Botswana, la diferente

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Por algún curioso motivo, Botswana siempre ha ido a su aire. Al margen de los problemas comunes a otros países vecinos, en una especie de limbo colonial, presume de ser el mayor exportador de diamantes del mundo, una burbuja natural prácticamente virgen y de que su primer presidente, un príncipe destronado y gran activista democrático, se saltara a la torera los tópicos raciales de los años 40 para casarse con una inglesa.

Atardecer en el Delta del Okavango en Botswana.
Atardecer en el Delta del Okavango en Botswana.

El mokoro cabecea ligeramente sobre las aguas oscuras del Delta del Okavango. Todavía hay más sombras que luces pero los ojos, hinchados de sueño y de ganas, recorren el perfil de las palmeras, intentado descubrir el origen de los ronroneos, los chirridos, los gritos que sacuden ya el amanecer setsuano. En África (y decirlo así, como si el continente fuera un super-país, resulta arriesgado y, quizá, un poco insultante) el sol marca el paso y hay que llevarle el ritmo.

Primer plano desde el mokoro

Las anécdotas y leyendas sobre hipopótamos trotones y cocodrilos afilados suben también a esta góndola local, todavía de madera a pesar del empuje de la fibra de vidrio, y la pértiga del ranger se hunde en un fondo de posibilidades insondables. El Delta del Okavango, de pronto, llena el horizonte de agua, de rosa, de hierba, de violeta, de verde y de corteza. Botswana a pie de calle. África sin intermediarios ni barreras. Sin trampa ni cartón. Chapoteos. Balanceos. Un elefante barrita. El sol se despereza. Empieza a haber más luz que sombras. Es un momento frágil, de alegría casi infantil, de satisfacción plena, en el que sobran las palabras. Un primer plano susurrante y a cámara lenta del delta interior más grande del mundo (15.000 km2) que durante la época de lluvias se deshilacha en cientos, miles, de canales azules y verdes, cuajados de estampados, a rayas, con manchas y melenas, de trinos, cañaverales y, al atardecer, nubes de mosquitos.

El agua que desaparece en el desierto

Desde el aire, el Okavango se escurre pesadamente hacia el Kalahari, “la gran sed”, como llamaron los bosquimanos a este desierto, para morir arropado entre sus dunas. Aquí se concentra el 95% del agua en superficie de uno de los países más sedientos del sur de África pero casi toda, un 96%, dicen, se evapora sin más. Y alterar este proceso supondría el final de uno de los parajes naturales más sorprendentes del mundo, un santuario para más de 1000 especies animales que, según muchos expertos, debería estar considerado Patrimonio de la Humanidad.

Paisaje de Botswana durante un sobrevuelo en avioneta del país africano.

Pero ahora son también los propios batsuanos los que valoran el potencial natural de su país, uno de los más estables y pacíficos del continente, ajeno casi por completo a la violencia de otros no tan lejanos, aunque no al margen de los estragos del Sida. Con el tiempo, y el respaldo gubernamental de un turismo sostenible y casi intimista, muchos furtivos se han ido reconvirtiendo en guías y la caza, mucho más extendida en los años 70 y 80, se ha reducido al extremo. Y eso que la extraordinaria concentración de paquidermos en el Parque Nacional de Chobe, la capital mundial de los elefantes, ha generado intensos debates sobre la necesidad de limitar su población, por la presión sin freno que ejercen sobre su entorno natural.

Cara a cara con un elefante y un niño asustado

Elefante en Botswana
Un león en la sabana de Botswana

Por eso es fácil no cruzarse con nadie durante una caminata por las islas del Okavango. O que un niño, en algún poblado medio perdido, se asuste al ver que la piel de otra persona puede ser blanca. O sobrevolar un horizonte tachonado de verde en una avioneta solitaria y saltarina.

Por eso también, un elefante sediento al atardecer, junto a un baobab de brazos crujientes, se convierte en un cara a cara sensacional y parsimonioso: él, a lo suyo, y tú, también a lo suyo. En momentos como ése es sencillo comprender por qué muchos europeos (ingleses sobre todo, quizá por su relación histórica con el antiguo Protectorado de Bechuanalandia, aunque también hay algunos españoles) vinieron y decidieron quedarse.

Imposible cansarse de ver un documental diario al otro lado de la ventana. Incluso cuando hay que ir sobre aviso, mirando dentro de las botas en busca de una araña despistada o rescatando el desayuno de las manos de algún mono avispado; incluso cuando un elefante aprende a rascarse la espalda contra la esquina de tu Lodge, contigo dentro.

Un cocodrilo en una de las orillas del río Okavango,uno de los grandes atractivos naturales de Botswana

Curiosidades de Botswana

El amanecer es uno de los mejores momentos para recorrer el Delta del Okavango en mokoro, la embarcación tradicional de Botswana
Paisaje al amanecer en el Delta del Okavango de Botswana.
Siesta de leonas en la sabana de Botswana.
  • Botswana es uno de los países con menor densidad de población del mundo, 3 habitantes por kilómetro cuadrado.
  • El 84% de su territorio es parte del desierto del Kalahari, el más meridional de África. En Botswana el agua es un bien tan preciado que el nombre de su moneda nacional, pula, significa eso, agua. También tienen el mayor salar del mundo, Makgadikgadi, 12.000 km2.
  • Botswana está considerado el mayor productor de diamantes del mundo (30%). La producción de cobre y níquel también es bastante importante.
  • Además de los 5 grandes (elefante, león, leopardo, rinoceronte, búfalo), Botswana es un paraíso de la ornitología, con más de 500 especies, 400 de ellas en la zona de Gaborone.
  • Una idea: combinar la estancia en Botswana con otra en Sudáfrica. Las posibilidades naturales son distintas en cada país y se complementan a nivel cultural y urbano. Las Cataratas Victoria (Zimbabue), cuyo nombre significa, ‘Humo que truena’, son otra opción interesante para rematar un viaje romántico.

Maleta de Botswana

Javier Castro con unos niños batsuanos en una aldea cerca del Delta del Okavango en Botswana
Javier Castro con unos niños batsuanos en una aldea cerca del Delta del Okavango en Botswana.
  • Meter en la maleta ropa y calzado cómodo e informal: pantalones y camisas de manga larga y colores suaves (marrones, verdes, beiges), calcetines, gafas de sol y gorra; algo de abrigo para las noches. Si se tiene pensado visitar alguna de las grandes ciudades de Sudáfrica, quizá sea conveniente añadir una chaqueta y un vestido algo más elegantes, por si surge la oportunidad de cenar en algún restaurante donde exijan un mínimo de etiqueta.
  • Siempre es conveniente meter en la maleta repelente para mosquitos, alguna crema para alergias tópicas y jabón de manos sin agua. Se pueden confirmar las vacunas necesarias para Botswana en la web de la Asociación Española de Vacunología.
  • Además de la cámara de fotos, es muy útil incluir unos prismáticos.
  • Guía de viaje recomendada: Botswana, de Lonely Planet.

Dónde está Botswana

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