Irán en dos libros imprescindibles

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El sha o la desmesura del poder y Pasajera a Teherán hablan de la complejidad de Irán.

A veces una fotografía no vale más que mil palabras, como refleja Kapuscinski.

De repente, sin pensarlo, hilvanas dos libros aparentemente desconectados entre sí pero que, sin embargo, se complementan y, además, dan la perspectiva necesaria para contextualizar varios temas de actualidad que suceden décadas después de lo que cada uno de ellos aborda.

“El sha o la desmesura del poder”, de Ryszard Kapuscinski, a quien todos deberíamos leer para comprender mejor muchas de las cosas que ocurrieron –y todavía suceden- en el mundo, dio paso a “Pasajera a Teherán”, de Vita Sackville-West, publicado por Minúscula.

El sha de Persia que Kapuscinski disecciona en su radiografía de la sociedad iraní que aupó al poder a los ayatolás es el hijo del sha que Vita conoció durante su viaje por Persia. Ambos plasman las impresiones que les produjo un país demasiado complejo como para reducirlo a una imagen, o de velos o de minifaldas.

Aunque la visión de Vita es la de una viajera romántica, su lucidez no pasa por alto las limitaciones de su mirada, el trasfondo complejo que deriva de esa mezcla de geografía, economía y educación que determina la construcción de la sociedad y del individuo. Kapuscinski, por su parte, ejerce el Periodismo con mayúsculas, moviéndose por Teherán, hablando con todos, ampliando –y complicando- las ideas planas que hoy corren como la pólvora más que nunca. Leyéndole, se me venía a la cabeza constantemente la imagen de las mujeres iraníes que, en falda y botas altas, ha ilustrado tantas veces la visión occidental sobre los avances realizados en Irán con los Pahlevi. Qué simple esa imagen y qué compleja la realidad que resume: una realidad pobre y subdesarrollada, analfabeta y hambrienta. Una realidad ignorada por su gobernante máximo, que amasó una fortuna personal a su costa, fomentando la búsqueda de unos referentes que surgieron –como suele ser habitual- en el mundo espiritual y en las religiones que lo concretan.

La Literatura siempre ha sido necesaria para entender el mundo. Y a veces uno tiene la suerte de encontrar los libros como las cerezas, a pares y unidos por un delicado rabito –de ideas en este caso- que arrojan la luz necesaria para ampliar el foco y comprender mejor lo que nos rodea.

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