El Cerro del Telégrafo de Moralzarzal

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La subida al Cerro del Telégrafo de Moralzarzal -también conocido como Cerro de Cabeza Mediana– es una de las mejores rutas de bicicleta y senderismo en la Sierra de Guadarrama de Madrid. El telégrafo que le da nombre formó parte de la red de telégrafo óptico con el que se intentó modernizar las comunicaciones en la España del siglo XIX. El telégrafo óptico fue algo así como “el abuelo de las telecomunicaciones actuales”, una especie de “red Wifi” decimonónica que aprovechaba la altura de lugares como el Cerro del Telégrafo de Moralzarzal para conectar Madrid con otros puntos de interés.

El Cerro del Telégrafo formaba parte de la Línea de Castilla del telégrafo óptico.
El Cerro del Telégrafo formaba parte de la Línea de Castilla del telégrafo óptico.

El Cerro del Telégrafo de Moralzarzal forma parte del interesante y valioso patrimonio cultural de la Sierra de Guadarrama, al que también pertenece otra gran obra de ingeniería civil que se diseñó unos años antes, la Presa del Gasco y el Canal de Guadarrama, que aspiran a ser considerados Bien de Interés Cultural en la Comunidad de Madrid.

Si quieres saber cómo funcionaba el telégrafo óptico en España, cómo se diseñó la Línea de Castilla, de la que forma parte el Cerro del Telégrafo de Moralzarzal, y cómo disfrutar de esta ruta en la Sierra de Guadarrama, sigue leyendo.

Agradecimientos: Alejandro Acuña.

La torre del Cerro del Telégrafo, en la Sierra de Guadarrama de Madrid se diseñó para agilizar las comunicaciones entre la capital de España y otros lugares de interés político y económico. A día de hoy se puede llegar hasta la cima del Cerro del Telégrafo a pie o en bicicleta, para conocer de cerca la estructura de una torre del telégrafo óptico (aunque no se puede entrar) y admirar las vistas que desde allí se tienen de la Bola del Mundo y de los alrededores.

Qué fue el telégrafo óptico

“El telégrafo óptico fue el primer medio de comunicación realmente moderno”, apunta David Martínez, coautor, junto al arqueólogo José Ramón Almeida, de la guía “Torre a torre, la línea del telégrafo óptico de Castilla” (El Árbol de Alicia). “Antes de este medio, los mensajes se enviaban en correos a caballo y tardaban días en recorrer unos cientos de kilómetros. El cambio es muy importante. Entonces como ahora, la información era poder, y esa inmediatez que trajo el telégrafo óptico fue un cambio fundamental. Además, fue el primer medio de comunicación sin hilos y empleaba códigos numéricos para agilizar la transmisión, igual que los ordenadores hacen hoy con el código binario. En otras palabras, el telégrafo óptico es el abuelo de las telecomunicaciones actuales.”

Con tres hombres por torre, dos señaladores, un cuaderno y buen tiempo, un mensaje podía hacer el Madrid –Irún en tres horas… A 185 kilómetros por hora… No tenía la instantaneidad actual pero para la España de mediados del XIX, 50 años por detrás de Francia o Inglaterra en materias como ésta, resultaba, como poco, vertiginoso. “La construcción y mantenimiento de la red de torres del telégrafo óptico fue un esfuerzo titánico y su diseño una demostración de ingenio.”

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Torre del Telégrafo de Moralzarzal

Y la Torre del Telégrafo (“situada en la horquilla de una Y” entre los municipios madrileños de Alpedrete, Moralzarzal y Collado Mediano) fue una pieza fundamental en el desarrollo del telégrafo óptico español, tanto para comunicar la capital del país con La Granja de San Ildefonso, el último jardín barroco de Europa, como a la hora de desarrollar la Vía de Castilla, la primera de las tres diseñadas por el militar José María Mathé, inventor del sistema español, que también había participado en la creación de un mapa topográfico nacional, por lo que conocía bien el territorio sobre el que distribuirlas. La línea del telégrafo óptico entre Madrid e Irún, también conocida como Línea de Castilla, fue la primera de las tres que tuvo el telégrafo óptico en España. Las otras fueron Madrid-Valencia y Madrid- Andalucía.

La torre del Cerro del Telégrafo de Moralzarzal ha sido restaurada y sirve de ejemplo sobre cómo funcionaba el telégrafo óptico en España.

