Guatemala, sin imposturas

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La geometría tradicional de los huipiles no es una fachada estética, se-ve-pero-no-se-toca, sino el envoltorio cotidiano de las 22 etnias –cada una con su dibujo- que habitan la república más septentrional de Centroamérica. Del skyline de Tikal a los patios enrejados de Antigua, el corazón de Guatemala bombea sueños y emociones que, todavía hoy, siguen estando a caballo entre dos mundos.

Un guiño de ojos y todo se transforma…En los nudos rojos y naranjas de los hules; en las caras aradas por el sol de los campesinos; en las escaleras de piedra de los templos mayas del Petén; en el espejo denso pero escurridizo del Lago Atitlán o en las cimas húmedas, y casi humeantes, de los volcanes – San Pedro, Tolimán, Atitlán, que lo rodean.

Y mientras la cabeza da vueltas, etalonando una película infinita, el puro de Maximón, esa deidad popular, mundana, simpática y única, sigue consumiéndose en la casa de algún vecino de Santiago Atitlán, como si el tiempo allí estuviera fuera de lugar; porque cada año, uno de ellos guarda su figura para mantener vivo el culto, en ese extraño maridaje de creencias que caracteriza a Guatemala, un país híbrido, que habla español oficialmente, aunque sólo la mitad de su población la considere, y utilice, como lengua madre. Un país donde los lugares que para el extranjero son arqueológicos, para los mayas siguen siendo centros de culto sagrados.

Memoria sin recuerdos

Porque Guatemala se reconstruye a sí misma desde hace miles de años, incorporando a su hatillo lo que cada cultura que allí se establece tiene a bien dejar, o imponer, o compartir, u olvidar. Aunque el sofrito de la salsa siempre es maya, el cordón umbilical de un rosario de ciudades y calles; de templos atrapados por la selva y catedrales agitadas por terremotos históricos que hicieron que ciudades enteras, como Antigua -durante años una de las más importantes del continente americano- con sus conventos y sus casas coloniales, sus parques y sus calesas, se fueran trasladando en busca de emplazamientos más seguros.

Aquí nada es recuerdo, porque todo se hace carne a diario: en los mercados semanales (Chichicastenango, el más famoso, pero no el único), en las aldeas y en los patios coloniales de fuente y toca, espada y relincho, Vírgenes y Mama Pachas. Sin imposturas, con naturalidad, sin artificios ni alharacas. Quizá esa sea la clave de su magia, lo que le distingue del resto de países centroamericanos, con quienes comparte plato y mantel para otras muchas cosas.

Las voces verdes de Tikal

Hasta el silencio de las piedras de Tikal, la ciudad maya más grande jamás excavada, resulta también atronador. Quizá porque esa palabra maya, Tikal, significa algo así como “Las voces”. Las que no entendemos pero que, todavía hoy, quieren contarnos el misticismo de sus 3.000 edificios, construidos a base de machete y cincel en el corazón de una jungla insondable.

Ésta fue la Nueva York maya, el ombligo de una civilización levantada sobre el maíz y desaparecida de manera enigmática después de 3.000 años de soberanía en un territorio hoy repartido entre México, Belice, Honduras, El Salvador y la propia Guatemala. Otro imperio que tuvo aquí su skyline, el más impresionante de Centroamérica, con alturas hasta las que no hace mucho se podía ascender, aunque fuera a cuatro patas, para otear un horizonte sobrecogedor.

El hogar de cientos de miles de personas…

Aunque lo que quita el aliento y deja los pelos como escarpias es lo que todavía no se ve ni se ha encontrado. Porque a pesar de que alrededor de Tikal hay otras ciudades (algunas, como Uaxactún, mucho, muchísimo más antiguas), todavía quedan más por descubrir o por dimensionar. Y en muchos casos, la única manera de alcanzarlas es a lomos de mula, como si el tiempo, una vez más, estuviera también aquí fuera de lugar. Y es que dicen que por estas lomas enredadas anduvieron, comerciaron y guerrearon cientos de miles de personas, así que en varios sitios se tuvieron que meter… Derechazo de KO contra la imaginación limitada del hombre del Siglo XXI…

… Y en algo tuvieron que pensar tantas cabezas…

El primer europeo que transcribió gran parte de la filosofía- cosmogonía quiché-maya fue el dominico Fray Francisco Ximénez. Corría el año 1544, veintitantos después de la conquista de este territorio por parte de los hermanos Alvarado. Desde entonces el Popol Vuh, la “Biblia” maya, sigue siendo un laberinto de conceptos y predicciones (tanto o más que los números asociados por los arqueólogos a los templos de las excavaciones) que revive en años como éste, 2012, en el que las leyendas urbanas argumentan que en sus páginas (hoy de papel, al principio de todo, de corteza) se anuncia el final del mundo, cuando lo que se plantea es una oportunidad para “resetear” el sistema, aprender de los errores cometidos y mejorar de cara al futuro.

El tiempo maya es cíclico –como el de los antiguos egipcios, quizá por su comunión física y espiritual con la Naturaleza-y no hay mejor manera de apre(he)nderlo que caminando por sus calles, con sus gentes, en sus templos y sus bosques; mirando al cielo oscuro sobre la Isla de Flores o traqueteando entre la tierra oscura y escarpada del altiplano occidental, de la que nacieron, nacen y nacerán los hijos del maíz.

Claves de Guatemela

Ciudad de Guatemala: fue considerada una de las joyas de Centroamérica pero no es parada habitual. Destacamos el Museo Popol Vuh, el Nacional de Arqueología y Enología, el Museo Ixchel (tejidos de pueblos indígenas) y el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura.

Antigua: indígena y colonial. Imprescindible dormir en uno de sus hoteles con encanto para exprimir al máximo el encanto de la ciudad.

Lago Atitlán: corazón del Altiplano occidental. Aquí viven la mayor parte de los pueblos indígenas, en localidades como Panajachel, Santa Catarina de Palopó o San Antonio de Palopó. Al norte de Chichicastenango comienza la región de El Quiché.

Ruinas arqueológicas: sólo en la región de El Petén (el departamento más grande del país) hay 1.500, casi todas por descubrir. Muchas tuvieron relaciones de poder y comercio con Copán (El Salvador) o, en México, Teotihuacán y Chichén Itzá, el equivalente al actual Los Ángeles.

Naturaleza de Guatemala: en El Petén está el Parque Nacional Tikal, Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad desde 1979. Hay rutas de senderismo y bicicleta en muchos otros lugares. Gastronomía de Guatemala: sencilla pero sabrosa. La base es el maíz (del cual procedían los seres humanos según los mayas), siempre presente en forma de tortilla, tamal o mazorcas.

Cuándo ir a Guatemala: las lluvias abarcan de mayo a noviembre (con algunos periodos secos en julio y agosto).

Combinaciones: merece la pena combinar Guatemala con alguno de sus vecinos centroamericanos, especialmente Honduras o El Salvador (www.visitcentroamerica.com)

Dónde está Guatemala

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