Historia del Parador de Lerma

Curiosidades de la Historia del Parador de Lerma, en el antiguo Palacio Ducal de la Villa que estuviera en manos de Francisco de Sandoval y Rojas, favorito de Felipe III.

La historia del Parador de Lerma está marcada por el engaño histórico de sus cuatro torres y por la figura de uno de los mejores espías de la época, Pedro de Zubiarre. El Parador de Lerma se ubica en el Palacio Ducal de Lerma, construido por Francisco de Sandoval y Rojas, valido de Felipe III y Señor de la Villa de Lerma. Hoy en día, el palacio está considerado uno de los mejores Paradores de España y es uno de los grandes atractivos de la Villa Ducal de Lerma, que forma parte del famoso del Triángulo del Arlanza. Además, Lerma es el lugar ideal si quieres disfrutar de una escapada romántica cerca de Madrid por el Triángulo del Arlanza.

Historia del Parador de Lerma

Fachada del Parador de Lerma, antiguo palacio del Duque de Lerma, valido de Felipe III. Fotografía de Wikipedia.
Fotografía de Wikipedia.

Desde el siglo XVII, la historia del Parador de Lerma está estrechamente vinculada a la historia de la localidad, al menos en los inicios de ambas. El protagonista de las dos es Francisco de Sandoval y Rojas, un pícaro encantador que, al margen de defensores y detractores, vivió como quiso, aupó a la Villa de Lerma a lo más alto del panorama español y retó a Felipe III a base de torres, de ahí que nosotros hablemos de “la engañosa historia del Parador de Lerma”.

Cuatro torres del Parador de Lerma

En el siglo XVII sólo los palacios reales podían tener cuatro torres,  una por cada esquina de la construcción. Pero Francisco de Sandoval y Rojas no quiso ser menos. Tras años de intrigas para alejar de la Corte a sus principales rivales, de colocar a su gente en los puestos claves alrededor de Felipe III y de orquestar una de las operaciones especulativas más audaces de su época, Sandoval y Rojas lanzó otro órdago al rey.

Cuando Felipe III le nombró Duque de Lerma, él le solicitó el permiso para construir dos torres en el palacio de su Villa, olvidando mencionar que ya había un par. Nadie se lo preguntó tampoco, claro, pero quizá porque no era posible imaginar semejante pulso al rey. Así que cuando las dos torres fueron construidas en el Palacio Ducal de Lerma, el Duque se convirtió en el único noble de España con un palacio igual al del rey: con cuatro torres. Así que podemos concluir que las cuatro torres del Palacio de Lerma, hoy convertido en Parador de Lerma, son hijas de las medias verdades. Pero el Duque de Lerma no sólo condicionó la historia de Lerma y la arquitectura del Palacio de Lerma. Las malas lenguas dicen que también construyó pasadizos y pasillos para llegar a los conventos de Lerma sin que nadie lo viera. Hoy se puede recorrer parte de uno de ellos, el Pasadizo del Duque, una de las cosas que hacer en Lerma que propone la Oficina de Turismo de la Villa Ducal, y que se puede combinar con la visita al Centro de Interpretación de Lerma (entrada conjunta individual, 3 €).

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El ingenio de Zubiaurre y el Duque de Lerma

Hay otro episodio interesante en la historia del Parador de Lerma que refuerza la personalidad del Duque de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas. Parece que cuando Felipe III, a instancias de Sandoval y Rojas, trasladó la Corte de Madrid a Valladolid, la ciudad tuvo que afrontar el reto de suministrar agua a las fuentes y jardines que se diseñaron para disfrute de los nobles. Aparece entonces en escena el general Pedro de Zubiaurre, un lobo de mar hecho a sí mismo en un sinfín de aventuras y misiones, algunas de las cuales le habían supuesto largos periodos de cárcel, incluso en la Torre de Londres. Zubiaurre también fue un reputado espía y hay quien achaca a esta actividad la idea con la que trató de medrar en la Corte de Felipe III y que da pie a este nuevo episodio en la historia del Parador de Lerma.

Parece que mientras estaba preso en Londres, Zubiaurre vio un ingenio hidráulico que sacaba agua del Támesis. Al saber que Valladolid necesitaba un sistema con el que sacar agua del Pisuerga, Zubiaurre presentó unos planos inspirados en lo que había visto, para que el Ayuntamiento de Valladolid hiciera lo mismo. La idea gustó y el invento funcionó; los vallisoletanos se las prometían muy felices hasta que… El Duque de Lerma dijo que lo quería para sus huertas y jardines junto al Palacio Ducal de Lerma. ¡Y cualquiera se atrevía a llevarle la contraria al favorito del rey! Así que el ingenio de Zubiarre se quedó en Lerma y pasó de ser propiedad del Duque de Lerma a la Corona, que acabó comprando el Palacio del Duque de Lerma y sus tierras aledañas.

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