La mano invisible de Isaac Rosa, la novela del trabajo

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La mano invisible de Isaac Rosa (Seix Barral) genera Literatura molesta a partir de la realidad inclemente. De hecho, la capacidad de Rosa para remover estómagos y conciencias hace que a veces uno tenga ganas de cerrar el libro y olvidarlo en una estantería: demasiadas preguntas de difícil respuesta. Demasiadas situaciones cotidianas incómodas de las que sólo nos hacemos conscientes cuando tomamos la perspectiva del lector.

Primero fue El país del miedo y ahora La mano invisible, que también da miedo. Quizá más que los que evocaba y conjuraba en el título anterior, porque La mano invisible de Isaac Rosa se alimenta de la mayor preocupación actual: el trabajo. Aunque no porque no lo haya si no porque el que se plantea es alienante para casi todos los que lo ejecutan.

En La mano invisible, Isaac Rosa cuestiona principios como el de que lo importante de un trabajo es el sueldo a final de mes.

La lectura de La mano invisible genera muchas reflexiones: ¿eres tu profesión? ¿Cuánto cuesta el tiempo? ¿Hay trabajos más dignos que otros? Y, sobre todo, ¿qué es trabajar? Porque un carnicero, una vendedora, una operaria de fábrica, una costurera, un mecánico, un informático y un albañil son contratados para hacer lo que siempre han hecho pero en una nave industrial, en un polígono cualquiera. Ocho horas de profesión sin ningún destino concreto pero con una mano invisible que les ha contratado y les paga un salario mensual por un trabajo que no tiene concreción: ni las telas se utilizarán para hacer faldas o blusas ni la carne se venderá en un mercado; los coches se desmontan sin más y las paredes se tiran una vez levantadas.

¿Tiene sentido? ¿Eso es trabajar? ¿Influye en el desempeño de sus tareas el hecho de que entre o no entre gente a mirar lo que hacen y cómo lo hacen? ¿Y dónde están los jefes? ¿Basta la voluntad y la profesionalidad para mantener el mismo ritmo, la misma productividad, el mismo interés o es necesario un superior que azuce a diario? ¿Es mejor un trabajo mecánico o uno creativo?

A medida que avanza La mano invisible, Isaac Rosa va planteando nuevas incógnitas, a veces de manera explícita, otras, implícita. Con acidez y, en ocasiones, de una manera demasiado lenta, con cierta limitación en el enfoque porque, ¿deja de ser trabajo, y duro, el de alguien que en lugar de las manos debe utilizar la imaginación? ¿Es más dramático encontrar una profesión, cualquiera que sea, sin haber recibido una formación determinada o haber pasado años preparándose para acabar dedicado a lo primero que surge?

Quizá “La mano invisible” abre demasiadas líneas y no concluye ninguna. Y quizá habría sido necesaria una voz alternativa a la coral anónima (sin vida propia, sin nombre, reducidos no a un número si no a la ejecución de unas tareas) que, en realidad, se autodestruye sin más; porque los personajes no pierden el trabajo: lo encuentran y lo dejan.

Lo mejor es que este libro puede generar un debate, en grupo o interno, en el que se mezclen aspectos de la industrialización que podíamos haber olvidado, dando por hecho que son de hace dos siglos, la incertidumbre de nuestros días y los matices de cada sector o situación.

Qué: La mano invisible, de Isaac Rosa

Quién: Seix Barral

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