Frente a frente, fotos de la guerra civil española

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Con motivo de los 80 años del fin de la Guerra Civil española, el Museo Nacional de Antropología organiza, en colaboración con el Museo del Pueblo de Asturias, una de las exposiciones más curiosas de Madrid para este verano 2019: “Frente a frente”, un diálogo entre las fotografías que Constantino Suárez tomó durante el asedio de los sublevados a Gijón y las de Florentino López, “Floro”, sobre el cerco republicano a Oviedo, entre julio de 1936 y octubre de 1937. Para el comisario de “Frente a frente”, José Luis Mingote, lo que esta exposición de fotos de la Guerra Civil española “puede tener de original es el cambio de visión”, alejado de “la idea de la guerra como algo glorioso”.

Exposiciones de fotografía en Madrid

Frente a frente” es una de las mejores exposiciones de fotografía de Madrid que podemos ver este verano, no sólo por su original enfoque sino también por la calidad del trabajo de los fotógrafos que la protagonizan, Constantino Suárez y Florentino López, cada uno con su particular estilo: el primero con una formación teórica más importante; “empotrado” en las filas republicanas el segundo quien, además, suplió su inexperiencia profesional con la mirada ávida de quien está donde sucede la acción.

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Profesora con un niño en el orfanato “Rosario de Acuña” de la Asociación de Trabajadores de Enseñanza de Asturias. Somio, Gijón, 2 de enero de 1937. Constantino Suárez. Museo del Pueblo de Asturias.

Al revés que las exposiciones de fotografía al uso, donde se separa nítidamente la obra de cada autor, “Frente a frente” ha apostado por que las imágenes de ambos fotógrafos dialoguen entre sí en torno a cuatro grandes temas: los desastres de la guerra, la ideología y el hambre en la retaguardia y la continuación de la vida. La población civil de Oviedo y de Gijón es la gran protagonista y el eje de la reflexión que los organizadores quieren motivar en el público, a partir de la crítica fotográfica: “Queremos poner a las personas y a su sufrimiento como eje central, poner al visitante en el papel de quien está sufriendo la guerra, independientemente de la ideología”, explica José Luis Mingote, comisario de la exposición de fotografía. De hecho, el enfoque antropológico de esta exposición de fotos de la Guerra Civil española radica en esa población anónima que, independientemente de afiliaciones, sufrió las consecuencias de la guerra en las calles de dos ciudades asturianas, en las mismas fechas y por parte de los dos ejércitos enfrentados.

Frente a frente es una de las mejores exposiciones gratuitas en Madrid, que puedes visitar hasta el 29 de septiembre en el Museo Nacional de Antropología.

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Otros elementos de la exposición de fotos de la Guerra Civil española

La exposición de fotos de la Guerra Civil española en el Museo Nacional de Antropología es fruto de la tercera colaboración entre esta institución -dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte– y el Museo del Pueblo de Asturias, fundado en 1968, a iniciativa del Ayuntamiento de Gijón y de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de la ciudad, con el objetivo de conservar y difundir la memoria de los asturianos. La selección de imágenes de la exposición ha sido realizada por José Luis Mingote, comisario de la misma por parte del Museo Nacional de Antropología, y de su homólogo en el Museo del Pueblo de Asturias, Joaco López Álvarez. Además de las fotografías seleccionadas, en “Frente a frente” se podrán ver otros objetos interesantes, que añaden pinceladas curiosas a las escenas recogidas por Constantino Suárez y Floro: una maleta con rollos fotográficos, los cuadernos en los que Floro anotaba sus trabajos –y en los que se pueden encontrar los apuntes sobre las escenas de playa en Gijón de julio del 36-, algunos utensilios cotidianos y panfletos con instrucciones de supervivencia o mensajes propagandísticos de ambos bandos de la Guerra Civil también se exhiben en “Frente a frente”.

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Fin de la Guerra Civil española

En 2019 se cumplen 80 años del fin de la Guerra Civil española (julio de 1936 – abril de 1939) y es en ese contexto en el que se pone en marcha la exposición de fotografía “Frente a frente. Dos visiones de la Guerra Civil en Asturias” en el Museo Nacional de Antropología, en Madrid. Previsiblemente, la exposición viajará también al Museo del Pueblo de Asturias y al Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca.