El inicio de la Línea de Castilla estaba en el Cuartel de la Guardia de Corps, en lo que hoy es el Palacio de Conde Duque, que conectaba con el Ministerio de la Gobernación, situado en la antigua Casa de Correos de la Puerta de Sol, que tenía una torre en la azotea, sede central de las líneas telegráficas.

El Cerro del Telégrafo de Moralzarzal conectaba, al Norte, con la Torre del Puerto de Guadarrama; al Sur, con la torre de Navalapiedra, en Torrelodones (que existe aunque reconvertida en vivienda), y hacia el Oeste con otra, hoy desaparecida y “localizada por Olivé Roig (considerado el mayor estudioso del telégrafo óptico en España) en Siete Picos, en la Sierra de Guadrrama, que sería la primera de la Línea de San Ildefonso.”

“La prioridad” a la hora de diseñar el telégrafo óptico, explica Martínez, “era que se encontraran en lugares con buena visibilidad (generalmente elevados) para permitir el mejor avistamiento de las torres anterior y posterior de la línea. En segundo lugar se buscaba que estuvieran cerca de zonas pobladas o vías de comunicación para facilitar el abastecimiento de los torreros si era posible.”

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Los torreros del telégrafo óptico en España

Pero eso no sucedía siempre, por lo que la vida de los trabajadores de las líneas del telégrafo óptico fue realmente dura en muchos casos. Algo apenas inimaginable para quienes hoy visitan por gusto el Cerro del Telégrafo de Moralzarzal, en una ruta a pie o en bicicleta. “En cada lugar, dos torreros y un auxiliar debían permanecer expectantes mientras hubiera visibilidad, o sea, desde 30 minutos antes del amanecer, hasta 30 minutos después de anochecer. En muchos casos, aislados en lugares alejados de cualquier localidad, vivían en la torre 24 horas al día, 7 días a la semana. No había vacaciones ni relevos. Las condiciones de la torre eran espartanas. Era un edificio de concepción militar, por lo que se sacrificaba la comodidad a favor de la seguridad. Hay que imaginar, por ejemplo, cómo era pasar el invierno sentado en una silla esperando a transmitir un mensaje en lugares como la torre de Castrejón, entre Navas de San Antonio y el Espinar (en Segovia), sin más calefacción que un pequeño brasero. En los 10 años en que estuvo en funcionamiento este sistema de comunicación, fallecieron entre 34 torreros –sin contar ordenanzas- a causa del frío, pulmonías, calenturas, cólera… Hasta uno que desempeñaba su labor en la línea de Barcelona pereció a consecuencia de un rayo que entró en la torre por una mira.”

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El telégrafo óptico en España

Al hablar del telégrafo óptico en España hay que mencionar al militar Agustín Betancourt y Molina, que dio los primeros pasos para su implantación y desarrollo, y de José María Mathé, también militar, y hoy considerado el inventor del telégrafo óptico español.

Betancourt, “empezó a trabajar en este campo prácticamente al tiempo que franceses e ingleses creaban sus telégrafos ópticos, 50 años antes de Mathé”. Pero se adelantó a su tiempo y, como otros contemporáneos suyos, obtuvo más reconocimiento fuera de España que aquí. “De hecho acabó en la Rusia de los Zares, donde diseñó importantes obras de ingeniería como puentes, ingenios de vapor”… Una suerte totalmente distinta a la de su sucesor, José María Mathé, cuyas “aportaciones fueron ampliamente reconocidas por las autoridades españolas. Estuvo al frente del telégrafo óptico y fue el encargado de estudiar y establecer el telégrafo eléctrico, del que fue Director General hasta su retiro en 1864, con el grado de Brigadier y con importantes condecoraciones. Murió en 1875 en Madrid.”

Pero Mathé no lo tuvo fácil, aunque contó con los diseños previos de Betancourt y con los casos prácticos de Francia e Inglaterra. Pese a las dificultades, diseñó tres líneas (inacabadas) que, tras 10 años de trabajo, terminaron anuladas por la llegada de la telegrafía eléctrica. “Mathé ideó (el telégrafo óptico) con un sistema de movimiento vertical que era mucho más rápido de leer y de repetir que el francés, que se basaba en giros circulares de brazos articulados, lo que permitía que se leyera en un ángulo de 60 o incluso 70 grados. Pero además, añadiendo simplemente un bastidor perpendicular (como en Monterredondo), se puede leer desde todos los ángulos”, detalla David Martínez.

