La Mezquita de Córdoba es Patrimonio de la Humanidad desde 1984

Por qué visitar la Mezquita de Córdoba [ACTUALIZADO 2021]

Curiosidades por las que merece la pena visitar la Mezquita de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad desde 1984 y uno de los edificios más singulares del mundo

Durante un tiempo la Mezquita de Córdoba fue la segunda mayor mezquita del mundo, por detrás de La Meca. Además, la Mezquita de Córdoba es una construcción única por la cantidad de estilos arquitectónicos que conserva: mudéjar, omeya, barroco, gótico y renacentista. El Patio de los Naranjos y la Torre de la Mezquita de Córdoba (de 54 metros de altura) son otros dos motivos por los que visitar la Mezquita de Córdoba. La variedad y calidad de su arquitectura y decoración contribuyeron a que la Mezquita de Córdoba fuera declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984.

Mezquita de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad

Visita guiada por la Mezquita de Córdoba

Una visita guiada es una de las mejores formas de sacar partido a tu visita a la Mezquita de Córdoba. Podrás descubrir muchas de sus curiosidades y secretos y entender mucho mejor la sucesión de estilos y de usos que se han sucedido a lo largo de los siglos.

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Merece la pena visitar la Mezquita de Córdoba porque la constante ampliación y mejora de sus espacios la convierten en un monumento único en el mundo. Sus muros resumen la evolución del estilo Omeya, al que hay que sumar muestras excepcionales del arte gótico, renacentista y barroco. El conjunto fascinó al mismísimo Alejandro Dumas, que escribió un libro de viajes titulado “Córdoba, impresiones de un viaje” sobre sus andanzas por estas tierras. En 1984, la Mezquita de Córdoba fue declarada Patrimonio de la Humanidad por su valor artístico e histórico. En 1994 se incluyó en la consideración de Patrimonio de la Humanidad al entorno urbano de la Mezquita de Córdoba.

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Estilos de la Mezquita de Córdoba

Visitar la Mezquita de Córdoba es viajar a través del tiempo para ver con nuestros propios algunos de los estilos arquitectónicos más importantes de la Historia de la Humanidad. Es muy difícil encontrar un lugar que concentre arte de tanta calidad y tantos periodos distintos como sucede con la Mezquita de Córdoba.

El más antiguo de todos los estilos arquitectónicos de la Mezquita de Córdoba es el mudéjar de la Basílica visigoda de San Vicente. Esa basílica fue la primera construcción. La Basílica de San Vicente fue de culto compartido por cristianos y musulmanes hasta el siglo VI.

En el siglo VI, Abderramán I, primer emir de Al Ándalus construyó la primera Mezquita Aljama sobre la Basílica de San Vicente. El nombre de Mezquita Aljama se le puso para hacer hincapié en que era la Mezquita Mayor. En realidad, el nombre es un poco redundante, porque “aljama” era el término utilizado en la Edad Media para designar los barrios o comunidades de judíos y musulmanes.

Cuando Abderramán I mandó construir la mezquita inauguró el segundo gran estilo arquitectónico que hoy podemos admirar al visitar la Mezquita de Córdoba: el estilo Omeya. Desde entonces, y hasta el siglo XV, los sucesivos gobernantes musulmanes de Córdoba fueron ampliando y mejorando las instalaciones de la Mezquita de Córdoba. Almanzor fue el responsable de la distribución espacial que hoy conocemos.

En el siglo XIII Fernando III conquistó Córdoba y el culto cristiano se convirtió en protagonista. En el siglo XIV, Enrique II de Trastámara decidió construir la Capilla Real de la Mezquita de Córdoba para ubicar allí los panteones de su padre –Alfonso XI- y su abuelo –Fernando VI. Esa capilla es de estilo mudéjar, el tercer gran estilo arquitectónico de la Mezquita de Córdoba. En el siglo XVIII, los restos mortales de esos reyes fueron trasladados a la Real Colegiata de San Hipólito.

A partir del siglo XV, los estilos arquitectónicos de la Mezquita de Córdoba fueron enriqueciéndose con añadidos góticos, barrocos y renacentistas. Entre todos esos estilos arquitectónicos de la Mezquita de Córdoba destacan la nave gótica del Obispo Íñigo Manrique (XV), primera gran obra de adaptación al culto cristiano.

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Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba

El Patrio de los Naranjos es otro de los espacios por el que merece la pena visitar la Mezquita de Córdoba. Este patio fue llamado así en el siglo XVI porque el Obispo Francisco Reinoso introdujo un innovador concepto de jardín. Hasta entonces, el Patio de los Naranjos había sido la zona de abluciones y de impartición de justicia. Con el tiempo, el Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba ha ido variando de tamaño y aspecto. Por ejemplo, los arcos que hoy vemos cerrados, estaban originalmente abiertos y los claustros fueron añadidos en el siglo XVI. Además, en el Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba no sólo hay naranjos; también podrás ver palmeras, introducidas en el siglo XIII, olivos y los cipreses, que datan del XVIII.

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La Torre de la Mezquita de Córdoba

Si vas a visitar la Mezquita de Córdoba, no te olvides de su Torre. Originalmente, la Torre de la Mezquita de Córdoba fue diseñada como alminar, el lugar en el que el muecín llama a la oración musulmana. En 1593 se convirtió en el campanario que hoy vemos. Ese año tomaron la decisión de restaurar la construcción primigenia, muy dañada por un terremoto registrado en 1589.

La Torre de la Mezquita de Córdoba mide 54 metros de altura y está coronada por la figura de San Rafael. Sus campanas tienen nombre propio y siguen repicando en los cielos de Córdoba.

Visitar la Torre e la Mezquita de Córdoba tiene un coste de 2 €, salvo para los nacidos o residentes en Córdoba, que tienen acceso gratuito.

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