Curiosidades turísticas de Barcelona

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Músicos, escritores, chefs y arquitectos marcan con su personalidad algunos de los lugares más bonitos, originales y especiales de Barcelona.

Descubre muchos de los mejores lugares de Barcelona para visitar a pie.

Mirar Barcelona desde Madrid puede ser un ejercicio de riesgo. Porque habrá quien malinterprete las palabras. O quien considere que se quedan cortas. Pero nosotros siempre lo hemos hecho sin complejos ni prejuicios. Porque Barcelona, desde Barcino hasta Barceloneta, siempre nos ha seducido: por su estilo, por su cadencia, por su color y por su talante.
Barcelona es Colón de espaldas, no enemistado si no ansioso por partir con las naves que se construyeron en sus Dársenas Reales; y el tiempo detenido alrededor de Santa María del Mar, todo siglo XIV salvo las mesas y los toldos de las terrazas, o de Santa Anna, una de las primeras iglesias.

Los mejores restaurantes de Barcelona

Barcelona es Woody Allen tocando el clarinete en el Café Vienés del Hotel Casa Fuster y un paseo en penumbra por la Diagonal Mar, ese pulso de diseño echado al Mediterráneo, que lo cubre todo de color y de sal aunque se vaya alejando poco a poco. Barcelona es llegar en tren hasta Sants con ganas de comerse la ciudad. O en coche, pasando frente al Hesperia Tower, coronado por el Bouquet, uno de esos restaurantes que hace de la Ciudad Condal un relamerse sin fin. Aunque para azoteas con vistas, nada mejor que la de la Casa Batlló, sobre todo durante el verano gracias a sus conciertos de las Noches Mágicas.

Porque Barcelona, al margen de modas y modismos, de tendencias y competitividades, ha sido (y será, esperamos) una concentración de nombres y estilos de estrellas: desde el desparpajo sonriente de Carme Ruscalleda, siempre accesible, hasta la caballerosidad de otro tiempo encarnada en Fermí Puig y su Petit Comité. Se podría estar dos días seguidos sin parar de mojar pan en salsas reinventadas o de beber vinos de vanguardia que harían las delicias, por lo rompedores, del mismísimo Gaudí, cuyas obras son Patrimonio de la Humanidad por partida doble.

Juan Marsé y Loquillo han inmortalizado los puntos más altos de Barcelona con sus libros y sus canciones

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Mitos de Barcelona

Gaudí, uno de los emblemas de la ciudad. Como lo es la Teresa de Juan Marsé, cuya obra Últimas tardes con Teresa ha cumplido ya 50 años; o Ava Gardner. O los Cuatro Gatos (Rubén Darío y Albéniz, entre otros) que se reunían, hasta darle empaque eterno, en el local de Casa Martí, flechas irreverentes clavadas en la diana del Barrio Gótico de Barcelona, ese imprescindible de todas las guías que, como el resto de la ciudad, hay que patear, más con el corazón que con la escuadra y el cartabón.

Porque aquí las líneas rectas, con permiso del Paralell, la Diagonal y la Meridiana, quedaron hace tiempo suplantadas por esas curvas cerradas que pusieron los pelos como escarpias a la familia Milá cuando les dieron las llaves de La Pedrera, una de las paradas inevitables en la Ruta Gaudí en Barcelona… ¿Y qué iban a decir las visitas? ¿Y dónde iban a colocar el sofá? Visitarlo todavía es una sorpresa…

Seguro que Hemingway no hubiera sufrido tantos quebraderos de cabeza, sobre todo después de un par de mojitos en el Bar Boadas, y que Hans Christian Andersen hubiera escrito un cuento encantador sobre su mesa de trabajo del Hotel Oriente. Todo depende siempre de la actitud de cada uno: be water muy friend.

Agua como la que históricamente ha discurrido por las Ramblas, esos desagües medievales hoy ganados para el transeúnte indolente, que entra y sale de la Boquería, compra flores como si Serrat le canturreara en la oreja (Loquillo suficiente tenía con beber Martini en la cima del Tibidabo) y rememora las leyendas urbanas que todavía hoy, gracias a la Literatura y algunas películas, revolotean por un Barrio Chino al que, pese a todo, quién ha visto y quién lo ve.

Y todo a la luz del día, del Mediterráneo, entre el bullicio todavía mercantil y afanoso que dio fama internacional a Barcelona, ajena a las calaveras que hay, dicen, debajo de las esculturas de la Sagrada Familia, que a veces parecen de azúcar glas.

Misterioso es también el supuesto sudoku que Gaudí dejó en su fachada posterior, con números que, sumados entre sí, dan siempre el mismo: 33. ¿Masonería? ¿Estudios cabalísticos? ¿O una visita médica en bucle? De Oriente proceden los rasgos de muchas de las esculturas de esta controvertida y asombrosa iglesia, obra del artista japonés Etsuro Sotoo, seguramente seducido, como lo estuvo el propio Gaudí por la Naturaleza, a la que evocan, en plena congestión urbana, la bóveda vegetal y la selva de columnas de este corazón imparable de Barcelona al que ir, hay que ir, pero que conviene esquivar si tienes la suerte de regresar.

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