Irse a por tabaco:el origen canario de la expresión

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Todavía hay mucha gente que se pregunta cuánto tabaco se puede traer de Canarias. Seguramente poca de ella sabe que más que tabaco, de las Islas Canarias se marcharon personas rumbo a América y que a partir de esa emigración masiva de canarios deseosos de un vida mejor se acuñó la expresión “irse a por tabaco” como eufemismo de “marcharse para no volver”, como si el continente americano fuera un súper-estanco.

Irse a por tabaco desde Canarias

Hasta las Islas Canarias han llegado viajeros de medio mundo: magrebíes del Atlas, los castellanos dispuestos a hacer las Américas, ingleses belicosos, franceses piratillas y portugueses invasores. Pero también muchísimos canarios han emigrado, dando pie a expresiones tan populares como la de ‘irse a por tabaco’. Y es que la relación de Canarias con el tabaco no viene sólo de haber sido una especie de “puerto franco” para los compradores. La posición de las Islas Canarias favoreció que fuera una escala técnica fundamental durante los primeros viajes transoceánicos, tanto a la ida -cuando los barcos paraban para repostar agua potable – como a la vuelta, cuando el archipiélago se convertía en el primer territorio español que recibía las noticias de productos desconocidos hasta entonces, como el tabaco, cuyas primeras hojas llegaron a Europa desde América.

Origen del “irse a por tabaco”

De la misma manera que las Islas Canarias han sido destino de muchos viajeros, aventureros y comerciantes, los propios canarios han emigrado en busca de nuevas oportunidades. Porque el origen de la expresión “irse a por tabaco” no tiene tanto que ver con los viajes de placer y el turismo como en la emigración por causas económicas. Y es que en los años 30 y 50, muchas personas salieron de las Islas Canarias en barcos de tercera para trabajar en América, con la idea de enviar dinero a casa y labrarse un futuro mejor.

Algunas fuentes calculan que en la década de los 50 hasta 60.000 canarios se marcharon a Venezuela en busca de nuevas oportunidades. Muchos no regresaron jamás, aunque algunos de sus nietos sí lo han hecho.

De estos viajes transoceánicos surgió la expresión “irse a por tabaco”, casi siempre como eufemismo de “marcharse para no volver”, porque de América llegaron a Europa las primeras hojas de tabaco a bordo de las expediciones colombinas y porque los azares de la vida impedían que los emigrantes volvieran a sus casas o, en el peor de los casos, que se tuviera noticias de ellos.

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Ghosting, la renovación del “irse a por tabaco”

Desde entonces, es habitual que cuando alguien dice, en un ambiente familiar o de amistad aquello de “me voy a por tabaco”, se le gastan bromas acerca de la conveniencia de volver desde el estanco al que se dirija.

Aunque es verdad que hay personas que, incapaces de afrontar situaciones comprometidas o, en el caso de las relaciones de pareja, de romper los lazos en común, “se van a por tabaco” pero en realidad no regresan jamás porque no quieren hacerlo. La práctica ahora se denomina “ghosting”, que evoca esa capacidad de algunas personas para aparecer y desaparecer de las vidas de los demás como si fuera algo normal.

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