El telégrafo óptico, como sucedió con otras infraestructuras de transporte, fue más lento en España que en muchos otros lugares de Europa. “No me cabe duda”, sentencia Martínez, “de que el atraso científico y en telecomunicaciones de la España del XIX fue un factor que dificultó y lastró la modernización del país. Pasó con el Canal de Castilla, con el ferrocarril y con el telégrafo óptico. Sin embargo no podemos olvidar que ese atraso científico era sólo uno de los factores. El siglo XIX español fue muy convulso, las dificultades eran muchas.”

El objetivo del telégrafo óptico en España era, fundamentalmente, el de servir al gobierno y el ejército. Controlar, vamos, que aquellos sí que eran tiempos revueltos y no se podía perder comba de lo que pasaba en el territorio nacional. Ese uso institucional tan puro “dificultó el que la mayoría de la sociedad comprendiera o apreciara la importancia de este medio de comunicación que les estaba vedado” lo que, sumado a “la fugacidad de esta red, que apenas se mantuvo en marcha una década,” hace que “no se haya conservado en la memoria colectiva.” Quizá por eso, la Torre del Cerro del Telégrafo, como el resto de torres hermanas que aún quedan en pie sea, a pesar de su posición visible, es un gran desconocido en la Comunidad de Madrid. Aunque esa falta de respuestas fue la que azuzó al equipo de Martínez a investigar de una manera multidisciplinar porque “todos, en algún momento, habíamos pasado por la carretera junto a alguna de estas torres y nos habíamos preguntado qué serían sin que nadie supiera explicárnoslo bien.” El proyecto ha sido pionero en muchos sentidos pero especialmente en el del trabajo de campo, porque “nadie se había tomado la molestia de llegar hasta todas las torres existentes del telégrafo óptico para documentarlas in situ.” Después de ese exhaustivo trabajo de campo, Martínez asegura que “de las 53 torres que llegó a tener la Línea Madrid-Irún o Línea de Castilla, quedan en pie 20. De éstas, 3 están restauradas: Monterredondo, Adanero y Quintanilla de la Ribera. El resto están en estados de conservación muy diverso.”

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El telégrafo óptico hoy

De los códigos para descifrar las señales del telégrafo óptico “se conservan algunas copias. Son extensos libros que contienen unos 97.000 mensajes tanto preestablecidos como con partes modificables. Además, en casos excepcionales se podían enviar mensajes no preestablecidos mediante una tabla que convertía cada número en una letra, pero era mucho más lento”, pormenoriza Martínez. Aunque lo cierto es que las autoridades españolas trataron de mantener el mayor de los secretismos, hasta el punto de que ni siquiera los torreros conocían los códigos, de manera que se limitaban a transmitir las señales numéricas de manera sistemática. Sólo los responsables de las cabeceras de sección disponían de los libros necesarios para descifrar los mensajes.

Dado que se han conservado los códigos y lo avanzado del sistema de Mathé, cabe preguntarse si el sistema podría ponerse en marcha de nuevo, en caso de necesidad. “Sí” concluye, determinante, el historiador David Martínez. “El telégrafo óptico es funcional y perfectamente utilizable. De hecho, hoy en día seguimos empleando muchos sistemas de transmisión de información mediante códigos visuales. Por ejemplo los semáforos, de tráfico y ferroviarios, el código marítimo de banderas de señales, los heliógrafos y las linternas de señales militares que aún hoy se usan para transmitir en Morse…” La pena es que muchas de las torres han desaparecido y que muchas de las que todavía existen “están olvidadas y abandonadas y se desmoronan lentamente ante la inoperancia de las administraciones competentes” porque están repartidas en distintas autonomías, con legislaciones distintas, y, además, situadas en “terrenos municipales o montes públicos y en fincas privadas y en casi todos los casos la propiedad del edificio en sí, así como las obligaciones de mantenimiento no están claras y resulta imposible atribuir responsabilidades. Tendrían que tener alguna protección de rango nacional e integral, como por ejemplo B.I.C (Bien de Interés Cultural).”

