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Castigos y torturas de la Santa Inquisición

Castigos y torturas de la Santa Inquisición española más frecuentes

La Santa Inquisición española fue un organismo creado en el siglo XV para luchar contra la herejía, primero de los conversos y luego la de los judíos, musulmanes, iluminados, etc. Para lograr los objetivos de la Inquisición española, se utilizaron diferentes métodos. Los castigos de la Santa Inquisición más frecuentes fueron tres: la penitencia, la reconciliación y la hoguera, donde el hereje podía ser quemado vivo, habiendo sido ya estrangulado o en efigie. Para conseguir las confesiones, también se podía recurrir a diferentes instrumentos de tortura, aunque lo habitual era que las torturas de la Santa Inquisición se aplicaran con alguno de estos tres instrumentos: garrucha, potro y toca o tortura de agua. Estos instrumentos de tortura de la Santa Inquisición eran similares a los que se utilizaban en otros tribunales, eclesiásticos y seculares. El hispanista Herny Kamen considera que las tres cuartas partes de los muertos de la Santa Inquisición se produjeron en los 50 primeros años de su existencia (1480- 1530).

Qué castigaba la Santa Inquisición

Lo que castigaba la Santa Inquisición era la herejía, cuya concepción fue cambiando a lo largo del tiempo. Cuando se creó la Santa Inquisición, en el siglo XV, el objetivo era detectar y enmendar a los falsos conversos. Con el transcurso del tiempo, los objetivos de la Santa Inquisición fueron variando, incluyendo otras supuestas herejías, de influencia judaica o islámica, por ejemplo. En el siglo XVI, la Santa Inquisición también persiguió a los llamados “iluminados”. La propia Santa Teresa de Jesús fue investigada por la Santa Inquisición por expresar abiertamente unas ideas diferentes a las de la ortodoxia eclesiástica.

Castigos de la Santa Inquisición

Para entender qué era la Santa Inquisición hay que contextualizar adecuadamente cuáles fueron los castigos más habituales y para qué se utilizaban las torturas, algo que no fue exclusivo de esta institución, ya que otros tribunales ordinarios. Los castigos de la Santa Inquisición española fueron cambiando a lo largo del tiempo porque lo que se consideraba herejía también iba variando.  En sus comienzos, por ejemplo, se planteaba un “periodo de gracia” de 30 o 40 días en el que aquellos que se autoinculpaban podían “ser reconciliados (…) sin sufrir castigos serios”. Después del año 1500, los edictos de gracia se convirtieron en edictos de fe con el fin de que sirvieran para denunciar a otros culpables de los delitos que aparecían en una “detallada lista de ofensas”. Los castigos de la Santa Inquisición podían ser la penitencia, la reconciliación o, en el peor de los casos, la quema, en persona o en efigie.

  • Penitencia
  • Reconciliación
  • Hoguera, en persona o en efigie

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Penitencia

Imagen de un auto de fe en Valladolid. Wikipedia.

El mejor de los castigos de la Santa Inquisición era la penitencia, que consistía en renegar de los delitos, asumir que si se volvían a cometer se recibiría un castigo más serio y aceptar una multa, el destierro o ir a galeras.

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Reconciliación

La reconciliación era el segundo peor castigo de la Inquisición española, sobre todo para las personas acaudaladas, porque suponía condenas más largas y la expropiación de todos los bienes.

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Hoguera

Cuadro de Juana de Arco en la hoguera

De lo que no cabe duda es que el peor de los castigos de la Santa Inquisición era la hoguera, a la podían ser condenados los herejes impenitentes y los relapsos, o reincidentes. El único alivio que podían recibir los condenados a este castigo de la Santa Inquisición era el de ser estrangulados antes de llegar a la pira, cosa que sucedía si se arrepentían a tiempo. A pesar de que los castigos de la Inquisición eran terribles, el hispanista Henry Kamen sostiene que “las penas normalmente eran una combinación de castigos corporales (azotes, vestir sanbenito, etc.) y espirituales y, aunque escasos, las personas absueltas marcaban una diferencia con respecto a la Inquisición medieval que “como regla jamás absolvía a los acusados”.

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Torturas de la Inquisición

Las torturas de la Santa Inquisición no eran tan habituales como podemos pensar hoy en día. Eso se explica por el hecho de que las confesiones obtenidas bajo tortura no eran válidas, así que el acusado debía ratificarlas al día siguiente, y nadie podía ser torturado más de una vez. Hasta 1530 las torturas de la Inquisición fueron poco habituales. Después, explica Kamen en su libro ‘La Inquisición española’, la tortura “se hizo más frecuente, aunque su empleo se limitó a los casos de herejía”, casi siempre para conseguir información y no como castigo.

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Instrumentos de tortura de la Santa Inquisición

Los instrumentos de tortura de la Inquisición no fueron muy distintos de los que se empleaban en otros tribunales eclesiásticos y seculares. Las torturas de la Santa Inquisición se solían aplicar con herramientas fáciles de fabricar y que provocaran un gran dolor a sus víctimas pero sin demasiado riesgo de causarles la muerte. Los instrumentos de tortura de la Inquisición española más frecuentes eran la garrucha, el potro o la toca.

  • Garrucha
  • Potro
  • Poca o tortura de agua

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Garrucha

La garrucha consistía en un mecanismo de poleas que elevaba al reo, con los brazos atados detrás de la espalda, y lo dejaba caer como un peso muerto. Normalmente, provocaba la dislocación de la parte superior del tronco en el primer o en el segundo intento.

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Potro

El potro era otro de los instrumentos de tortura de la Inquisición más habituales porque costaba muy poco fabricar uno y era muy fácil de usar. También provocaba el descoyuntamiento de los huesos y articulaciones de los presos. El potro fue una de las torturas de la Santa Inquisición más habituales a partir del siglo XVI.

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Toca o tortura de agua

La toca o tortura de agua era otra de las torturas de la Santa Inquisición más frecuentes. Sólo necesitaban atar al sospechoso y verter agua sobre su boca, abierta a la fuerza, y sus fosas nasales. El objetivo de estre instrumento de tortura de la Inquisición era provocar sensación de asfixia o ahogamiento. Para que fuera verdaderamente efectivo, el verdugo debía controlar muy bien la cantidad de líquido que vertía y la velocidad de precipitación porque, de lo contrario, podía provocar la muerte del acusado.

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Muertos de la Inquisición española

“Es probable que más de las tres cuartas partes de los que murieron a manos de la Inquisición durante los tres siglos de su existencia lo hicieran durante los primeros 50 años” porque “el periodo de persecución más intenso fue entre 1480 y 1530”. Kamen señala que la mayoría de los que fueron condenados a la hoguera fueron quemados “sólo en efigie, bien porque ya habían muerto o porque se habían salvado escapando a tiempo”. Sin obviar el horror de los “veinte primeros y terribles años” y de algunos periodos “de salvajismo”, el historiador considera que la Inquisición española “estuvo lejos de ser la máquina de la muerte”.

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