Nido del Tigre en Bután, la peregrinación más sagrada

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El Monasterio de Taktsang o Nido del Tigre está en el Valle de Paro de Bután, a 3.120 metros de altura. Sólo se puede llegar a él a pie o en mula.

Todos los butanteses peregrinan al Nido del Tigre al menos una vez en la vida aunque hay otras visitas, como la del Monasterio de Tango, que también se realizan con periodicidad.

El Monasterio Taktsang, o Nido del Tigre se ubica en pared rocosa de una montaña más próxima al cielo que a la tierra, a 3.120 metros de altura sobre le nivel del mar. Sus capillas, habitaciones y patios cuelgan casi en vertical sobre un precipicio de 800 metros. Las cámaras están prohibidas en el interior del Nido del Tigre, así que en la entrada -después de escalar por unos peldaños tan altos como la luna y húmedos del rocío de las cascadas que los rodean- hay que despedirse de las mochilas. Olvidarse de los clicks es casi un alivio porque así se pueden inmortalizar los rincones y las emociones con los ojos y con el corazón; Bután, el dragón más antiguo de Asia, es un país que se presta a ello más que cualquier otro de su entorno.



La peregrinación al Nido del Tigre de Bután se realiza a pie o a lomos de una mula

El Monasterio de Taktsang o Nido del Tigre es una sucesión de patios superpuestos que cuelgan, como repisas geológicas, por encima del verde, muy verde, valle de Paro, a ratos escondido tras la niebla que, alegre y silenciosamente, anticipa la llegada de la tarde. Las capillas del Nido del Tigre están construidas en alzada pero también excavadas en el lateral de la montaña. En su interior se alternan las figuras de madera, las banderas de oración y las velas. En las puertas, siempre, los zapatos pacientes. Muchos monjes del Monasterio de Taktsang son casi niños porque en Bután -donde la religión es uno de los indicadores del nivel de felicidad más alto del mundo- es habitual que los chavales pasen varios años en un monasterio, considerado un lugar espiritual pero también un centro educativo, al cabo de los cuales deciden si continuarán la vida religiosa o si la abandonarán. Azafranados y con la cabeza pelada, muchos llevan los rosarios en bandolera y sonrisas de media luna. Qué frío deben pasar en invierno.

En Bután no se percibe desarraigo, tristeza, descontento, rebeldía. Silencio y paz. Entre paisajes, leyendas de santos que llegaron aquí volando a lomos de un tigre blanco (el gurú Rinpoche, pieza fundamental en la introducción y expansión del Budismo en Bután) otro encuentro: con nosotros mismos. Buen debate/ reflexión para la bajada.

Los bosques del Valle de Paro, por los que atraviesa la ruta de peregrinación al Nido del Tigre, en Bután, son casi vírgenes

Bosques prácticamente vírgenes, frescos y húmedos, rodean el Monasterio del Nido del Tigre, una de las peregrinaciones indispensables, al menos una vez en la vida, para un butanés.

Las cascadas y los bosques verdes acompañan durante toda la peregrinación al Nido del Tigre de Bután

La humedad de las cascadas hace un poco resbalazidos los escalones, empinados y altos, que llevan a la puerta principal del Monasterio del Nido del Tigre.

Los peregrinos que se dirigen al Nido del Tigre en Bután marcan su paso acumulando piedras en pequeñas montículos

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