La conjura de Cortés: libros de aventuras para un verano pirata

Martín Ojo de Plata repite libro de aventuras con la firma de Matilde Asensi

Hay un mucho de ilusión y un poco de nostalgia en “La conjura de Cortés” (Planeta), la tercera entrega de la saga de Martín Ojo de Plata de Matilde Asensi. Porque, si se acaban las aventuras de esta intrépida aventurera, travestida de pirata, ¿qué esperanza nos queda a quienes hemos querido -y queremos- surcar los mares a lomos de un velero bergantín? Quienes hemos crecido leyendo a Verne, a London y a Salgari, incluso a Los Cinco y a Los Hollister, sentimos que esta Catalina marinera nos devuelve a esa patria de la juventud en la que cada libro era una aventura absoluta.

Porque esperas que te vuelva a llevar de viaje por esa parte del mundo donde todo es libertad y emoción, la que siempre queda por conocer, cartografiar, conquistar y bautizar; por esa parte de la imaginación que estuvo y está libre y asalvajada, un poco descalza y despeinada, como todos soñamos pasar el verano, y que todavía pervive, aunque agazapada por las preocupaciones, las malas noticias y esa extraña manera que tiene la sociedad de entender el proceso de maduración… Que más que caerse uno de un guindo se arrea cabezazos contra su tronco, por si no fuera suficiente con ir acumulando achaques y desengaños.

Menos mal que con “La conjura de Cortés” todavía hay páginas para la ilusión, para los malos y los buenos, para los combates son sabor a sal, el romanticismo un poco ingenuo, las persecuciones en tierras por descubrir y los tesoros escondidos, con mapa indescifrable de por medio. Con un trasfondo, a caballo entre la Historia y la leyenda, que reflota ese cuidado “asensiano” por la documentación detallada y bien hilada. Y que la protagonista sea, una vez más, una mujer disfrazada de hombre, no hace si no añadir un poco de sal al guiso, porque despierta la admiración de ellos y reanima las ganas de las aventureras de rompe y rasga. El travestismo limpio de Catalina/ Martín, demuestra además, con acciones y el respeto acumulado de sus seguidores, todos varones, conscientes de su verdadera identidad, que los límites, ni entonces ni ahora, no los ponen las enaguas o los calzones, ni siquiera el conocimiento de la verdad, si no los tópicos establecidos que interesan a quienes tienen la sartén por el mango, aunque un poco más chillona.

Qué: La conjura de Cortés, de Matilde Asensi

Quién: Planeta

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