Románico del Valle de Boí, Patrimonio de la Humanidad en Lleida

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El Vall de Boí, en Lleida, es uno de los referentes del arte románico en España.

Éstas son las causas por las que el Románico del Vall de Boí fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.

Las iglesias románicas del Vall de Boí -8 ermitas y una iglesia- fueron incluidas en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad por su testimonio ser el testimonio de los lazos interculturales que, pese a los Pirineos, se establecieron en la Europa medieval y por la pureza y homonegenidad de su arte, ubicado todavía en un entorno rural prácticamente intacto. El conjunto de iglesias románicas se reparte en 15 kilómetros únicos en el mundo, tan aislados durante años que sus vecinos nunca tuvieron fondos para sustituirlas por otras más góticas, más barrocas o más acordes con los tiempos que corrieron desde el siglo XII que fue el de mayor esplendor para este rincón de Lleida.

Ésta es la historia de por qué el Románico de Boí se ha hecho un hueco en el paisaje, en la Historia y en el recuerdo de todos cuantos recorren los Pirineos.

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Campanarios para la defensa

El siglo XII fue el de mayor esplendor para el Vall de Boí, en Lleida. Gracias a la fortuna de los Señores de Eril, se fueron construyendo iglesias, pintando sus muros e irguiendo campanarios de hasta seis alturas que servían para tocar el cielo y señalar la morada celestial y para otear el horizonte, siempre estrecho, encajado entre laderas verdes y blancas, según la estación del año.

Luego llegaron los tiempos duros; tiempos en los que -ahora damos las gracias por ello- fue imposible derruir o modificar esas construcciones iniciales. Hacerlo hubiera supuesto correr el riesgo de perder la iglesias parroquial, de quedar aislado del resto de localidades del Valle de Boí, entre las que se establecía comunicación gracias a la altura de esos campanarios.

El hecho de que las poblaciones ilerdenses del Valle de Boí carecieran de dinero para derruir o modificar sus primigenias iglesias parroquiales ha permitido que ese legado Románico llegara hasta nuestros días en  un estado envidiable, tanto desde el punto de vista artístico -sobre todo en sus pinturas interiores- como arquitéctonico. Esos factores han contribuido, como nos cuenta una de las guías del Centro del Románico del Valle de Boí en el reportaje sonoro con el que comienza este artículo, a su consideración de Patrimonio de la Humanidad. Pero además, las autoridades competentes tuvieron en cuenta su carácter parroquial: porque las iglesias románicas del Vall de Boí siguen vivas; a ellas acuden parejas que se quieren casar, niños por bautizar y personas que se despiden del mundo terrenal.

Desde el año 2000 la función socializadora y litúrgia de las iglesias románicas del Vall de Boí se combina con su dimensión cultural y artística, polo de atracción de turistas de medio mundo.




Curiosidades de las iglesias románicas del Vall de Boí:

Las iglesias románicas son uno de los lugares de interés del Valle de Boí en cualquier época del año. Antes de visitarlas, merece la pena que te informes sobre las mejores rutas que las unen y que puedes hacer a partir de cada una de ellas.

  • El color ha sido, hasta tiempos recientes, un símbolo de poder y de riqueza. En el siglo XII los muros y tejados de las iglesias románicas del Vall 
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    de Boí
    , que hoy vemos desnudos, estuvieron cuajados de figuras y escenas con distintos tonos. Igual que sus interiores.
  • Las iglesias románicas del Vall de Boí fueron construidas y decoradas por los maestros más reputados del momento gracias a la fortuna de los Señores de Eril, que persiguieron con ello dos objetivos fundamentales: consolidad su poder en el valle, del que acababan de hacer dueños, y dar las gracias por las victorias conseguidas en las luchas de reconquista junto a Alfonso el Batallador, rey de Aragón.
  • Casi todas las iglesias románicas del Vall de Boí son de planta basilical o de una nave y están cubiertas con armadura de madera y de pizarra en el exterior.
  • Los campanarios de las iglesias románicas del Vall de Boí, de planta cuadrada, aumentan el número de ventanas a medida que crecen en altura para descargar el peso de los muros. Además, las aberturas servían para comunicarse entre sí y dar, llegado el caso, avisos o señales de alarma, como dicen que sucede entre los campanarios de Sant Vicent de Taüll, Sant Joan de Boí y Santa Eulalia de Erill-la-Vall.
  • El centro de atención en el interior de las iglesias estaba en el altar, donde se situaba el Pantócrator, que destacaba entre las demás figuras por su tamaño pero también por sus colores, más claros en un ambiente de penumbra. Las imágenes del infierno se solían pintar cerca de la salida para que fueran lo último que los fieles vieran antes de abandonar el templo.

Agradecimientos: Patronato de Turismo de Lleida y Centro de Interpretación del Románico del Vall de Boí

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