Bután y la felicidad

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Bután es el país de la felicidad. O, al menos, los butaneses tienen la Felicidad Interior Bruta más alta del planeta. 

La Felicidad Interior Bruta es un concepto acuñado en Bután cuyo índice se obtiene a partir de cuatro variables: conservación de la cultura y de las tradiciones, sus gobernantes, la economía y la ecología.

¿Cómo viven los butaneses en el país de la felicidad, Bután, el dragón más antiguo de Asia? 

Bután sigue siendo un país eminentemente rural, aunque las nuevas generaciones protagonizan esa inevitable migración interna hacia las ciudades, en busca de nuevas oportunidades, de horizontes más lejanos, de una vida menos comprometida con las exigencias de la tierra, que todo país en proceso de cambio suele experimentar. Y decir ciudad en Bután, es decir Timpu, la única capital del mundo sin semáforos por votación popular. Pero Timpu -o Timbu o Thimbu-, como ciudad, no tiene nada que ver con la imagen que los europeos asociamos a ese concepto. En realidad, resulta curioso comprobar cómo la idea de ciudad se va moldeando según la geografía, el continente, las necesidades y las posibilidades. Aquí, se transforma en unas cuantas calles asfaltadas, edificios de tres o cuatro plantas como máximo, peatones inquietos vestidos con trajes tradicionales (gho, para los hombres, y Kira, para las mujeres) y algo de tráfico rodado, que se regula por sí mismo, dado que no hay semáforos (los vecinos solicitaron retirarlos porque no los veían en su paisaje cotidiano), ni guardias de tráfico (salvo uno, en la rotonda más ‘congestionada’), ni pasos de cebra ni señales.

A pocos kilómetros de Timpu encontramos una granja a la que nos invitan a pasar. Es una granja más. Salpican la carretera, estrecha, sinuosa, llena de baches, de carros tirados por caballos, de niños trotadores, tractores renqueantes y paisanos impasibles, y ofrecen esa imagen medieval y eterna que, en general, acompaña, ya para siempre, el recuerdo del país.

Casi el 50% de la población butanesa se dedica a la agricultura y aunque el país exporta energía eléctrica a India y China, muchas casas del campo apenas tienen luz o agua potable. Bután está creciendo y modernizándose – y afrontando de manera peculiar las controversias que eso genera- pero todavía queda mucho por hacer y la labor pendiente se encuentra muchas veces con la intención real (y seguro que nacional) de conservar sus tradiciones y su modo de vida ancestral.


¿Sabías que las jarras de los altares y capillas de las casas butanesas contienen agua sagrada? Es muy importante no rechazarlas cuando los monjes la ofrecen; para ellos, son una especie de bendición. Primero, hay que que sorber un poco (y el agua purificará nuestros gestos); después, llevársela a la garganta (para que nos asegure siempre buenas palabras) y, por último, a la coronilla, lo que ayudará a que siempre tengamos pensamientos puros.


Todas las casas de Bután, el país de la felicidad, tienen un altar o capilla en el que practicar los rituales budistas

La conservación de las tradiciones es uno de los índices que se usan para medir el nivel de felicidad en Bután

Las velas y el agua bendita son dos de los elementos fundamentales del Budismo en Bután,donde la religión es uno de los pilares de la felicidad

¿Cómo es el interior de una vivienda familiar en Bután, el país de la felicidad? A falta de modernidades, la amabilidad butanesa, inspirada en la adaptación que se hizo aquí del Budismo, pilar central del carácter, de las relaciones, de la manera de entender el mundo de los butaneses. En Bután, la religión no es una faceta de la vida o una actividad que se practica un día determinado en un horario concreto. En Bután todo es religión, por lo que en ella se basa también su concepto de la felicidad y el trato con el prójimo, el respeto por el medio ambiente o la actitud ante las vicisitudes de la vida.

Y como la tradición es una de las variables con las que medir la felicidad de Bután, la costumbre de tener un altar o una capilla se observa en todas las casas butanesas, en las granjas, en los pisos e, incluso, en muchos hoteles. Los rezos se efectúan en cualquier parte y a cualquier hora y los chorten y los santuarios están siempre rodeados de fieles, que combinan en sus vueltas el encuentro social y el espiritual. La peregrinación al Nido del Tigre es una de las más importantes de Bután y se observa al menos una vez en la vida. Por estas mismas razones las tiendas que venden figuras de dioses y santos, banderas y velas de oración, están siempre llenas y tienen, a veces, precios exorbitantes.

Limpia, ordenada, repleta de colores intensos (naranjas, granates, azules, amarillos, tan propios de Asia), la mayor sorpresa de la casa nos la llevamos en la cocina. Porque aunque la gastronomía butanesa es variada, sabrosa y sorprendente (suave, también, en comparación con la india, y más atractiva que la nepalí), nosotros no tuvimos suerte con la nevera de nuestra anfitriona… Seguramente no la había dado tiempo a hacer la compra semanal para la familia.

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Mapa de Bután

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