nobel Darío fue el inicio de un periodo convulso sobre el que hoy se construye la volcánica realidad del mayor país de Centroamérica, de nuevo noticia por la resistencia de la sociedad civil a las últimas decisiones de su presidente, el ex guerrillero Ortega, que lleva 11 años en el poder. Y es que la sombra de Sandino es alargada. Pero no sólo por sus herederos políticos.

Alargada sombra de Sandino

Su estatua, de 16 metros de altura, se yergue sobre Managua como un faro sobre las aguas bravas, aquí transformadas en calles sin nombre, aún -a veces- a medio hacer, auténtico quebradero de cabeza para el de fuera, que ha de orientarse siguiendo las indicaciones de los vecinos, acostumbrados, tras años de terremotos –el de 1.972 dejó 5.000 víctimas e innumerables desplazados-, a orientarse sin tener que buscar placas que se caen cada vez que los volcanes de esta tierra, rica y mal repartida, se desperezan.

Otro cráter, el Momotombo, destruyó en 1.524 la ciudad de León, que fue reconstruida unos kilómetros hacia el Oeste. Las ruinas, con el tiempo, ha sido consideradas Patrimonio de la Humanidad.

León y Granada, como el perro y el gato

Aunque no todas las mechas nicas han sido encendidas por el fuego de la naturaleza. A la “Nueva” León le han pasado por encima hasta 17 batallas y un bombardeo. Pero su perfil colonial, de rejas y tonos pastel, de paso lento y trino fecundo, ha aguantado el tipo casi igual de bien que su eterna rival, Granada, más conservadora y rica, inventada al calor del comercio que los españoles tejieron con sus colonias americanas.

Aquí estuvo el primer remedo de Canal de Panamá y su control fue la (primera) razón por la que los británicos y, sobre todo, los estadounidenses metieron baza en el devenir del país –oficialmente independiente a partir de 1.838- aprovechando los enfrentamientos entre leoneses y granadinos; hasta qué punto llegaría el desacuerdo, que Managua fue convertida en capital sólo por encontrar un territorio franco que satisficiera a todos. Y en ese hacerle ojitos al proyecto, algo pintó también una de las regiones menos desarrolladas, que no desconocidas, de Nicaragua: la Costa de los Mosquitos, marcada por la herencia afrocaribeña de los garífunas y así llamada por la deformación del nombre de sus habitantes originarios, los “mosquitios”, aliados de los ingleses en el rifirrafe decimonónico. Su vertiente hondureña inspiró a Paul Theroux una de sus novelas más inquietantes, ‘La costa de los mosquitos’.

La isla de Ometepe es una visita habitual en el Lago Nicaragua, uno de los más grandes del mundo.

La isla de Ometepe es una visita habitual en el Lago Nicaragua, uno de los más grandes del mundo.

León es una de las ciudades más interesantes de Nicaragua

León es una de las ciudades más interesantes de Nicaragua

Las huellas de los versos

Pero décadas de conflicto no han menguado la hospitalidad nica: sonrientes y orgullosos, cálidos y parlanchines, igual te pasean por un cafetal –el Arábiga es una exportación histórica y bien valorada- que te acompañan a un espectáculo en el que los perfúmenes de Mejía Godoy y los Palacagüina siguen sulibeyando como si el tiempo se hubiera detenido. Aunque para burbujas espacio- temporales, el Museo de Acahualinca, en Managua, donde se conservan las huellas prehistóricas de 15 individuos que hace más de 2.000 años caminaban por la ribera del Lago Managua (más de 1.000 km cuadrados), buen coto de caza y recolección para la época.

Aunque en Nicaragua la palabra eterna es la de Félix Rubén García Sarmiento, Rubén Darío, literato, político y viajero de corazón encabritado, autor de ‘Azul’, “el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental”. Y el de gran parte de su país, con dos costas oceánicas y el mayor lago de agua dulce de la región, el Nicaragua, con más de 8.000 kilómetros cuadrados. Hay quien dice que la de Ometepe, en su centro, es una de las islas interiores más vastas del mundo, paraíso senderista para algunos, para nosotros lugar de infausto recuerdo al que ni siquiera redime el contorno de sus volcanes Madera y Concepción. Es en esas zonas rurales donde el trabajo desarrollado por organizaciones como Centro Integral de Desarrollo Corazón Contento más se siente y agradece.

Desde las alturas –desde el volcán Masaya o la de la Catedral de LeónNicaragua se convierte en un intenso mosaico coloreado, densamente tropical, humilde pero capaz de marcar una muesca en el imaginario del viajero sensible.

Catedral de Granada, ciudad histórica de NIcaragua.

Catedral de Granada, ciudad histórica de Nicaragua.

La artesanía es uno de los grandes atractivos de Nicaragua y de toda Centroamérica.

 

 

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