Impresiones y lugares de interés en Tokio

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Un puñado de lugares de interés para quien pase tres días en Tokio, la capital de Japón.

Las curiosidades de la cultura de Japón abarcan su gastronomía, su arquitectura, sus hoteles y su relación con la Naturaleza.

Fotografías de Pixabay.

Pensábamos cambiar nuestro destino después del terremoto de marzo pero luego nos dijimos, ¿qué mejor momento para mostrar nuestro respeto y admiración por este país? Japón es un imprescindible en la maleta de cualquier viajero: por su Historia, por su cultura, por su gastronomía, por su gente. ¡Imposible abarcarlo todo en tan pocas páginas! Tokio es la mejor puerta grande por la que entrar en su compleja realidad.

El órdago de Tokio al aterrizar

Superada la primera falta de aliento y el desfase horario, Tokio lanza su órdago: ¿quién da más? ¿Ella o tú? Su apariencia hermética esconde una realidad esponjosa y cálida, la de sus mañanas empañadas de futuro; palpitante y silenciosa, la de sus avenidas y jardines. Única, exigente, rompedora, diferente, la capital de Japón no es un destino sencillo pero sí inolvidable.




Tokio es una ciudad de emociones y de impactos sensoriales y culturales inmediatos. En el carrete de la memoria las imágenes se suceden a toda velocidad: gente-jardines-pescadocrudo-rascacielos-trafico-metro-sueño-fideos-paradojas-tendencia-sintoísmo-dibujosmanga… Entre los lugares de Tokio que más hondas impresiones te dejan, destaca el plano casi cenital del cruce más transitado del mundo, el de Shibuya, desde el Starbucks Coffee Shibuya Cross Tower; el gris emplomado de una tarde lluviosa alrededor del marco rojo de una puerta sagrada o torii; Shinjuku en hora punta y sus miles de ejecutivos en blanco y negro; fuegos  artificiales en Shinozaki Park y una marabunta con kimonos estampados y sandalias de madera, toc, toc, toc; los atunes de Tsukiji; un entrenamiento de summo repleto de murmullos; el skyline desde la Isla de Odaiba y las luces de colores de los rascacielos encendiéndose, en abierta competencia con la Gran Manzana…

Los parques y jardines de  Tokio son también un buen lugar para disfrutar del Hanami, el festival de los cerezos en flor.

Para y coge aire, una y mil veces cuando estés en Tokio y vuelve a lanzarte a las calles, porque la mejor manera de conquistar la capital de Japón es empaparse de ella, devorar cada acera, cada museo, cada edificio, cada esquina, cada sala de pachinko y cada plato de soba y tonkatsu que se te ponga por delante. Con sentido del humor, ganas, curiosidad y capacidad de improvisación.

La gastronomía japonesa tiene muchas más posibilidades además del conocido sushiY por el estómago nos conquistarán
La ventaja de Tokio es que no deja a nadie indiferente. El inconveniente, que puede sobrepasar las posibilidades de muchos ‘narizotas’, (apodo con el que popularmente nos conocen en Asia), incapaces de lidiar con los ideogramas, las huidas de los ciudadanos más tímidos o las recetas locales, mucho más variadas y económicas de lo que pensamos en Occidente.

El sushi es sólo una pequeña parte de la sabrosa mesa nipona. Y conocer la ciudad, y por extensión el país, obliga a probarlo todo, incluso a la hora del desayuno; no sólo por los sabores y las texturas, si no por la fiesta en la que se convierte cada sentada y la ventanita que abre al mundo real de los tokiotas, maravillados de compartir barra con alguien que se atreve a pedir azúcar (sato) para digerir su té algoso (ocha). Por cierto, normalmente no tienen, pero a veces no lo sirven porque es como si aquí se añadiera vinagre al vino.

Un barrio, una realidad y algunos falsos tópicos

Pero como la cultura japonesa es tan particular,  el ‘no’ jamás se verbaliza; se simboliza con los brazos cruzados, en una ‘equis’ gigante, y una pequeña inclinación. Algunas personas mayores pueden bloquearse ante un extranjero pero los jóvenes aprovechan para practicar idiomas y compartir experiencias.

A caballo entre la tradición y la vanguardia más audaz, la nuevas generaciones niponas hacen de puente entre las dos caras de Tokio, igual de sorprendidas por los tiempos que corren: la que se encaja en las calles de Asakusa (reminiscencia de los tiempos antiguos en los que Japón era conocido como Edo) y la que se reinventa a sí misma en los barrios de Odaiba o Harajuku, donde las tribus urbanas más rompedoras se enamoran de sí mismas antes las cámaras –inversión de papeles- de los occidentales.

En Ginza triunfan las bandadas de chicas sofisticadas, las boutiques de lujo y el Kabuki-za, templo de ese arte milenario tan difícil de aprehender, igual que la legendaria belleza de las geishas de Kyoto para los occidentales.

