El umbral de la eternidad: el fin más humano de la trilogía de Follett.

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El umbral de la eternidad de Ken Follett es un buen libro si te interesa por qué se construyó y qué es el Muro de Berlín.

Ken Follett cierra su trilogía histórica con una novela repleta de emociones y de acontecimientos históricos. Entretenida y ágil, variada, viajera y muy musical, El umbral de la eternidad engancha y refresca sucesos trascendentales que todavía hoy condicionan el devenir de los acontecimientos. Leerlo coincidiendo con el aniversario de la Caída del Muro de Berlín o durante el 17 de noviembre –inicio de la Revolución de Terciopelo checa– es una suerte que multiplica por dos el atractivo de la novela con la que el autor de Los pilares de la tierra cierra su trilogía sobre el siglo XX.

Si las entregas anteriores de la trilogía de Ken Follett sobre el siglo XX (La caída de los gigantes y El invierno del mundo) eran interesantes desde un punto de vista histórico, El umbral de la eternidad gana, por la proximidad de los sucesos que aborda, en h(H)umanidad. Sobre todo ahora, que parece que todo circula a velocidades punta por los diferentes canales informativos y por nuestras cabezas, como si quisiéramos forzar la distancia entre nuestros días y los del pasado reciente.

Porque hubo un tiempo, no tan lejano, en el que el mundo estuvo dividido por el Telón de Acero y el Comunismo campaba a sus anchas en Europa del Este (y no sólo). Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que la segregación racial era lo habitual en Estados Unidos (y no sólo), y la homosexualidad se consideraba delito en Inglaterra (y no sólo); una época en la que la música era protesta y el pelo largo o el estilo de la ropa armas subversivas a las que los extremistas de cualquier bando –ultraconservadores capitalistas o rancios comunistas- temían más que a cualquier amenaza bélica… Muy interesante, por cierto, el planteamiento (divulgativo) que aquí se hace sobre la crisis de los misiles de Bahía Cochinos, los primeros pasos de la Unificación y el desarrollo de la política de la antigua URSS.

Follett considera que la Humanidad avanza en positivo. No vamos a llevarle la contraria, aunque sólo sea por nuestro natural optimista, a pesar de que cabe preguntarse si por cada paso hacia delante que damos, siempre más lento de lo que sería deseable, no retrocedemos dos o, al menos, medio.

Pero además del argumento histórico de El umbral de la eternidad, salpicado en cada caso con anécdotas y curiosidades que invitan a reflexionar de nuevo sobre los discursos oficiales (al calor, además, de documentos publicados en la actualidad) está la dimensión personal, aunque ficticia y, a veces, demasiado teatralizada… Concesiones de estilo, claro. En ese sentido, El umbral de la eternidad vuelve a ser, y no sólo por el ambiente floral de los 70, un canto a la libertad, a la individualidad, al contraste de ideas y el desarrollo de sociedades responsables y abiertas a lo diferente, mucho más tajante si cabe cuando se aborda la situación de quienes quedaron bajo la órbita comunista, no sólo en Berlín oriental.

Entre líneas, Ken Follett dice, aunque no lo reconozca, mucho más: humanizando a los protagonistas de los manuales de Historia y planteando historias que podrían ser, y de alguna manera son, las de cada uno de nosotros, entonces y ahora.

Qué: El umbral de la eternidad, de Ken Follett.

Quién: Plaza y Janés.

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