El libro sobre los Estados Unidos de Amazon

El periodista Alec MacGillis disecciona el cambio social, laboral y de poder que Amazon está produciendo en Estados Unidos.

Las personas que lean Estados Unidos de Amazon (Península, 2022) y pretendan mejorar su situación personal, laboral y económica en el futuro no podrán seguir comprando en Amazon.

En este libro, el periodista Alec MacGillis, que trabajó en el Washington Post (hoy propiedad de Jeff Bezos, el fundador y mayor accionista de Amazon), da las claves de cómo la tienda online más grande del mundo ha contribuido a empeorar las condiciones laborales y sociales de los Estados Unidos.

A lo largo de 500 páginas, MacGillis detalla la desindustrialización del país norteamericano y la sustitución de trabajos de alto valor y elevada remuneración por otros mal pagados y sin derechos laborales. Por ejemplo, los trabajos que desempeñan los empleados de Amazon en los numerosos centros logísticos que la empresa tiene distribuidos por el país. O los trabajos de los transportistas que hacen que los productos que pedimos nos lleguen a casa (a España ya están llegando estas prácticas de Amazon).

No es sólo que estas personas cobren la mitad del salario que percibía un obrero industrial en los años 60 del siglo XX. También son las condiciones laborales precarias, con accidentes que acaban con la vida de trabajadores y ante los que la Inspección Laboral es bastante timorata, a pesar de las denuncias previas. O los tiempos de trabajo, que rozan la verdadera esclavitud, sin casi periodos de descanso y con franjas medidas para ir al baño. O las dificultades que pone la empresa para que los trabajadores se sindiquen y puedan defender de forma colectiva sus derechos.

Amazon no tiene la culpa de la desindustrialización de los Estados Unidos, ni del resto del mundo occidental. Es una tendencia compleja que se ha producido desde finales de la década de 1970. Sin embargo, lo que la empresa ha hecho es ocupar ese espacio con su negocio basado en precios bajos y elevados beneficios. ¿Cómo piensa el cliente de Amazon que se consiguen precios más bajos y envíos “gratis”? Esto sólo es posible a costa de pagar salarios reducidos a sus trabajadores, además de las economías de escala que Amazon consigue por mover grandes volúmenes de objetos. Aunque tiene otros “trucos”.

Uno de esos trucos tiene que ver con los impuestos. MacGillis se centra en Estados Unidos de Amazon en los impuestos locales. Los ejecutivos de Amazon son especialistas en conseguir que las ciudades y estados en los que abren sus centros logísticos les perdonen el pago de impuestos sobre sus bienes inmuebles. También tienen una especial habilidad para conseguir que los mismos políticos subvencionen algunos de sus centros o incluso que compitan para atraer la próxima sede de Amazon. Como sucedió antes de la pandemia.

El problema de pagar menos impuestos (menos que otras empresas o que las propias personas) es que habrá menos dinero con el que sostener servicios públicos. El mantenimiento de carreteras, transportes públicos, servicios sociales, sanidad, etcétera, se ve dañado si las grandes empresas no abonan la parte que les corresponde. Aunque MacGillis no lo trata en su libro, Amazon también es famosa por aprovechar los recovecos del sistema tributario estadounidense para pagar menos impuestos federales, como el que grava los beneficios.

Y, para conseguir todo esto, el poder político es imprescindible. Alec MacGillis detalla cómo Amazon y el resto de empresas tecnológicas (Microsoft, Facebook, Google…) hacen uso de la industria del lobby, de los grupos de presión, para conseguir que sus intereses sean tenidos en cuenta en Washington y en las legislaturas de los estados en los que operan.

Sin la legislación permisiva en cuanto a deducciones fiscales, controles laborales y subvenciones, empresas como Amazon tendrían que competir en igualdad de condiciones que las medianas y pequeñas compañías. Y también obtendrían menos beneficios, que se repartirían entre toda la sociedad. No hay que olvidar que detrás de Amazon no se encuentra un grupo de emprendedores que, con esfuerzo, han generado una empresa milmillonaria.

El crecimiento y las operaciones de Amazon están financiadas por los inversores del mercado, por los grandes fondos de inversión a los que sólo les interesa obtener la máxima rentabilidad de sus inversiones, a costa de los individuos, si es necesario.

Y esto nos lleva a otro punto que trata Estados Unidos de Amazon: la destrucción de la competencia del pequeño comercio. MacGillis ha realizado un verdadero trabajo periodístico, hablando con las personas pequeñas, los afectados. Propietarios de tiendas de material de oficina, que mantenían contratos con diversas instituciones públicas, y que, tras la irrupción de Amazon en su territorio, se vieron obligados a vender a través de Amazon.

Vender a través de Amazon significa que hay que compartir un porcentaje de la venta con una sociedad que no aporta nada, salvo la intermediación, para llegar a los mismos clientes. Esta práctica, que es totalmente anticompetitiva y supone un monopolio, se ha dejado pasar por los reguladores. En Estados Unidos han existido varios intentos de controlar este monopolio e incluso de trocear a los gigantes tecnológicos. De momento se han quedado en agua de borrajas, es decir, en nada. Mientras tanto, pequeños comercios han tenido que cerrar.

Habrá personas que piensen que esta es la ley del mercado. Pero en realidad, las empresas como Amazon creen poco en las teorías del libre mercado: se aprovechan de los agujeros legales del sistema para crear un efecto de succión. Succionan la riqueza. Cada pequeño negocio que cierra supone la pérdida de empleos locales y de tejido productivo en las ciudades y pueblos. La riqueza que generan (ingresos y gastos en el territorio, impuestos, cotizaciones por los empleados) se van a las grandes sedes de las multinacionales, que hacen todo lo posible, legalmente, para devolver lo mínimo a la sociedad.

Amazon ya da empleo a más de 1 millón de personas en Estados Unidos. La pandemia de Covid-19 fue definitiva para este salto. La empresa de Jeff Bezos acapara más del 50% de la compra online en el país norteamericano, lo que hace muy difícil la competencia para otros vendedores. El subtítulo del libro ya avanza lo que nos puede esperar al resto de países que recibimos con los brazos abiertos a los Bezos de Seattle o Silicon Valley: MacGillis ha realizado un retrato de “la historia del futuro que nos espera”. Sobre todo si no tomamos conciencia y arreglamos estas disfunciones, añadimos nosotros.

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