Puerta de la India en Mumbai (Bombay), el escaparate social de la India

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La Puerta de la India de Mumbai es un antiguo icono colonialista reconvertido en símbolo regional y nacional. 

La actual Mumbai es la antigua Bombay de los británicos.




Sólo tres semanas después de los atentados terroristas de noviembre de 2008, el hotel Taj Mahal Palace ya estaba rehabilitado y en marcha.

Están Trafalgar Square, en Londres; el Rockefeller Center de Nueva York, la Plaza Dam en Ámsterdam; Gendarmenmarkt en Berlín o la romana Piazza Navona. Y en Mumbai -antigua Bombay- capital del estado indio de Maharashtra, el punto de encuentro se llama Puerta de la India, que vendría a ser, para los españoles, la Puerta del Sol.

La Puerta de India de Mumbai es un monumento tan sobrio que resulta anodino; tan pulcro que apenas llama la atención; tan regio que resulta indiferente al pueblo llano. Está en un extremo del paseo marítimo, Marine Drive, de la ciudad, justo enfrente del hotel más famoso –y de los más caros- de la ciudad, el Taj Mahal Palace and Tower, orgulloso capricho del hombre, J.N. Tata, que fundó una de las dinastías más poderosas y ricas de la India, sin la cual prácticamente nada sería como hoy es; aunque sólo sea porque Tata es la marca de las vajillas que sirven para fundar un nuevo hogar, la de los camiones y coches que lo trasladan todo o las bolsitas del té con el que se acompaña cualquier hora del día: la firma Tata supone el 3%, más o menos, del PIB de la India.

Así que, a un lado de Marine Drive está el símbolo de la antigua metrópoli y al otro, el de la promesa contemporánea que convierte a la India en una economía emergente, la de los productos manufacturados y el ‘capital intelectual’. En medio queda espacio para el mayor espectáculo del país: el de sus gentes, sean o no futuros ingenieros-informáticos-empresarios-contables, y el de sus calles, siempre atestadas, siempre inquietas, siempre curiosas… Siempre pegadas a la piel, por la humedad, por el calor y por el particular concepto del espacio que tienen los indios.

Cerca de la Puerta de India de Mumbai salen los barcos hacia Mandwa e Isla Elefanta.

La playa de Chowpatty es uno de los espacios públicos más concurridos de la ciudad de Mumbai

La playa de Chowpatty es uno de los espacios públicos más concurridos de la ciudad de Mumbai

La privacidad en la Puerta de la India

Está claro que la idea de privacidad no puede ser la misma en Noruega (12,5 habitantes/ km2) que en la India, un país con 330,7 habitantes por kilómetro cuadrado, ni a la hora de convivir en casa ni a la de compartir los espacios públicos: en cuanto pasa algo, un pelotón de mirones-curiosos-interesados-cotillas se abalanza sobre el meollo del interés para no perderse detalle. Es algo tan típico como la oscilación de cabeza, derecha-izquierda-derecha-izquierda, que no significa exactamente nada, o el ‘sori’, ‘sori’ tan pegadizo y gracioso; no lo hacen queriendo, lo hacen por impulso, es parte de su cultura, de su manera de afrontar y entender el mundo.

Así que el trasiego que rodea la Puerta de India es el verdadero espectáculo, además de la dimensión humanizadora de semejante monumento, construido para conmemorar la visita que Jorge V (el padre del tartamudeante Jorge VI, ¡qué grande es el cine!) hizo a la ciudad en 1911. La construcción de la Puerta de la India de Mumbai terminó en 1924 y el último desfile de tropas británicos -entrada triunfal y salida decorosa- bajo su arco principal tuvo lugar en 1948: el mismo escenario por el que hoy pasean parejas hindúes, matrimonios musulmanes, grupos de amigos engominados, grupillos de chavales callejeros, vendedores de globos y de recuerdos, charlatanes varios y familias al completo. Colores, sonidos (también olores), razas, religiones, tradiciones diferentes… El mosaico de a pie, el cotidiano, el que resiste las embestidas de los mercados, el que aguanta el pulso al futuro al margen de los gurús económicos y el que guarda un recuerdo agridulce del pasado, independientemente de la fecha en la que su país dejó de ser colonia (oficialmente), encajado entre dos puertas, la british y la india, la de la Puerta monumental que mira al mar y la del hotel con el que un emprendedor local hizo un corte de mangas al sistema que no le dejaba pasar a sus establecimientos porque era (o, lo que es peor, porque parecía) indio.

Hay otra Puerta de India en Nueva Delhi, en honor a los soldados indios caídos durante la Primera Guerra Mundial y las guerras afganas de 1919.

Mumbai, la ciudad sobre siete islasEl hotel Taj Mahal Palace está frente a la Puerta de la India de Mumbai, antigua Bombay

Si viajas a Mumbai -antigua Bombay- y visitas la Puerta de la India tienes que saber que fue aquí, curiosamente, donde nació y se fortaleció la ciudad, construida sobre siete islas originales, poco a poco unidas a tierra firme hasta convertirlas en parte de la misma. Los koli, tradicionalmente pescadores, son los habitantes primigenios de una tierra transformada gracias al comercio y a las ventas y alquileres que por él han hecho las potencias de cada momento, desde los señores hindúes hasta los mercachifles británicos, pasando por los sultanes islámicos y los negociantes lusos. De hecho, Mumbai se llama así en honor a la diosa madre a la que rendían culto, Mumba. Lo de la ginebra, en realidad, vino dado más tarde por la interpretación que del nombre inicial hicieron los británicos.

Por cierto, que Mumbai tiene una de las comunidades jainistas más importantes de la India, así que se convierte en el lugar ideal para visitar un templo de esta religión, que se basa en la búsqueda del ascetismo y el respeto por todas las formas de vida.

Por esa mezcla de tradición y futuro incierto, de Historia e historias, de cotidianidad y hazañas extraordinarias (dormir una noche en el Taj Mahal Palace realmente lo es) y de experiencia vital que sólo se puede acumular perdiendo el tiempo en una ciudad como Mumbai, la Puerta de India merece una atención ligeramente especial, una tarde de correteo urbano, un paseo, a pie más que en calesa, por la cornisa sobre Chowpatty; una foto que, al final y al menos, permita intuir lo que en realidad sucede a su alrededor.

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