Cementerios, museos de genocidios y otras visitas incómodas: ¿hay que ver para aprender?

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¿Es imprescindible visitar Dachau, Auschwitz o el Museo del Genocidio camboyano ? Con motivo de Halloween propusimos varios lugares del mundo en los que vivir todo tipo de tradiciones mortuorias, además de una guía de cementerios de Madrid y una ruta por algunos de los cementerios más bonitos del mundo y de España. Todas las propuestas levantaron tanta expectación como rechazo. Una fotografía del Cementerio Judío del Barrio de Josefov de Praga –una de las ciudades en las que con más saña se aplicó la política genocida del III Reich- volvió a generar opiniones encontradas entre quienes somos partidarios de conocer estos lugares y quienes prefieren evitarlos.

En España, uno de los lugares que más se ha beneficiado del interés por lugares relacionados con la guerra y los desastres ha sido Belchite Viejo, el pueblo que quedó en pie tras una de las batallas más cruentas de la Guerra Civil española, donde las visitas ya están totalmente organizadas. Belchite, como tantos otros lugares de España, forma parte de esa “España Maldita” que autores como Lorenzo Fernanández Bueno han recogido en libros sobre maldiciones y leyendas negras, reales o imaginarias.




A las afueras de Yereván se puede visitar el Monumento al Genocidio armenio, que también incluye un modesto pero emotivo museo.

Polonia es conocida por muchas cosas pero entre ellas destacan los campos de concentración de Auschwitz- Birkenau, cuya liberación se celebra cada año con el Día Internacional del Holocausto y para cuya comprensión es imprescindible leer un clásico de la Antropología como En el corazón de la zona gris.

Pero otros países de Eurasia también han sufrido genocidios similares anteriormente. Y mantienen viva la llama de la memoria histórica con monumentos como el que se puede visitar a las afueras de Yereván, la capital de Armenia, cuya población padeció la persecución de las autoridades turcas en vísperas y durante la Primera Guerra Mundial. Del genocidio armenio se han publicado títulos como El testamento armenio o El guardián, centrado en las caravanas de la muerte de 1915.

El debate sobre la incomodidad que puede generar la visita de cementerios y museos de genocidios se puede trasladar también  a películas y libros relacionados con asuntos similares: desde la archiconocida Lista de Schindler de Spielberg hasta el éxito literario reciente de HHhH, de Laurent Binet donde se aborda, precisamente, el origen de las cámaras de gas y el exterminio sistemático de, entre otras, la población judía, a través de la historia del llamado Carnicero de Praga y de la Operación Antropoide con la que intentaron asesinarle.

¿Hay que visitar cementerios y museos de genocidios para aprender o no crees que sea imprescindible ver para creer? ¿Has realizado alguna visita incómoda parecida durante tus viajes o eres de los que cree que al tratarse de un rato de ocio no es necesario pasar un mal trago? ¿Son necesariamente menos sensibles las personas que obvian estos lugares durante sus visitas o no?

Nos gustaría mucho seguir recibiendo vuestras opiniones y generar un animado (pero respetuoso) debate.




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