Sicilia, de cine

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Es el mejor trozo de pizza del Mediterráneo: con el borde crujiente y dorado y un interior intenso y sabroso. La Trinacria italiana, a veces más cercana al continente africano que al europeo, despliega su abanico cultural a fuerza de volantazos y paradas imprevistas. Recorrerla en coche es (imaginamos) como ponerse en la piel de Claudia Cardinale; una experiencias voluptuosa, divertida e inolvidable.

Cuando Palermo, desconchada pero frenética, vitalista y fresca, queda atrás, el cuerpo y la mente se concentran en Corleone. El campo se extiende, de un dorado furioso, a diestra y siniestra y el airecillo cosechero se lleva en volandas las palabras “mafia”, “Marlon Brando”, “Padrino”… Lo curiosos es que la película norteamericana no se rodó nunca en la isla italiana, al contrario que Salvatore Giuliano (1961) otra cinta sobre ese fenómeno social que, kilómetro a kilómetro se va sumergiendo en la maleta, hundida por el peso de los fenicios, los griegos, los romanos, las playas tranparentes, los pistachos, las buganvillas y los volcanes. De hecho, Corleone queda eclipsado por Monreale, la catedral árabe-normanda que aletea sobre la Conca D`Oro de la isla, con sus mosaicos que parecen pinturas y las 228 columnas de mármol de su claustro.

Marionetas típicas de Sicilia
Las marionetas son una buena compra para traerte como recuerdo de Sicilia.

Verdades irrebatibles

Aquí no es oro todo lo que reluce, pero tampoco hace falta. El sol hace que cada jornada parezca un verano interminable, repleto de pasta, sal y ruinas arqueológicas más o menos actualizadas. Quizá todo haya sido así siempre. Quizá por eso Esquilo, el padre de la tragedia griega, se quedó a vivir aquí y ayudó a hundir las raíces del teatro en una isla próspera, la más grande del Mediterráneo. Quizá por eso los sicilianos son tan gesticulantes y quizá también por eso sus letras le han regalado al mundo dos Premios Nobel, Salvatore Quasimodo y Luigi Pirandello, maestro del escenario al que todavía se recuerda sobre las tablas palermitanas, porque los graderíos clásicos, en Taormina o Siracusa, prefieren recuperar los textos antiguos, aprovechando que las vistas hacia la que fueron construidos se mantienen intactas.

Teatro de Taormina en Sicilia
El Teatro de Taormina es uno de los lugares más bonitos, y visitados, de Taormina.

Más preocupados por el comercio y la cultura que por la guerra, los griegos acabaron perdiendo el control de Sicilia, a pesar de que Arquímedes centrara gran parte de su ingenio en las armas defensivas que retrasaron su caída a manos de los romanos, que la convirtieron en el granero del imperio pero también en un destino de lujo. Y si no, que se lo digan al propietario de la Villa del Casale, que vivía a cuerpo de rey, entre pinares, playas y chicas esculturales en biquini.

El gotero de la Historia justifica que los sicilianos sean tan intensos: hijos de varias culturas, de dos continentes, de distintas épocas, sus reliquias y leyendas siguen alimentando, como hicieron en los siglo XVIII y XIX con los viajeros adinerados que se iniciaban a la vida con un Gran Tour, los estómagos sibaritas y las imaginaciones disparadas… Porque no hay razón para no creer que Segesta fue fundada por los supervivientes de Troya o discutirle a Píndaro que Agrigento era y es “la más bella de las ciudades habitadas por los mortales”, una verdad que cae como los templos de su famoso valle, por su propio peso, sobre la conciencia del conductor precavido que sortea las curvas y las motos para arrancarle horas al día y seguir viendo, sintiendo, descubriendo…

El castillo de Nelson que puedo cambiar la Historia

De norte a sur, una vida no sería suficiente para abarcarlo todo. Sólo Palermo, el Panormos, o puerto, fenicio, es un ovillo infinito de historias e iglesias, desde la ‘cubista’ de San Cataldo, hoy en manos de los Caballeros del Santo Sepulcro, hasta la excesiva del Gesú, uno de los mayores éxtasis barrocos que se pueden disfrutar en el mundo. El contrapunto mundano lo ponen sus plazas, (la de la Victoria, la Marina), y sus mercados, con el de la Vucceria al frente, repleto de puestecillos y pulpillos que se sirven al dente.

Teatro de Palermo Sicilia
El Teatro de Palermo es un lugar de interés en Sicilia

Y es que Sicilia nunca pierde su lado carnal: el que aligera los templos milenarios de Zeus, Castor y Pólux gracias al ronroneo de las motos eléctricas que sirven para llegar de uno a otro; el que transforma las murallas ciclópeas de Erice o la solemnidad de la catedral Normanda de Cefalú en el dibujo coloreado de sus puertos de pescadores… El que enfría el perfil acalorado del Etna, el mayor volcán todavía activo de Europa… A cuya vera se reinventan cíclicamente ciudades como Catania, con su barroco lávico del XVIII, o Noto, también reconstruida casi por completo tras el terremoto de 1693.

Kilómetros de seducción imprescindible y perdurable, de balcones con ropa tendida, chocolate azteca, frutas confitadas y personajes históricos… Dicen que Horatio Nelson nunca fue a ver el castillo que el rey Fernando de Borbón (III de Sicilia y IV de Nápoles) le regaló en 1799, junto con el título de duque de Bronte. ¡Pobre hombre y pobre España! Porque si lo hubiera conocido, lo más probable es que jamás hubiera participado en Trafalgar. 

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