Un ensayo para ciudadanos independientes

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Si fuéramos profesores sugeriríamos (de manera obligatoria J) la lectura de “Todo lo que era sólido”, de Antonio Muñoz Molina. Porque la mirada serena y concienzuda que le echa al pasado más próximo, tan cercano que todavía es presente porque sus consecuencias siguen lastrando el día a día, es el caminito de migas que debemos seguir para entender por qué hemos llegado a este punto y, lo más importante, perseverar en el cambio indispensable.

“La excelencia puede ser emulada igual que la mediocridad, y la buena educación se contagia igual que la grosería (…) Que cada uno haga su trabajo, decía Camus (…) Que cada uno elija ser un ciudadano adulto en vez de un hooligan o un siervo del líder”.

¿Por qué la especulación, la corrupción, el trapicheo, lo peor de los ‘nuevos ricos’ ha llegado a convertirse en el pan-nuestro-de-cada-día de España y los españoles? ¿Porqué hemos perdido el interés por un sistema democrático aún joven? ¿Por qué hemos dado por hecho los derechos que en la mayor parte del mundo son todavía privilegios? Todos somos responsables, por acción o por omisión. Y todos, aunque no desviáramos la mirada en los momentos clave, conscientes de la debacle que se preparaba, tenemos la responsabilidad, el deber de provocar el cambio, en el día a día y en los momentos excepcionales. Leer este ensayo es parte de ese proceso de reseteo que, individual y colectivamente, debemos hacer y contagiar.

“Es asombroso que se hayan gastado tantas energías en hacer daño, en estorbar las vidas de los otros, en ensuciar el espacio que al fin y al cabo es común, en destruir por ceguera o rapiña inmediata lo que habría sido una fuente duradera de riqueza… Y sería desolador que esta crisis no sirviera ni para aprender de los errores, si no para repetirlos y agravarlos”.

Habrá quien se ría, escéptico, y diga que nada cambiará, que sólo lo leerán e interiorizarán los de siempre, los honrados y trabajadores de los que tan poco se habla que parece que no existen, aunque están ahí. Pero no hay más alternativa que la implicación y el compromiso; el cambio, a mejor, #entretodos. Porque ser europeo no es tener más dinero, si no disfrutar de seguridad en las calles, de educación humanista, de visión universal y vocación social, de servicios sanitarios responsables y de calidad. Y si los de arriba no sirven, habrá que cambiarlos sin excusas ni rodeos; que la Democracia no es el sistema perfecto pero sí el mejor de cuantos se conocen y para funcionar necesita ciudadanos libres, adultos, preparados, capaces de arrimar el hombro y pensar con independencia y criterio. Y esos somos nosotros. Y para nosotros se ha escrito este ensayo.

“Tan sólo unos años después de enfrentarse en la Segunda Guerra Mundial, los franceses y los alemanes fueron capaces de ponerse de acuerdo para crear el germen de la Unión Europea: no debería ser descabellado que los caciques de la clase política españolas y los sectores más politizados de la ciudadanía alcanzaran ciertos acuerdos fundamentales después de treinta y cinco años de democracia. No se trata de renunciar a lo que uno es: es aceptar la parte en la que nos parecemos a otros, lo que tenemos en común que nos constituye tanto como lo que nos diferencia. Habrá que hacer ahora la pedagogía democrática aplazada de la aceptación verdadera del otro, la fraternidad objetiva de la ciudadanía por encima de la consanguineidad de la tribu”.

Qué: Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina

Quién. Seix Barral

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