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Ruta del Cerro del Telégrafo de Moralzarzal

El Cerro del Telégrafo de Moralzarzal conserva una de las torres del telégrafo óptico que tuvo la Línea de Castilla en el siglo XIX.
La ruta hasta el Cerro del Telégrafo de Moralzarzal se puede hacer a pie o en bicicleta.
La ruta hasta el Cerro del Telégrafo de Moralzarzal se puede hacer a pie o en bicicleta.

Mientras la administración apuesta, o no, por recuperar las torres del telégrafo óptico en España, símbolos de un pasado no demasiado lejano, los excursionistas que encaren la Sierra de Guadarrama pueden visitar un buen ejemplo de estas señales históricas, claves del desarrollo de la sociedad de la (des)información actual, por las que muchos hombres apostaron, aún con todo en contra. Si se entienden y se recuerdan, ni sus muros ni su memoria se habrán perdido.

A la Torre del Cerro del Telégrafo puedes llegar a pie o en bicicleta. La subida en bicicleta o a pie desde Moralzarzal es prolongada pero no complicada y se realiza entre pinares durante gran parte del trayecto. Algo más técnica, por las curvas y la piedra suelta, es la bajada de los Ansarines, por el lado de Collado Mediano.

Las distancias desde Moralzarzal, Galapagar y Villalba al Cerro del Telégrafo varían y tienen distintos niveles de dificultad, sobre todo si quieres hacer la ruta del Cerro del Telégrafo de Moralzarzal en bicicleta.

Moralzarzal – Cerro Telégrafo – Morarzarzal: 16 km (aprox.). Fácil.

Galapagar – Cerro Telégrafo – Galapagar: 41,50 km. Dificultad moderada.

Villalba – Cerro Telégrafo – Villalba: 35 km (aprox.). Dificulta moderada.

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Cerro del Telégrafo, Cerro de Cabeza Mediana o Cerro Cañal.

La torre del Cerro del Telégrafo de Moralzarzal

La restauración de la torre del Cerro del Telégrafo de Moralzarzal fue aprobada por la Asamblea de Madrid, con el apoyo del Ayuntamiento de Moralzarzal.

Dónde está la torre del Cerro del Telégrafo de Moralzarzal: entre los términos municipales de Alpedrete, Moralzarzal y Collado Mediano.

El telégrafo óptico de Mathé funcionaba con unos bastidores horizontales y dos señaladores, uno exterior y esférico, que servía para indicar situaciones técnicas (niebla, avería, etc) y otro central y cilíndrico, que se movía arriba o abajo desde el interior de la torre señalando números del 0 al 9 que después se interpretaban según un código secreto de frases preconstruidas, casi siempre relacionadas con decisiones del Gobierno, la Familia Real o los movimientos del Ejército
El telégrafo óptico de Mathé funcionaba con unos bastidores horizontales y dos señaladores, uno exterior y esférico, que servía para indicar situaciones técnicas (niebla, avería, etc) y otro central y cilíndrico, que se movía arriba o abajo desde el interior de la torre señalando números del 0 al 9 que después se interpretaban según un código secreto de frases preconstruidas, casi siempre relacionadas con decisiones del Gobierno, la Familia Real o los movimientos del Ejército

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Cómo funcionaba la torre del Cerro del Telégrafo de Moralzarzal

Para que la torre del telégrafo óptico de Moralzarzal funcionaba, había dos señaladores, uno exterior y otro central, que se movían arriba o abajo sobre un bastidor de franjas horizontales. El exterior era una esfera que “actuaba como señalador de servicio y podía marcar seis situaciones técnicas: niebla, avería, etc. El señalador central marcaba el mensaje: era un cilindro que se movía verticalmente y, según la franja lateral en la que se parara, indicaba un número, del 0 al 9, que se interpretaban según un código secreto de frases preconstruidas, casi siempre relacionadas con la familia real, el movimiento de tropas o decisiones del gobierno. 

CERRO-TELEGRAFO-OPTICO-COMUNICACION-GUADARRAMA-ESPANA-MADRID-INVENTOS
La ubicación de parte de los instrumentos utilizados en lo alto de la torre del Cerro del Telégrafo –restaurada en 2008- “supone una enorme ayuda para que el visitante comprenda cómo funcionaba este sistema de comunicaciones.”

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