Las claves de los Monasterios de Suso y Yuso en San Millán de la Cogolla, La Rioja

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Por qué San Millán de la Cogolla y los Monasterios de Suso y Yuso están considerados la cuna del castellano.

Visitar San Millán de la Cogolla es uno de los mejores cinco planes en La Rioja.

La importancia de los Monasterios de Suso y Yuso, en La Rioja (Patrimonio de la Humanidad) está vinculada a las Glosas Emilianenses y Silenses y los orígenes del español. Si has leído estas palabras, no lo dejes, porque esta entrevista aborda los orígenes de ese idioma en el que piensas y con el que te comunicas. Además, en vídeo, los cantorales del Monasterio de Yuso, un tesoro cultural único en el mundo.

Javier García Turza, profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de La Rioja responde a nuestras preguntas sobre cómo, dónde y por qué el romance empezó a salir del cascarón del latín y dio pie al español y cuántas manos mecieron sus cunas. ¿Has pensado alguna vez en lo difícil que fue empezar a escribir en un idioma que sólo se hablaba, y de manera distinta en cada región ibérica? Sobre el diccionario que usaron, bastante desconocido, también hay secretos que contar.

La calle habla romance; las elites, latín

El latín dejó de ser la lengua materna de los pueblos peninsulares a partir del siglo VI. La calle empezó a hablar en romance (que no español o castellano) con sus variantes geográficas, carente, al principio, de una versión escrita, aún por ‘inventar’. Javier García Turza tira del hilo de la Historia y de sus investigaciones para contextualizar el descubrimiento de las Glosas Emilianenses (anotaciones manuscritas en los márgenes de algunos pasajes en latín) en los Monasterios de Suso y Yuso, en San Millán de la Cogolla, considerado tradicionalmente la cuna del castellano y uno de los lugares de interés de La Rioja por sus pueblos pintorescos y rutas

Aunque todos los hombres de la Iglesia, el clero secular y los monjes hablaban (latín), parece ser que los sectores laicos, en su conjunto, estaban cerrados a la latinidad. A pesar de lo cual, “la sociedad solía funcionar con el latín” porque sus hombres instruidos adquirían los conocimientos en la institución eclesiástica, “la única con capacidad para ello”. Esa capacidad educativa, esos fondos culturales y ese tiempo para el estudio propiciaron que fuera en los monasterios donde empezaran a pensar en trasladar al papel lo que desde los siglos IX-X era “la lengua materna de los distintos territorios” definida “por su pertenencia a los ámbitos políticos que los albergaban.” Es decir, que dependiendo de dónde se desarrollara, el romance se transformó a una velocidad determinada y con unas u otras influencias. “

Por qué el castellano va más rápido que otros dialectos

El dialecto castellano evoluciona con más rapidez que los otros y se muestra distinto a todos, con poderosa individualidad”, puntualiza García Turza, “mientras que el dialecto navarro-aragonés se asemejaría al de León, aunque es más tosco y más enérgico, quizá por el primitivo fondo vasco de la zona pirenaica. Además, está menos ligado que el leonés a tradiciones del pasado y más a particularidades locales. Por otra parte, Navarra y Aragón experimentaron la influencia del Mediodía francés.” Un crisol idiomático que tenía “muchos más los elementos semejantes que diferentes, de tal manera que los hablantes romances de las diferentes zonas ibéricas se entenderían sin aparentes problemas entre ellos.”

Frente a lo que se viene afirmando reiteradamente, una lengua no nace, antes bien, evoluciona y se hace. Del mismo modo, las Glosas (o ‘diccionarios’) emilianenses no nos informan ni del momento ni del lugar exacto en que comienza a existir el romance. Por ese motivo, denominaciones tales como «cuna del castellano», forman parte más del imaginario social que de la realidad de los hechos.”

Cómo empieza a escribirse el castellano

Ahora parece de Perogrullo pero en aquel momento nadie se había puesto a escribir el romance hablado. García Turza explica que ese proceso exigía una mente pensante preparada intelectualmente, algo que sólo se podía encontrar en los escritorios monásticos. Quienes se pusieron a ello sudaron, casi literalmente, tinta. “A nadie se le oculta que el convertir en códigos gráficos (caracteres escritos) los signos fónicos (el habla propiamente dicha) no era tarea de gente inculta; de ahí que la gestación de una lengua escrita vaya a suponer un desarrollo intelectivo elevado, que encontraría su marco adecuado en un centro consagrado al estudio, con una espléndida biblioteca y un gran escritorio, y situado en un lugar estratégico. Y estos elementos no habrían podido darse en cualquier centro religioso, sino en aquel que gozase de la protección continua de los monarcas. Este es el caso de San Millán de la Cogolla. También debo advertir que en lengua vulgar se debían de resolver dificultades muy concretas, como la de ser capaces de anotar los sonidos de las lenguas medievales con un alfabeto creado más de mil años antes para el latín arcaico.”

