Die wende en Berlín, más de 25 años del cambio

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Descubre por qué se construyó y qué es, hoy, el Muro de Berlín

 El Muro de Berlín es uno de los lugares que ver si haces turismo en Berlín

Nunca una pared ha dado tanto de sí. Las 110 miradas artísticas que galopan sobre uno de sus pedazos, el East Side Gallery, rompen la tarde azul y blanca, congelada, de Berlín. El beso de Breznev y Honecker, un nazi triangulado, los niños de Pink Floyd desfilando por un agujero… Casi 30 años ya sin el Muro de Berlín. Un suceso alejado por la avalancha informativa en la que vivimos pero todavía demasiado reciente como para relegarlo a un segundo o tercer plano.

Conducir un Trabant por Berlín es una especie de safari al pasado. Sobre todo si llueve y la ciudad se va distorsionando al otro lado del limpiaparabrisas chirriante y de las pequeñas ventanillas, manuales, de la parte de atrás. El mundo, a través de esos cristales made in RDA, se vuelve sepia, blanco y negro, como si proyectaran a su alrededor un haz cinematográfico ligeramente fantasmagórico… Corriendo (es un decir porque a duras penas se llega a los 100 km/h) a los 80… Quizá no haya homenaje mejor a ese Muro que dividió la ciudad, el país, Europa, el mundo, que esta experiencia, ahora que se cumplen más de 25 años de su caída, en 1989… Un desplome tan sorprendente como, a pesar de lo que muchos dicen, que a toro pasado cualquier valoración es posible, imprevista. Allí estaban unos cuantos berlineses alzando puños y voces, empujando por aquí y para allá, venganza dialéctica a tantos años de cerrazón y prohibiciones, cuando la pared se resquebrajó… Un agujero imparable y universal en un Telón de acero invisible; no fue el primer desgarrón pero sí el definitivo, que también se llevaría por delante –descoyuntado el sistema– las vallas, los alambres de espino, el pasillo de seguridad, las torretas de vigilancia y la segunda pared.

Si quieres, tú también puedes conducir un Trabant por Berlín y vivir una experiencia histórica

El Trabant es una manera original de hacer turismo en Berlín

El Trabant es una manera original de hacer turismo en Berlín.

Bendita maldición

¿Se podrá recorrer Berlín sin buscar la sombra, las huellas del Muro, sus pedazos de hormigón invendibles –catalogados como Monumento Histórico en 1990 tras el paroxismo demoledor de los wall peckers– transformados en arte urbano? ¿Es una maldición lo que tiene esta ciudad o, muy al contrario, se trata de la bendición de quien no olvida para no repetir sus errores? ¿Será por eso que fue Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2009? Dinámica, diferente, vanguardista, divertida, práctica… No es la única Ave Fénix urbana de Europa pero sí, quizá, la que mejor se ha reinventado después de quedar destruida en más de un 50%. Maniobras para aparcar cerca de la Puerta de Brandenburgo y llegas, evitando patinar, hasta sus arcos, sin pensar casi en la hégira de su cuadriga, el significado del nombre de su plaza –PariserPlatz– o las películas que hicieron estallar el cercano Hotel Adlon. Al otro lado de la arcada, una verja con emotivos guiños a algunas de las personas, 138 contabilizadas por el Berlin Wall Memorial, que murieron intentando cruzarlo. ¿Quién deposita allí las flores? ¿Quién conserva las fotografías, las cruces blancas? La película del Trabi puede parecer lejana pero es de 1989, un estornudo histórico. Que si 20 años no es nada, 25 no pueden ser muchos más, a pesar de lo mucho que ha cambiado Berlín –Europa– en este tiempo… (¿Será por eso que fue Ciudad Creativa de la UNESCO en 2006?) Aunque las cosas que no se modifican a golpe de fachada remozada y monumento expresionista, las íntimas y sociales, exigen un poco más de ‘tempo’. Quizá por eso el compás peatonal (y de merchandising) lo sigue marcando el Ampelmännchen –el hombrecito del semáforo– creado en la RDA en 1961 y recuperado desde 1995, junto a sus versiones, en línea con otros símbolos de la Ostalgie.

El beso de Breznev y Honecker es uno de los grafitis más famosos del Muro de Berlín

El beso de Breznev y Honecker es uno de los grafitis más famosos del Muro de Berlín.

Puntadas en busca de hilo

Acercarse hasta el West Side Gallery, kilómetro y medio de pared junto a la orilla oriental del Spree, también confirma la sensación de que a la asimilación le quedan algunas puntadas por rematar. Es un pálpito de luz, de estilo, de sensibilidad urbana. Esto fue territorio de la RDA y habíamos arrancado en la RFA. Ni mejor ni peor: diferente. Ahí está también Bernauer Strasse, la calle dividida en dos, evacuada del lado oriental después de las primeras fugas desde las ventanas de los edifi cios próximos, tan diferente a la Avenida de los Tilos, apeada de su nobleza a base de dichos populares, a pesar de la delicada galantería que emana de sus cafés y de sus tiendas.

Puedes recorrer el Berlín de la Guerra Fría con un tour guiado a pie de cuatro horas y conocer todos los secretos del Muro de Berlín

El Trabant pega un par de tirones mientras rodea la Columna de la Victoria y Bono se sobrepone al crujir del cambio de marchas y el tronar del motor de la “bujía con techo”, como se conocía al coche en la RDA. Dicen que podía durar, con algo de suerte y un dueño manitas, hasta 28 años, pocos más de los que uno podía estar esperando su llegada, y los mismos, curiosamente, que estuvo en pie el Muro, de Protección Antifascista dijeron sus constructores; de la vergüenza para el resto del mundo.

Ya no hay paredes físicas pero sí parapetos invisibles. En Berlín y fuera de ella.

Europa no ha derrumbado sus tabiques, que son peores, por inmovilizantes y discriminatorios, que las fronteras que fue borrando. Y caminar junto a los restos del más longevo y conocido, repasando sus tatuajes y re-viviendo lo que impidió o retrasó, es una obligación ciudadana para contemporizar el recuerdo y sus lecciones.

Pink Floy y su tema The Wall también inspira algunas decoraciones del Muro de Berlín

Pink Floy y su tema The Wall también inspira algunas decoraciones del Muro de Berlín.

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