No obstante, José Luis Mingote considera que tanto la calidad de las fotografías seleccionados como su “original enfoque” hacen que esta exposición de fotografías sobre la Guerra Civil española tenga valor en sí misma, al margen de la conmemoración de los 80 años del fin de la Guerra Civil española.

Cola a la espera de un convoy con suministros en la Calle Argüelles de Oviedo, 1936. Florentino López, “Floro”. Museo del Pueblo de Asturias.

El intento por superar la dicotomía tradicionalmente asociada con la Guerra Civil española (malos y buenos, ellos o nosotros, un bando o el otro) recuerda, especialmente, a los cuentos reunidos en “A sangre y fuego” de Manuel Chaves Nogales. Transcurridos 80 años del final de la Guerra Civil española, cabe preguntarse si la sociedad civil está, por fin, preparada para aceptar que todos los armarios esconden monstruos y que “la flor de la guerra es infecunda”, como dijo Ibn Hazm, que también vivió bastantes guerras civiles en su época.

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Constantino Suárez y Floro

Constantino Suárez y Florentino López, “Floro”, fueron dos fotógrafos fotografiando la misma guerra en dos ciudades cercanas. Cada uno llegaba a la imagen por un camino: Constantino, como reportero profesional y desde la órbita del Ateneo Obrero de Gijón. Floro, en cambio, regentaba una tienda en Oviedo –Myrya– junto a su hermano y, tras la contienda parece que colgó la cámara. Dos miradas, cuatro ojos entrenados de manera diferente, que miran al mundo con ángulos más arriesgados en el primer caso y más al uso en el segundo, pero que se fijan en lo mismo: los edificios de siempre destruidos por las bombas, las mujeres, los niños y los ancianos desubicados, hambrientos, las calles desiertas por el miedo y los refugios llenos de personas que lo han perdido todo. Los límites de la geografía y de las justificaciones se diluyen en este diálogo fotográfico haciendo difícil distinguir cuándo es Oviedo y cuándo es Gijón, cuándo son las bombas de un bando o cuándo las del otro las que hacen de la retaguardia una parte más del frente bélico, circunstancia que caracteriza, en general, todas los enfrentamientos del siglo XX desde la Primera Guerra Mundial, última contienda de trincheras.

Los organizadores de “Frente a frente” valoran que Suárez llegó a utilizar 246 rollos de negativos de 35 mm que contienen cerca de 6.000 imágenes, algunas de las cuales se publicaron en el diario socialista Avance, con el que se ve a muchos milicianos de sus instantáneas. Floro cosechó un archivo con más de 2.000 positivos y negativos, entre los que también hay muchas imágenes de los muertos que llegaban al Hospital Provincial de Oviedo, a quienes se retrataba para luego poder identificarlos.

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La fotografía, aún con vida

Ante el cadáver de una mujer en la calle San Bernabé. Oviedo, 1936. Florentino López, “Floro”. Museo del Pueblo de Asturias.

Cuando se cumplen 80 años del fin de la Guerra Civil española cabe preguntarte si el lenguaje de la fotografía de los años 30 todavía conmueve, irrita y provoca a los espectadores del XXI, saturados de imágenes de todo tipo y puede que hasta agotados de ver los desastres de la guerra en todo el mundo. “Los visitantes ven la exposición con recogimiento”, dice Mingote. El libro de visitas parece darle la razón. Los mensajes resumen la conmoción que todavía produce ver a una abuela en bata, cubierta de polvo -¿y sangre?- en la Casa de Socorro de Oviedo; o a los niños de los orfanatos en brazos de sus cuidadores, abriendo regalos del Socorro Rojo o jugando al fútbol. Las colas de suministros vistas desde las alturas de algún edificio, las mesas llenas de miradas cómplices (“sonríe, que nos hacen una foto y tenemos la tripa llena”). Ciudadanos anónimos y normales en ciudades normales, que podían ser nuestros abuelos y que podríamos ser nosotros, lo más opuesto que podamos encontrar a los objetivos militares y la “gloria” de la guerra, en España, en Yugoslavia, en Somalia o donde sea.

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