Backwaters de Kerala, las autopistas acuáticas de India

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Los Backwaters de Kerala son 900 kilómetros de caminos fluviales que unen y vertebran el comercio de muchos pueblos del sur de este estado de la India.

Desde el Lago Vembanad se pueden recorrer los backwaters de Kerala en barcas locales o, incluso, pequeños cruceros donde también ofrecen hospedaje.

Si Venecia se tomara en serio la existencia de otras ciudades acuáticas, probablemente se sumergiría para siempre en las profundidades del Adriático. Menos mal que la sorpresa del viajero no desaparece nunca del todo y que a pesar de Ámsterdam, San Petersburgo o la mismísima Estocolmo, los backwaters de Kerala despiertan una curiosidad picante, como  un buen plato de ambot tik.

La idea de que los backwaters de Kerala son unas autopistas de agua no queda del todo claro hasta que se surcan algunos de los 900 kilómetros que unen, nutren, limpian y vertebran muchos pueblos del sur de Kerala, uno de los estados menos conocidos y más sorprendentes de la India. Sirva como apunte el hecho de que Kerala tiene uno de los índices de alfabetización más altos del país, pese a lo cual las mujeres siguen llevando el peso de las tareas domésticas.

En Kottayam se instaló la primera imprenta de libros en malayalam, uno de los más difíciles del mundo, y el idioma oficial de Kerala.

Qué ver en los backwaters de Kerala

El corazón palpitante alrededor del cual se distribuyen los backwaters de Kerala es el Lago Vembanad, un buen punto de partida para recorrer estos caminos de agua y dejar pasar el tiempo al ritmo traqueteante de los motorcillos locales. Humedad, calor, palmeras. Casas de chapa y colores, escalones que llegan al agua y que sirven para frotar la ropa, darse un chapuzón o lavarse los dientes.

La vida diaria flota y se transporta por los backwaters de Kerala: hombres que reman para visitar al vecino, mujeres que se dan la vuelta rápidamente, niños que son todo sonrisas y que saludan a ambos lados de la orilla… Y verde, verde, verde, verde, el verde intenso de Kerala, el verde de los monzones, del agua, de los cultivos que proporcionan toneladas de copra (fibra de coco seco utilizada, por ejemplo, en el sector textil) y anacardos, incluso aquí, a precios astronómicos.

Los backwaters de Kerala son como una road movie: las imágenes pasan –o nosotros pasamos por ellas- y ni la vista, ni el oído, ni el olfato, ni el tacto se cansan de registrar escenas y emociones.

El Lago Vembanad, corazón de los backwaters de Kerala

En los alrededores de Lago Vembanad, fuera del hotel del que raramente salen los extranjeros, los backwaters de Kerala se transforman en riachuelos, canalillos, que rodean las casas, muchas a medio hacer, otras perdidas en las profundidades de los bosques de cocoteros y palmeras, algunas con la vajilla a remojo en el fondo de los canales…

Las carreteras son de tierra, rojas y con baches, y la gente conduce, camina y se para como sólo puede pasar en la India, con un alegre (o eso parece a ojos occidentales) caos de colores, gritos, gestos, en un bullicio imparable de bocinas, perros saltarines, motos saturadas de familias y paradas de autobús improvisadas. Debe ser sorprendente ver a un extranjero caminar por los alrededores de localidades como Kumarakom o Kottayam pero es la única manera de tomarle el pulso a la vida de verdad. Y los paisanos enseguida cambian la cara de sorpresa por otra de reconocimiento. Saludan, saludas; namasté, hola. Sonríen, sonríes. Y como es la festividad del Onam la más importante de Kerala– te invitan a participar en las fiestas. Fiestas entre las que también destacan otras tradiciones de Kerala como el Kathakali, el Kalarippayat y el Ayurveda. Nanni, gracias.

A veces, incluso, te animan a compartir un aperitivo de coco triturado en el interior de sus viviendas. Muy modestas, en un recodo del canal de turno, alejadas de casi todo, con un pequeño huerto cerca de la orilla, una cocina de leña, una televisión siempre encendida con un tapete de plástico encima y unas cuantas sillas. Viven de los backwaters de Kerala, de las barcas, de los viajeros. El hijo, que no tiene más de 20, parece mayor, con un inglés precario y un bigote tremendo. Una medallita de la Virgen recuerda que aquí hay muchos cristianos, aunque nunca tantos como hindúes o musulmanes. Cerca de aquí, en Aymanam, nació Arundathi Roy, autora de ‘El dios de las pequeñas cosas’. Seguro que su pueblo se parecía a estos: disperso, tropical, básico.

Los backwaters de Kerala alimentan los arrozales de los que se obtiene el sustento de las poblaciones locales.Los Backwaters de Kerala son 900 kilómetros de canales que unen distintas poblaciones del sur de la India

Periyar, la reserva más visitada de los Backwaters de Kerala

La red de canales de los backwaters de Kerala llega también a la reserva natural más visitada del sur de la India, la de Periyar: 777 kilómetros cuadrados de montañas y bosques alrededor de un lago artificial creado por los británicos allá por el año 1895. Dicen que todavía hay tigres.

El paseo en el barco se convierte en un buen experimento sociológico, no recomendable para quienes, a esas alturas del viaje, no hayan podido sobrellevar la curiosidad, la falta de interés por el espacio privado típicos de la India. Padres e hijos, abuelos y nietos, grupos de amigos de bigotes brillantes y pantalones ligeramente acampanados se concentran en las orillas y en los asientos de esta embarcación local, con tanto guirigay que, evidentemente, es imposible atisbar algo de vida animal en ninguna orilla. Para eso, mejor, los paseos guiados por la selva, con los pies y las piernas bien cubiertos para disuadir, en la medida de lo posible, a las sanguijuelas (unos G3 suelen servir).

Cómo recorrer los Backwaters de Kerala

Para navegar por los backwaters de Kerala puedes alquilar alguna embarcación local, con remos o a motor o escoger una de las antiguas embarcaciones arroceras que hoy se han reconvertido en hoteles flotantes. Cualquiera de las dos opciones es habitual entre los indios, la primera entre los vecinos de los backwaters de Kerala y la segunda entre quienes eligen pasar aquí sus vacaciones. Si eliges la barca arrocera,  puedes pasar una o dos noches a bordo. Suelen tener una o dos habitaciones, generalmente con baño; un comedor y una o dos cubiertas, alguna cubierta, dependiendo de su tamaño. Hay barcas de muy distintas categorías, así que es mucho mejor asegurarse de la que se alquila para evitar sorpresas desagradables en el último minuto.

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