Un viaje por la Historia de Málaga

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Un resumen con las mejores curiosidades de la Historia de Málaga.

Muchos de los museos actuales se deben a la Málaga industrial del siglo XIX.

Málaga, la Ciudad del Paraíso de Vicente Aleixandre, te camela con su pestañeo azul y su carcajada salada pero, sobre todo, por su gran oferta cultural, su movilidad sostenible y su ramillete de playas históricas, que la convierten en una de las mejores escapadas románticas de playa de Andalucía.

La Historia de Málaga se remonta a los fenicios y está marcada por el comercio y el Arte, dos aspectos que todavía son realidades palpables en sus calles y sobre las que se basa este viaje por la Historia de Málaga que te ayudará a saber qué visitar en Málaga capital.

¿Quién fundó Málaga?

Sobre sus cimientos fenicios, Málaga dibuja grafitis del siglo XXI sin pudor alguno. Su rastro de monumentos y museos, de leyendas, cementerios y parques, además de su legado industrial, merece, exige, salir de la arena y deambularla en busca  de ‘eso’ que la convierte en la ciudad it del Mediterráneo.

La maleta de Málaga rebosa de cachivaches varios. A partir de sus raíces fenicias, se erigen un teatro romano, las acequias musulmanas, una Catedral sin terminar desde la Reconquista o una calle que es un homenaje vivo a su pasado industrial. Y un puerto mestizo, hijo de todos los tiempos, desde el que antes partían pasas, vino y seda y por el que ahora llegan quienes, ojipláticos, alternan la playa y la espeta con los museos de Málaga y su arte urbano, tan nuevo y rompedor para España y para la cuenca mediterránea en la que se asienta la Historia de Málaga, que seguro que hasta Picasso hubiera regresado a casa, pese a los vetos, para pintar mano a mano con Obey una paloma gigante en cualquiera de sus fachadas asoleadas y blancas. Otro punch de su perfil de it girl urbana, con su mirada acuática y su sonrisa de quilla.

La Málaga del siglo XXI, irremediablemente vitalista, confirma que las fronteras no existen ni entre las civilizaciones, que transforman lenta pero firmemente lo anterior en lo futuro, ni entre los espacios artísticos, conectados los museos tradicionales de Málaga, (aquí 36 y muchos de ellos en antiguos palacios), con las plazas, las calles, los puentes y las fábricas de la Málaga industrial del siglo XIX. Porque lo funcional también puede adquirir, con la interpretación adecuada, categoría de arte. ¿Qué otra cosa es el turismo industrial? Por eso el faro La Farola aún preside, con su barriga blanca, uno de los paseos más populares y divertidos de la ciudad, al que cede su nombre, y la chimenea de la Central Térmica de Misericordia se considera Bien de Interés Cultural. ¿No fue también un faro fenicio el Castillo de Gibralfaro? Customizar, reciclar… Está todo inventado y suma para mejor si ésa es la voluntad.

Málaga industrial

Pero el arte es inexplicable sin el parné del comercio, en Málaga tan antiguo como el verdial, que también suena a mezcla, a influencias varias. Como el barro y el cristal, ingredientes modestos pero con los que todos los que por han pasado por estas tierras, (fenicios, romanos, musulmanes y cristianos), han dado forma a un paisaje singular, marcado por la cerámica dorada y las vidrieras, que se asoman a un mar rico y cálido, autopista de novedades y mano que, desde finales del XIX, mueve la cuna del turismo, transformado hasta casi no reconocerse a sí mismo a golpe de acuerdo internacional: porque es en Málaga donde se ha instalado la primera sede del Pompidou fuera de Francia y la primera delegación extranjera del Museo Ruso de San Petersburgo, que conviven con instituciones tan particulares como el Museo del vidrio y el cristal de Málaga. Acciones pioneras que hunden sus raíces en otras que también revolucionaron otras épocas: como la creación del Jardín Botánico- Histórico La Concepción por parte de los Marqueses de Casa Loring o la construcción de la Calle Larios por obra y gracia de Don Manuel Domingo, de apellido homónimo, impulsor de dos fábricas textiles, La Aurora y Malagueña S.A.,  fundamentales en la historia de la ciudad, capital económica de Andalucía, donde la industria textil tuvo una gran importancia durante el siglo XIX.

Vista de Málaga desde las cubiertas de la Catedral de La Encarnación, "la Manquita"

Vista de Málaga desde las cubiertas de la Catedral de La Encarnación, “la Manquita”

Los museos son uno de los grandes atractivos de Málaga

Malagueños famosos

Aunque, como en todas partes, los presupuestos han oscilado entre la abundancia y la carencia más absoluta. Tanto es así, que a la Catedral de La Encarnación de Málaga se la conoce como ‘La Manquita’ porque, pese a un parón secular, nunca tuvo fondos para terminar su torre sur.  Desde su altura y “por entre los tejados”, que diría Alberti, “se divisa la raya/ de la mar y mujeres charlando en una fuente”. Y boquerones hormigueando, a pie o en bicicleta, al caer la tarde, descendientes, lo sepan o no, de vecinos que se marcharon y dejaron su impronta fuera, incluso de nuestras fronteras, como Bernardo de Gálvez, María Zambrano o Antonio Molina, y de extranjeros que se asentaron aquí, amasando fortunas todavía vivas –Gross, Crooke- o abrazando la mejor de las inspiraciones. Gerald Brenan, amigo de Virginia Woolf, el poeta Jorge Guillén o Jane Bowles, la inconformista escritora neoyorquina, se mudaron y murieron en Málaga y hoy descansan en el camposanto anglicano y en el de San Miguel, ambos tan recomendables entre los cementerios del mundo y de España como los parisinos de Père- Lachaise y Montparnasse. Que también en ellos hay arte y belleza, reflexión sobre la condición humana y el mundo que nos rodea.

La Historia de Málaga a través de sus playas

Tampoco a las playas de Málaga les falta raigambre; más allá de los hamacas, los rastrillos y los bikinis, casi todas tienen una historia de tradición, desde las modestas de los cenacheros y jabegotes, con sus brazos y redes rebosando jureles, hasta las de liberales como Torrijos y sus hombres, que desembarcaron en la de San Andrés dispuestos a acabar con el absolutismo de Fernando VII, o la de otro rey, Alfonso XII, que aprendió aquí que las sardinas –uno de los platos más típicos que degustar en los restaurantes y mercados donde comer en Málaga– se aprecian mejor con los dedos y dio pie a que así se bautizara ese arenal.

La Historia de Málaga suma ya tres mil años en una maleta que parece el bolso de Mary Poppins: capaz de absorberlo y encajarlo todo con ingenio.

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