Vangenheim, el meteorólogo antihéroe

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Coincidiendo con el centenario de la Revolución Rusa, Libros del Asteroide publica El Meteorólogo, una novela en la que Olivier Rolin disecciona el miedo y la incomprensión, individuales y sociales, de las purgas estalinistas.

En 1917, Rusia dio un golpe en la mesa de la Historia y la puso patas arriba durante cerca de 60 años haciendo un uso del miedo como pocas veces se ha conocido en ningún otro lugar del mundo, sobre todo durante el gobierno de Stalin. Un miedo que el escritor francés Olivier Rolin denuncia en su novela “El meteorólogo” (Libros del Asteroide) pese a que él, intelectual hijo de su generación, simpatizó con el Comunismo de los 70 y todavía defiende una rusofilia que le lleva a evocar con emoción y una gran sensibilidad los paisajes de la taiga y los grandes títulos de la Literatura rusa. Pero al contrario que el personaje principal de esta investigación, Rolin se sacudió el yugo de la fe ciega y, con el tiempo, se posicionó en la crítica que, señala, ha faltado en una Europa que ahora se alarma “y con razón, por los riesgos de ver reaparecer la inhumanidad en Rusia”.

Rolin habla en nombre de las víctimas de las purgas estalinistas a través de la historia real de una de ellas, el meteorólogo Aleksei Vagenheim, un hombre normal y obediente, padre de familia, entregado a la causa comunista, convencido de que el trabajo del pueblo era garantía de un progreso imparable y de que él, a través de su especialidad, podría contribuir a mejorar las cosechas, mitigar el hambre y mejorar la calidad de vida de sus compatriotas. Primer director del servicio de meteorología de la URSS, Vagenheim se interesó también por la influencia del clima en la salud de las personas y por el aprovechamiento de las energías solar y eólica, que eran, afirmaba, el futuro de Rusia. Pero su carrera prometedora y su agradable vida familiar se vieron truncadas por una repentina e inexplicable detención, seguida de la deportación a uno de los primeros campos de concentración rusos, en las Islas Solvocki, en el Mar Blanco, que llegaría a ser la Dirección Central de los Gulag. Allí fue donde Rolin encontró un cuaderno con las cartas y las láminas que Vagenheim enviaba a su única hija, Eleonora. Deliciosos y delicados, algunos de esos dibujos y adivinanzas están incluidos en la edición de El Meteorólogo de Libros del Asteroide, reforzando, casi sin quererlo, el impacto brutal que la prosa sobria y afilada de Rolin provoca cada vez que se abre El meteorólogo, un libro aparentemente inofensivo en su pequeñez azul, con sus inocentes nubes flotando en el cielo impasible de la portada pero que en realidad esconde una trampa.

Porque bajo su apariencia dulce, “El meteorólogo” de Rolin esconde unas páginas de calado a partir de la reflexión profunda de su autor sobre el perfil de las personas normales –anti heroicas- que fueron arrolladas por ese miedo al que no se pone nombre casi hasta el final pero que pasa en tromba borrando el nombre de Vagenheim de los estudios que realizaba, acallando la búsqueda de su esposa entre amigos y autoridades, recluyéndolo en un campo de concentración del que es trasladado sin aviso hasta una zanja perdida en medio de un bosque, junto a otros cientos, miles de personas, asesinadas primero de un tiro en la nuca y luego con el silencio histórico que Rolin machaca a golpe de letra. Y quizá, sólo quizá, provocando la muerte, décadas después, de una Eleonora científica que había aprendido a contar con los dibujos de hojas y frutos de su padre ausente.

EL meteorologo de Olivier Rolin Libros del Asteroide

Este año se cumplen cien del inicio de la Revolución Rusa con un dirigente en el Kremlin que no hace más que alentar lo peor de un espíritu nacional –peligrosa y delicada etnicidad rusa transnacional- construido sobre el agravio extranjero, la obediencia ciega y el miedo. Así que este año hay que leer “El meteorólogo” por dos razones fundamentales: por disfrutar la estética de la prosa de Rodin y por reflexionar sobre esa realidad añeja pero casi recién descubierta que nos afecta por haber ocurrido y por lo que de ella se ha filtrado a nuestro presente europeo.

Y en esa atracción, casi incomprensible, que El meteorólogo ejerce desde su primera y más bucólica página, espero que también tengan la oportunidad de evocar otros títulos, como me ha sucedido; desde Archipiélago Gulag o Una pasión rusa –salvando las distancias- hasta La hija del Este o A sangre fría, donde también menos es más.

Quien tenga más hambre de Rusia y de Libros del Asteroide, que no se pierda tampoco La vuelta a Europa en avión, del genialísimo y desconocido periodista Manuel Chaves Nogales: una crónica de su viaje por Europa que dedica una gran atención al aspecto social del régimen bolchevique y llega a entrevistarse con Ramón Casanellas, asesino de Eduardo Dato.

Qué: El meteorólogo de Olivier Rodin

Quién: Libros del Asteroide.

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