Algo parecido sucede con el sumo, pasión nacional y espectáculo imprescindible en Tokio. El tópico de la fuerza bruta queda hecho añicos durante una sesión de entrenamiento en una heya o durante un torneo en el Shin- Kokugikan, el estadio nacional. La lectura espiritual de este deporte es tan importante como los contratos multimillonarios de sus estrellas o las recetas especiales con las que se alimentan: ollas proteínicas con un poco-de-todo y para-todos-los-gustos conocidas como chanko-nabe.

Otro típico tópico que salta por los aires Tokio es el de la antigüedad; en tradiciones, rituales y costumbres, sí; en edificios o monumentos, menos, porque su pasado belicista y las sacudidas geológicas los han derribado. Así que la capital japonesa es como una mujer madura adicta a la cirugía estética: sabia y curtida por dentro pero sin arrugas por fuera. Por eso, es posible encontrar templos centenarios, (Kiyumiza Kanon), junto a guiños vanguardistas como la pecera gigantesca y callejera del Edificio Sony, o ambientes cuajados de incienso alrededor de Senso-ji y la última tecnología portátil entre sus más de 20 millones de visitantes anuales.

Tokio será la sede de los Juegos Olímpicos de 2020, un proyecto en el que competía con ciudades como Madrid

La ciudad de Tokio está a 70 kilómetros del Aeropuerto Internacional de NaritaUn pulso urbano apto para aventureros

Al final, como en tantas otras cosas, el idioma juega un papel fundamental. Y el japonés es tan delicado, tan complejo y tan sutil, aunque fonéticamente no lo parezca, que perfila una visión del mundo llena de matices. Belleza, fealdad, arte, religión, trabajo, vida, muerte… Las ideas pesadas allí no se parecen en nada a las de aquí, aunque las modas hayan trasladado algunos conceptos básicos, como los del sushi o el jamón de bellota.

Para disfrutar Tokio hay que tolerar y asumir esas diferencias; reírse sobre la almohada de arroz en un ryokan, quedarse a remojo en las piscinas de un onsen, elegir el menú en el escaparate de un restaurante (¿en qué otro país del mundo pondrían ejemplos de los platos que se pueden degustar para que los extranjeros sólo tengan que señalarlos con el dedo?) o aprender en qué fila del andén es conveniente esperar al metro para bajarse próximos a la salida en la estación de llegada.

Porque Tokio absorbe, obnubila, reta, engulle y para aguantarla el pulso hay que seguirla el ritmo: callejear, probar, entrar, salir, interpretar, comprar pequeñas cosas que allí adquieren un nuevo significado o amontonar platos de colores (cada uno indica un precio) en un kaiten sushi, restaurante especializado en sushis donde la barra gira y gira mientras los parroquianos eligen el menú… Hasta que, en el mejor de los casos, el corazón y el cuerpo se quedan exhaustos pero satisfechos.

Imposible dar más.

Cuaderno de Bitácora para un viaje a Tokio

Cómo llegar a Tokio:

Hay varias líneas aéreas que tienen vuelos directos entre España y Japón. Otras compañías enlazan con la capital japonesa haciendo escala en alguna ciudad europea o de Oriente Próximo. Dependiendo del presupuesto del que dispongas, te irá mejor una u otra posibilidad.

Volar con Jal, Japan Airlines, las líneas aéreas japonesas, es una experiencia muy agradable y muy recomendable.

Cómo llegar desde el Aeropuerto de Narita a la ciudad de Tokio:

Hay cerca de 70 kilómetros de distancia entre el Aeropuerto de Narita, el más importante de Japón, y la ciudad de Tokio, pero existen varios sistemas de conexiones, por autobús y tren, que comunican las terminales con el centro de la capital. Los taxis tienen unos precios bastante altos y el tráfico de entrada a Tokio puede retrasar tu llegada mucho más de los 53 minutos que, normalmente, tarda en llegar el tren. Además, si posees la tarjeta de Japan Rail Pass, el servicio ferroviario puede estar incluido. Consulta los detalles en la web del Aeropuerto de Narita o en la de expedición de la tarjeta.

Asakusa es uno de los lugares de interés de Tokio que no debes perderte en tu viaje a JapónCómo moverse por Tokio:

La capital de Japón es ciudad para callejear. La mejor manera de moverse por Tokio es andando o en transporte público que, en condiciones normales, también es lo más recomendable para moverse por el resto del país.

Consulta los precios y posibilidades de la Japan Rail Pass de acuerdo a las fechas previstas para tu viaje a Japón y los lugares que tienes pensado visitar. También existe un guía de turismo para  usuarios de esta tarjeta de transporte. Consulta toda la información en su web japan-rail-pass.es.

