Vía de la Plata, un camino de ida y vuelta

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Hay un silencio de olivas quietas y tierra apenas hollada alrededor de Cáparra, serena, casi virgen, como si pretendiera seguir arropada por el tiempo y ese paisaje sobre el que sólo se eleva su arco tetrapylum, el único de España, que rompe un horizonte de dehesa verde, cerdos negros y terneros rizosos, los de la cercana finca de Casablanca, donde Enrique Vega tiene una explotación de carne ecológica. Aquí la Vía de la Plata generó vida de la nada. Detrás del comercio desviado, sus habitantes se fueron yendo de uno en uno, lenta pero inexorablemente: “Así se despobló Cáparra” dice el dicho.

El Arco de Cáparra es uno de los hitos imprescindibles en un recorrido por la Vía de la Plata en Extremadura
Arco de Cáparra, símbolo de Extremadura
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Y es que la Vía de la Plata es un camino de ida y vuelta, como las ideas y las riquezas que han transitado por ella, desde la romanización hasta el peregrinaje religioso, pasando por el garbeo que se dieron las campanas de la Catedral de Santiago de Compostela o el envío, tras la Reconquista, de colonos a ese far west hispánico que fue y es, Extremadura, punto de partida de localidades como Hervás, Plasencia o Cáceres; una carretera nacional milenaria que sirve de espina dorsal al Oeste de la Península Ibérica, desde Emérita Augusta, Mérida, hasta Asturica Augusta, Astorga; que lo de Gijón e Itálica eran ramales de época, aquilatados esos pasillos rústicos que los celtíberos usaban para ir de acá para allá. Todo se recicla, y a veces, como es el caso, mejorando lo pasado.

No hace falta la plata

Pasma ver las piedras pulidas, todavía vivas, de la Vía de la Plata, a veces modificadas y otras escondidas, entre paisajes rurales y urbanos. Adivinarlas bajo tierra -cuán alto pisamos ya- y descifrar sus símbolos y leyendas: de-la-pidata o b`lata, en latín o árabe, vía pública rematada en piedra; ‘de la plata’ en su deformación medieval; aunque su valor trasciende, quizá no de manera evidente, ni siquiera ahora, el del metal precioso.

Iglesia de la Bella Sangre y escultura de San Pedro de Alcántara en el casco histórico de Cáceres, Patrimonio de la Humanidad.
Cáceres es una de las paradas de la Vía de la Plata
Castañares alrededor de Hervás y una casa tradicional en su Barrio Judío, parada fundamental en la Vía de la Plata a su paso por Extremadura.
Hervás ofrece su judería y la naturaleza del Valle de Ambroz

La Vía de la Plata es, todavía hoy, un camino que une y desune; la yesca vital que alentó la de Brozas, cuna de librepensadores y aventureros como Francisco Sánchez de las Brozas, alias ‘el Brocense’, quien burló el tercero de sus procesos inquisitoriales con ayuda de la Parca; o de Nicolás de Ovando, Capitán General de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano y fundador de Santo Domingo cuya protectora, Nuestra Señora de Altagracia, procede, por cierto, de otro pueblo cercano, Garrovillas de Alconétar, donde conservan el órgano más antiguo de Europa.

Pero todo esto llegó después, como el pimentón de Aldeanueva del Camino, el pueblo de las tres mentiras, incluido en la Denominación de Origen de La Vera, de que la Vía de la Plata sentara las bases de ese mestizaje cultural del que hoy se siguen obteniendo réditos. Porque el carácter independiente y tolerante de Hervás, tan orgulloso de su barrio judío -accesible y tecnológico sin faltar a su compromiso con el pasado- no se explica más que por su condición fronteriza y de paso. Ni las catedrales de Plasencia, engarzada la nueva en el costillar de la antigua, se pueden comprender sin repasar ese trajín constante de influencias y tendencias que se lo debe todo a esa hazaña de ingeniería que empezó Octavio Augusto y que fueron rematando Tiberio, Vespasiano y Nerón.

Puente romano de Mérida: más de 700 metros sobre el Guadiana que lo convierten en el más largo del Imperio y en uno de los lugares más significativos de la Vía de la Plata.
Puente romano de Mérida, eje de la Vía de la Plata en Extremadura
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Exterior de la Catedral y uno de los lugares, cerca del claustro, en el que se el avance de la construcción nueva tocando casi la antigua.

 Huellas visibles e invisibles 

Porque aunque la joya imperial de la Vía de la Plata sea Mérida, la huella tangible del Imperio se encuentra también en Casar de Cáceres, donde Quinto Servilio Escipión fundó Castra Servilia en el 139 a.C., el embrión de esta red vial. O en Baños de Montemayor, famosa entonces y ahora por sus aguas termales. O en Monesterio, la ciudad del jamón, heredera del enclave de Curiga. Suma y sigue.

Sabor y migas históricas

La huella inmaterial de la Vía de la Plata, asimilada como hicieron los romanos con lo mejor de cada casa, late en el enamoramiento clásico de los hermanos Vega, criados a los pechos de Cáparra; en el entusiasmo de Amalia, cuyo deambular por el Anfiteatro emeritense evoca las hazañas de los gladiadores; en el ánimo de Isidro Barriga hilvanando siglos y dinastías por Cáceres o en la entrega absoluta de Santi Feijoo y Noemí Cabalgante, que recuperan las recetas de la cocina altoimperial en su mansio de Aljucén, en Badajoz. “Encontramos las recetas en los textos clásicos, Plutarco, Petronio, Catón”, explica, togado, “y buscamos los mismos ingredientes, o los más parecidos. El caso es que”, sonríe, pícaro, a la luz dorada de las lucernas, “está todo muy rico”. Y tiene razón. Su Arqueología viva sabe a pulpo al láser, a mulsum y vino de rosas. Aunque se agradece que la Denominación de Origen Ribera del Guadiana produzca tintos y rosados sin mezclar ni rebajar. Son parte de esa herencia ciclópea que dejaron las órdenes religiosas, la de los Templarios y la de Calatrava pero, sobre todo, la de Alcántara, guardianas y exportadoras de sarmientos y toneles.

Ruinas de la ciudad romana de Itálica, un tesoro casi secreto en Sevilla y el extremo andaluz de la Vía de la Plata.
Ruinas de la ciudad romana de Itálica, un tesoro casi secreto en Sevilla y el extremo andaluz de la Vía de la Plata.

Más miguitas de Historia… Dioses y diosas, templos, iglesias que se empiezan por los pies para garantizar su construcción, capillas, festivales que ensalzan otros credos y monasterios atrapados por la maleza y de ritos misteriosos, como Santa Lucía del Trampal… Esparcidas por los siglos y los seres humanos sobre esa arteria latente que es la Vía de la Plata, una de las rutas más singulares de España y de Europa; “un camino lleno de vidas”, dice Toni Álvarez, directora de viajarextremadura.com, en el que el pasado es una catapulta llena de significados sobre nosotros mismos y nuestro tiempo. A buen entendedor… Pocas experiencias como ésta le bastan.

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