Con tantas dificultades, el proceso de poner por escrito el romance hablado llevo varios siglos. Hasta el XIII “el latín seguirá siendo la escritura dominante”. En época de Alfonso X se aceptó por fin “el romance en su variante escrita”, aunque la creación de “unas tradiciones escriturales más o menos estables” no concluyó, por decirlo de alguna manera, hasta el siglo XV.

Qué distingue las Glosas Emilianenses de las demás (que las hubo)

De aquellos primeros escritos en romance, las Glosas Emilianenses son los más conocidos y los que otorgan a San Millán de la Cogolla el título popular de ‘Cuna del castellano’. “De su escritorio surgieron, y no por casualidad, los primeros, los más abundantes y los mejores textos escritos de una lengua que ya no es latín, que denominamos romance, y que nos hablan del enorme caudal de conocimientos y de medios con que contaban los monjes emilianenses en la Alta Edad Media.

Huyamos de decir que aquí ni en otro lugar nace nada; sólo que de las plumas de los escribanos de estos monasterios surgen los primeros escritos en romance, pero nunca en castellano (al menos para el caso de La Rioja).

Las Glosas Emilianenses fueron las que los monjes anotaron en los márgenes de los textos en latín con dos objetivos: enseñar mejor ese idioma a sus alumnos “romances o vascuences, que no lo dominaban” en una “fase de enseñanza muy romanceada” y evangelizar, porque “el tema de que tratan los aspectos glosados encamina hacia la concepción de un monje predicador que glosa para aclarar un pasaje del que ha de servirse en su tarea pastoral. Los textos en los que aparecen mayor número de glosas son una meditación sobre las señales que precederán al Juicio Final (glosas 11-29) y, sobre todo, los sermones de Cesáreo de Arlés, destinados al adoctrinamiento de las gentes. En cuatro de estos sermones aparecen ciento dieciséis glosas (de la 30 a la 145).”

Esa temática espiritual, casi abstracta, más difícil de traducir, hace que las Glosas Emilianenses tengan mayor trascendencia que otras anotaciones anteriores en el tiempo, como la Nodicia de Kesos de León (datada entre los años 974 y 980), un inventario de quesos, “algo más elemental” que hizo un monje muy práctico. “Sin intentar rebajar ni un ápice la importancia de este texto, entiendo que las dificultades de los monjes a la hora de comentar las Glosas Emilianenses debería ser mayor, ya que los contenidos a glosar eran complejos y dedicados a funciones de mayor relevancia”, plantea García Turza. “En cualquier caso, todos los términos romances resultan preciosos para entender el proceso de escritura en la lengua madre.” El proceso constructivo de las glosas es general y no se produce de forma exclusiva en La Rioja. Dicho esto, hemos demostrado que en San Millán no sólo se encuentran los textos considerados como más antiguos, sino que, al día de la fecha, allí se escribieron los de mayor trascendencia y en un número muy superior a los restantes.”

El Padre José Luis Untoria ojea uno de los cantorales que se guardan en la biblioteca del Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, La Rioja.

San Millán de la Cogolla es popularmente conocida como la 'cuna del castellano'

La tumba de San Millán, en el interior del Monasterio de Suso, Patrimonio de la Humanidad, junto con el de Yuso desde 1997.

Código 46: el diccionario desconocido

Anterior a las Glosas Emilianenses y Silenses y a la Nodicia de Kesos es el Códice 46 (atendiendo a la signatura de la Real Academia de la Historia), “redactado”, explica el profesor riojano, “en el escritorio de San Millán de la Cogolla en el año 964 (la fecha está recogida en el colofón)”. Pero su importancia no radica sólo en la antigüedad, si no en su contenido, “un diccionario latino-latino, impregnado de palabras y frases romances o romanceadas, por lo que se convierte en un instrumento imprescindible para el conocimiento de los orígenes de la lengua española. Su contenido”, continúa García Turza quien, junto a su hermano Claudio, encabezó el estudio de los Glosarios altomedievales como éste, “recoge unas cien mil acepciones y más de diez artículos”, muchos de los cuales “sirvieron de modelo para la copia y transmisión de las glosas hispánicas, tanto de las Emilanenses y Silenses como de otras recogidas en distintos códices: imaginaros a un alumno actual de cualquier asignatura. Cuando en su manual aparece una palabra que no conoce, recurre a un diccionario para consultar su significado. De este modo, las Glosas Emilianenses serían el manual; el Códice 46, el diccionario.” Pero además, el Códice 46 también “recoge numerosas glosas escritas en alemán, lo que le convierte en un precioso instrumento para el conocimiento de las glosas germánicas. No descarto”, añade, “que un futuro cercano se dé un salto cualitativo importante y que se puedan determinar con certidumbre las fechas en que se escribieron tanto las Glosas, como la Nodicia o el Cartulario de Valpuesta, lo que no quiere decir que sea fácil, dado que los fondos antiguos de nuestros archivos han sido estudiados. Pero jamás debemos dar por zanjado un tema de estudio; la investigación es algo vivo y en constante cambio.”