Hoteles en Tokio:

En Tokio puedes elegir entre una amplia oferta de alojamiento, desde los hoteles cápsula hasta los de gran categoría. Entre estos, nos quedamos con Tokyo Balcony, con unas magníficas vistas de la Bahía de Tokio, aunque algo alejado de los principales lugares de interés de la ciudad.

Si estás interesado en alojamientos japoneses tradicionales como onsen o ryokanes, lo más interesante es que los pruebes fuera de Tokio; por ejemplo, en la isla de Miyajima o en Sapporo.

Si decides dormir en un ryokan, no te pierdas una cena kaiseki ryori: la gastronomía japonesa más tradicional en la forma y en el fondo.

Qué ver en Tokio en tres días:

Tres días en Tokio son siempre pocos para conocer la ciudad pero como tampoco es fácil regresar a Japón, si aprietas el paso y planificas bien tu agenda de visitas, podrás conocer estos lugares de interés:
Asakusa y Templo de Senso-ji:

Son lugares bastante turísticos pero merece la pena conocerlos como aproximación a la espiritualidad japonesa. Además, si estás interesados en los objetos de papel y en dulces típicos (kaminariokoshi) podrás encontrarlos en la cercana calle Nakamise.

Santuario Meiji Singu. 

El Santuario Meiki Singu es el centro sintoísta más importante de Tokio. Muy bello.

Mercado de Tsukiji. 

El mercado de pescado de Tsukiji está considerado como el mercado mayorista más importante y grande del mundo. Antes de que cambiara su ubicación, era uno de los lugares legendarios de Tokio. Ahora, con el aumento de las visitas turísticas, quizá haya perdido parte de su encanto original, aunque para los amantes de la gastronomía y de la cultura y de la economía asociadas a ella, tienen que madrugar para verlo de primera mano. Además, hay que tener en cuenta que las subastas de atún no son su único atractivo: se venden cientos de otras especies marinas, además de frutas y verduras frescas.

Si quieres asistir a las subastas de pescado del mercado de Tsukiji tendrás que llegar sobre las 5 de la mañana o, incluso, antes. Hay cupos de 120 personas diarias y la entrada es gratuita. Puedes consultar más detalles en la web oficial de Tsukiji Market, con información en inglés.

Un crucero por el río Sumida

Una buena manera de llevarte una imagen lo más global posible de Tokio es dedicar dos o tres horas a recorrer el río Sumida en uno de los cruceros que surcan sus aguas y en los que se va explicando la evolución de la ciudad, sus principales edificios y parques, etc.

Miradores de Tokio.

Dos de los mejores miradores de Tokio están en la planta 45 del rascacielos del Gobierno Metropolitano (Shinjuku) y en Roppongi Hills. Si te gusta la fotografía o las vistas aéreas, elige al menos uno de ellos.

Isla artificial de Odaiba:

Aquí está el hotel que mencionábamos antes, Tokyo Balcony, pero aunque no te alojes en él, merece la pena que visitas la isla artificial de Odaiba por dos razones: la primera, por el viaje en tren ligero a través del Rainbow Bridge. La segunda, por las vistas que desde aquí se tienen del skyline de Tokio, tanto de día como de noche. Si te decides por hacer este trayecto, intenta sentarte en el primer vagón del tren ligero para tener las mejores vistas.

Por cierto, no te pierdas la Estatua de la Libertad en miniatura que hay en la Isla de Odaiba.

Cruce de Shibuya y estación de Shinjuku:

Dicen que el cruce de Shibuya y la estación de Shinjuku son los más transitados del mundo. Merece muchísimo la pena perder una tarde en estos lugares por las impresiones que producen. Son rincones apabullantes.

Si tienes más suerte y puedes pasar más días en Tokio, podrás ampliar la lista de lugares de interés a visitar con excursiones a lugares como Nara.

Gastronomía en Tokio:

Quien desembarque en Tokio con una mochila llena de embutidos y pan (los hay) se perderá una gran aventura. Además, comer en Tokio es barato: okonomiyaki (pizza japonesa),  tonkatsu (filete de cerdo con arroz, sopa de miso y repollo), carne de Kobe y de Hida o fideos, (udon, soba o ramen), que se pueden sorber ruidosamente porque es de buena educación.

Libros sobre Japón:

El crisantemo y la espada, Ruth Benedict. Alianza Editorial.

El aventurero de Dios, Pedro Miguel Lamet. La Esfera de los libros.

Introducción a la cultura japonesa, Hisayasu Nakagawa. Editorial Melusina.

La fórmula preferida del profesor, Yoko Ogawa. Editorial Funambulista.

El haiku de las palabras perdidas, de Andrés Pascual. Random House Mondadori.

Sombras quemadas, Kamila Shamsie. Editorial Salamandra.

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