El mundo académico vs intereses políticos y regionalistas

¿Y por qué el público en general no tiene ni idea de la importancia del Códice 46? Porque “el imaginario colectivo, en especial el que sale de los discursos de los políticos y de las plumas de los periodistas, todavía sigue anclado en las Glosas Emilianenses. Me temo, aunque esto es un presentimiento personal, que será improbable, por no decir imposible, que estas tendencias cambien. En cualquier caso, un estudio definitivo del tema de los orígenes de la lengua romance escrita pasaría por aunar las voluntades de los estudiosos de los distintos territorios, en especial los del antiguo Reino de Castilla, porque no hay que olvidar que los recelos de carácter regional no son positivos para los fines que queremos alcanzar. No hemos de olvidar algo obvio: aunque la importancia de los textos hallados sea, sin duda, mayor en (los de) San Millán, estas tendencias a escribir en lo que se llamará romances arraigan fuertemente en La Rioja y Castilla, esto es, en los alrededores de San Millán, Cardeña, Silos y quizá Oña, Burgos e incluso más al oeste”, argumenta García Turza.

Los mismos intereses políticos han influido en que el término más utilizado para referirse al lenguaje de las glosas sea “castellano” y no “romance”, el más correcto desde su punto de vista. Y es que las características lingüísticas de los comentarios o de los artículos (de las glosas o los glosarios) estarían escritos en un registro que tiene elementos riojanos, navarros, aragoneses, también castellanos, etc. Además, hasta 1076, el territorio actual de La Rioja estaba bajo el dominio del Reino de Pamplona. Por lo tanto, sería una enorme imprecisión denominar a estas formas escriturarias castellanas. Ahora bien, esto no quiere decir que nuestros próceres, animados de un espíritu claramente nacionalista, se hayan dejado llevar por sus ánimos y utilicen constantemente la voz ‘castellano’. Como posible justificación, podríamos pensar en que metan en el mismo saco la labor de aquellos primitivos escribanos con la de Gonzalo de Berceo. No en vano, a ambos sucesos les separan tres siglos, y para cuando escribe su obra este poeta, Castilla ya era una imparable realidad. Para este momento, la reconquista está en Andalucía y, como bien sabéis, toda obra de ampliación territorial debe acompañarse de una unidad lingüística.

Pero en el otro extremo de la relación San Millán– lengua española figura un poeta (riojano) que determina, en alta medida, el modo de ser y de configurarse de la lengua española: Gonzalo de Berceo enriquece notablemente de cultismos a la lengua española (…) aportando un valiosísimo vocabulario proveniente del latín que, en gran parte, ha perdurado hasta la actualidad, además de recurrir a fórmulas de la literatura oral tradicional y del Mester de Juglaría. Por todo esto, pasó a ser considerado como el primer poeta de la literatura castellana.”

¿Cómo sobrevivieron las Glosas Emilianenses y cómo saltaron a la fama?

Si tenemos en cuenta su antigüedad, la fragilidad del soporte en el que fueron escritas y los avatares por los que ha atravesado el actual territorio riojano, sin olvidar los procesos desamortizadores y de persecución religiosa, cabe preguntarse cómo han llegado las Glosas Emilianenses hasta nuestros días. Tras una primera exclaustración de los monjes de San Millán en 1820, que supuso la salida de los códices hacia Burgos, y el regreso de 75 de ellos tres años más tarde, “en 1835 sufrieron la desamortización de Mendizábal, que conllevó el abandono del monasterio y su inevitable destrucción. Es en aquel momento”, explica Javier García Turza, “cuando los fondos monásticos salen hacia Burgos, después hacia Madrid, y desde mediados del XIX se albergan en la Biblioteca de Real Academia de la Historia.”

Su salto al estrellato tiene dos fases; la primera, por la publicación, hace casi 80 años, de ‘Glosas Emilianenses’ de D. Ramón Menéndez Pidal, en los preliminares de sus ‘Orígenes del Español’. La segunda, por los estudios “con motivo de la celebración del 15º centenario del nacimiento del santo Millán, en el año 473, y de la solemne fiesta milenaria del así llamado «Milenario de la Lengua Castellana», en noviembre de 1977.

Las Glosas Emilanenses y Silenses son las más importantes pero no las únicas ni las más antiguas, y eso enriquece el patrimonio cultural de España, y nos da una visión más amplia de aquella realidad, de la contribución que cada lugar, y hubo varios, no sólo uno, como el profeso García Turza ha recalcado a lo largo de esta entrevista. Todos contribuyeron al afianzamiento de aquel idioma romance que acabó derivando en el español, que hoy utilizan más de 500 millones de personas*, lo que le convierte en el “segundo idioma de comunicación internacional” en todo el mundo, según el último estudio’ El español en cifras’ del Instituto Cervantes (2103).
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